Torra recurre a los presos políticos para reconciliarse con el separatismo radical

Casado tacha a Sánchez de «títere del secesionismo», mientras su discurso arrebatado empieza a preocupar en el PP


madrid / colpisa

Tres días después de estrecharse la mano con Pedro Sánchez, Quim Torra vuelve a su retórica más independentista. Lo hace en parte obligado por que al sector más fanático del soberanismo no le ha gustado este acercamiento al Gobierno central, por tímido que haya sido. Así se lo dijo el sábado la presidenta de la Asamblea Nacional. «Si el Govern no cumple, la única alternativa será su sustitución», afirmó Elisenda Paluzie en una concentración de la organización independentista. «¿Qué más nos tiene que hacer el Estado para que nos demos cuenta de que no nos reconocerá nunca como sujeto político?», añadió, antes de conminar a avanzar hacia la república sin esperar concesiones desde Madrid.

Torra y Paluzie compartieron ayer escenario frente el centro penitenciario de Mas d’Enric (Tarragona). Acudieron para visitar a la expresidenta del Parlamento de Cataluña Carme Forcadell.

«El año de la libertad»

Nada mejor para reconciliarse con el ala más radical del independentismo que las alusiones a los dirigentes presos. Y es que la situación procesal de Forcadell, Junqueras, los exconsejeros y los Jordis es de lo poco que une a un soberanismo que desde la aplicación del 155 se ha fracturado entre los que pretenden tomar de nuevo la vía rápida hacia la república (Carles Puigdemont) y los que le vieron las orejas al lobo con la intervención de la Generalitat y ahora apuestan por medir los tiempos para alcanzar la independencia (Esquerra).

Torra, que también acudió a visitar a la exconsejera Dolors Bassa -hoy irá a ver a los encarcelados en Lledoners-, tiró de argumentario para denunciar «la represión» contra los dirigentes presos. «Nos enfrentamos a lo intolerable, y el año que viene es el año de la libertad», auguró, antes de tachar de pantomima el juicio contra los independentistas.

Paz, diálogo y no violencia

«Cuando vienes a verla [a Forcadell], sales con más fuerza y energía porque está fuerte, valiente y decidida frente a este juicio al que no irá a defenderse de nada y sí a acusar al Estado de lo que representa esta farsa judicial. Es una mujer excepcional», dijo sobre la expresidenta de la Cámara autonómica. En las afueras de la prisión, Torra hizo una llamada a «la paz, el diálogo y la no violencia» y destacó el civismo con el que Cataluña respondió a la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona, obviando los 13 detenidos por los altercados en Barcelona y el corte de la AP-7 en Tarragona.

En solo tres días ha quedado demostrado que Torra se enfrenta a la imposible cuadratura del círculo. Por un lado debe profundizar la relación con el Gobierno para tratar de desencallar la actual situación de bloqueo institucional. Por otro, debe mantener la lealtad de los fanáticos del independentismo para evitar una más que probable caída y la fractura definitiva del frente separatista. En este contexto de tensión que vive Cataluña, el líder del PP, Pablo Casado, volvió a arremeter ayer con dureza contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al que calificó de «títere» del secesionismo.

Voces discordantes

Lo hizo durante un mitin en Vitoria para presentar a los candidatos de su partido a las elecciones municipales del 2019, en el que volvió a defender con un lenguaje especialmente beligerante que aquellas organizaciones políticas que «alienten, justifiquen o protagonicen la violencia» sean ilegalizadas.

Asimismo, se mostró partidario de «suspender la financiación de aquellos partidos que tengan líderes condenados o procesados por rebelión y sedición». «¿De verdad tenemos que pagar con nuestros impuestos sus cócteles molotov?», preguntó.

Casado arremetió contra Sánchez y lo acusó de permitir que en Barcelona se recibiera a su Gobierno como si fuera «extranjero». También contra presidente de Cataluña, al que acusó de dar alas a grupos como Arran. «Lo que decimos que hay que hacer en Cataluña es lo que se hizo en el País Vasco: aplicar la ley», sentenció.

No todos comparten el giro discursivo del equipo de Pablo Casado ante la crisis catalana. No es la contundencia frente al independentismo, sino la manera en la que se ha extremado el mensaje lo que despierta la inquietud de algunos dirigentes del partido. En privado surgen voces que aconsejan cierta «moderación» para no perder el pulso del electorado de centro, el que siempre resultó decisivo para que los conservadores llegaran a la Moncloa.

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