Una intervención con menos contenido político y dirigida de manera especial a los más jóvenes


Madrid / LA VOZ

El discurso del jefe del Estado, a diferencia de lo ocurrido en los últimos años, no hizo referencias directas a la situación en Cataluña y optó por un tono mas sosegado, con mensajes de carácter social dirigidos de manera muy especial a los jóvenes. En ese enfoque de una intervención menos política que, como siempre, fue supervisada por el Gobierno, influyó sin duda que las posiciones de los partidos llamados constitucionalistas con respecto al desafío secesionista en Cataluña no son ya tan unívocas como lo eran hasta hace poco, por lo que el monarca prefirió tratar la cuestión de manera tangencial para no agrandar esa brecha. El hecho de que estemos a las puertas de un juicio histórico contra los principales líderes independentistas acusados de rebelión, hace también que el jefe del Estado huya de las críticas directas que podrían ser utilizadas para cuestionar su imparcialidad ante ese proceso. Además, a diferencia de lo que ocurría el año pasado, cuando el discurso navideño del monarca se producía con un Gobierno de mayoría constitucionalista, con el PP apoyado por Ciudadanos, aunque con la colaboración del PNV, en esta ocasión el mensaje llega con un Ejecutivo del PSOE en minoría, respaldado por fuerzas que, como Podemos y los partidos independentistas catalanes y vascos cuestionan la propia institución de la monarquía.

En esa circunstancias, don Felipe optó por una intervención capaz de suscitar el mayor grado posible de consenso, con alusiones directas a la necesidad de «diálogo», de entendimiento y de «acuerdo», pero más en torno al futuro que los españoles deben legar a los jóvenes de hoy que en la defensa a ultranza de la unidad de España y el ataque a quienes pretenden romperla que caracterizó su alocución en ocasiones anteriores, como su histórico discurso de octubre del 2017, que abrió la puerta a la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña.

El rey puso el énfasis en señalar que los ciudadanos debemos hacer «todo lo que esté en nuestras manos» para que los principios de la transición , basados en la voluntad de los españoles «de entenderse» y los de los líderes políticos, económicos y sociales «de llegar a acuerdos, a pesar de estar muy distanciados por sus ideas y sentimientos», no «se pierdan ni se olviden» para que, de esa manera podamos ofrecer a los a los jóvenes «con mayor garantía, nuevas décadas de progreso y avance como las que nosotros afortunadamente hemos conocido». Refiriéndose directamente a quienes por su edad no pudieron vivir aquellos momentos, señaló que es un «deber» de quienes protagonizaron aquella época hacer a los jóvenes «partícipes de ese período de nuestra historia, de ese camino que permite entender por qué y cómo España ha conseguido el cambio más radical de su historia; por qué y cómo ha avanzado y prosperado tanto nuestra sociedad desde entonces». «Como sociedad tenemos una deuda pendiente con nuestros jóvenes. Somos responsables de su futuro y las circunstancias de hoy en día no son, ni mucho menos, las más fáciles», concluyó.

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Una intervención con menos contenido político y dirigida de manera especial a los más jóvenes