Laura Luelmo sufrió horas de abuso y violencia en la casa de su asesino

Montoya comparece ante el juez tras renunciar su letrado a defenderle. La juez ha levantado el secreto de sumario

¿Dónde está el teléfono móvil de Laura? El asesino confeso de la joven profesora comparece ante el juez

madrid / colpisa

La titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Valverde del Camino (Huelva), que investiga el asesinato de la joven Laura Luelmo en la localidad onubense de El Campillo, ha levantado este viernes, a través de un auto, el secreto de las actuaciones que había decretado el pasado día 17 de diciembre.

En dicho auto, según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) en un comunicado, la juez señala que toma esta decisión tras la práctica de todas aquellas diligencias «que se han ido suscitando tras el hallazgo del cuerpo sin vida de la desaparecida, habiendo sido además detenida la persona sobre la que existen contundentes indicios de criminalidad en relación a la perpetración de los hechos».

Asimismo, indica que «la inminente declaración judicial del detenido por los hechos, junto a que se han practicado aquellas diligencias cuya práctica se quería preservar a fin de no perjudicar la investigación, conducen a acodar el cese del secreto de las actuaciones al haber desaparecido el fin que lo motivó».

El autor confeso de la joven Laura Luelmo, Bernardo Montoya, ha llegado este viernes, poco antes de las 20,00 horas, a la sede judicial de Valverde del Camino (Huelva) para comparecer ante la titular del Juzgado de Instrucción número 1 de la localidad, que investiga el caso. Montoya era puesto a disposición judicial este mediodía. Hasta comenzar su declaración, ha estado custodiado en el cuartel de la Guardia Civil del municipio valverdeño. Durante todo el día los accesos a los juzgados valverdeños han sido acordonados y la Guardia Civil ha habilitado un amplio dispositivo de seguridad con un gran número de agentes.

Montoya, recibido ante el juez al grito de «asesino» Tras pasar 72 horas detenido, el asesino confeso de Laura Luelmo ha pasado a disposición judicial y comparece ante el juez de Primera Instancia de Valverde del Camino

El autor confeso ha salido esta mañana desde la Comandancia de Huelva, sobre las 9,15 horas, escoltado por dos agentes entre gritos de «asesino» por parte de unas 50 personas que lo esperaban en la puerta de la Comandancia para increparlo.

Montoya sale de la comandancia para declarar ante el juez entre gritos de «asesino» Decenas de personas le esperaban a la salida para insultarle y tratar de agredirle

El letrado de Montoya renuncia a su defensa

El letrado Servando Carranza que ha asistido desde su detención a Bernardo Montoya, autor confeso de la joven Laura Luelmo, ha renunciado a su defensa al considerar que es «lo más oportuno», según ha informado a Europa Press el citado abogado que le correspondió por oficio.

Montoya fue detenido el pasado martes a mediodía, fue trasladado al Cuartel de la Guardia Civil de Valverde y posteriormente al de la capital, donde se le tomó declaración al día siguiente y confesó haber acabado con la vida de la joven. 

La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sospecha que llevó a su casa a la chica la tarde-noche del miércoles 12 diciembre y la retuvo al menos durante unas horas para abusar de ella mientras estaba inconsciente. Los agentes creen que el asesino miente, una vez más, cuando en su declaración en la madrugada del pasado miércoles aseguró que solo intentó violarla en el barranco de La Mimbrera, en el que apareció el cadáver, y solo inmediatamente después de secuestrarla.

Los especialistas de Criminalística encontraron el miércoles restos de sangre en la casa del número 1 de la calle Córdoba de El Campillo que habitaba Montoya desde que hace dos meses abandonara la cárcel de Huelva. Los restos fueron hallados con ayuda de perros especializados, a pesar de que la casa había sido limpiada a conciencia con lejía. El asesino también uso la lejía para lavar varias de sus prendas de vestir.

Fuentes de la investigación explicaron que el análisis con luminol, el compuesto químico que revela la presencia de restos biológicos, hecho en la vivienda de Montoya, ha sacado a la luz «gran cantidad de restos de sangre» en el interior del inmueble. Unas pruebas que apuntarían a que Montoya empleó mucha más violencia contra la joven profesora de lo que dijo en su declaración, cuando afirmó que dejó inconsciente a la chica de un solo golpe en la cabeza contra el maletero de su coche.

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El hallazgo de esa gran cantidad de restos de sangre y la impregnación profunda en varios tejidos y objetos de la casa, según estas mismas fuentes, también confirmaría que el cuerpo de la chica estuvo durante horas en esa vivienda, situada justo enfrente de la que ella había alquilado cuando el pasado 4 de diciembre se mudó a El Campillo para trabajar como profesora en un pueblo cercano.  

Aún con vida

Lo que sí tienen cada vez más claro los agentes es que el cuerpo de Laura fue arrojado al barranco aún con vida, pues Montoya comenzó a ser vigilado el viernes, poco antes de que se dirigiera al centro penitenciario de Huelva para un vis a vis con su novia, a la que conoció durante su estancia en prisión. Montoya solo pudo deshacerse del cuerpo entre la noche del miércoles y el jueves sin ser visto, un espacio de tiempo en el que la autopsia ha determinado que la chica seguía viva, puesto que no falleció hasta la noche del viernes o madrugada del sábado.

Los funcionarios de la UCO dan bastante veracidad a la declaración de un vecino que ha afirmado que vio el Alfa Romero de color negro de Bernardo Montoya en la zona de La Mimbrera bien entrada la noche del miércoles, el día que desapareció la chica. No obstante, insisten responsables de la investigación, el tiempo en que Laura estuvo secuestrada por su asesino antes de ser abandonada malherida todavía no ha podido ser certificado de forma definitiva.

Mientras, la Guardia Civil avanzó este jueves en algunos aspectos claves con el hallazgo de varios objetos. Los investigadores encontraron una manta con restos de sangre en el punto kilométrico 167 de la N-435, cerca de Las Mimbreras. A falta de encontrar restos de ADN, los investigadores creen que es la prenda con la que envolvió Montoya el cuerpo de Laura Luelmo para trasladarla desde su casa al barranco donde la abandonó para que muriera tras una larga agonía.

Los funcionarios policiales también hallaron en el camino de acceso al cementerio de El Campillo una bolsa de plástico con las llaves del coche marca Kia de la profesora y con las llaves de la casa de la joven, además de enseres de higiene y su monedero

Un homicida que quiso ahorcarse cuando le denegaron un permiso por la muerte de su madre

Bernardo Montoya tiene un amplio historial delictivo, con un denominador común: siempre ha actuado de manera violenta contra mujeres. Asesinó a machetazos a una octogenaria que iba a declarar contra él en un juicio. También tenía una condena por amenazas a una mujer a la que la actuación de su perro salvó de la muerte, aunque el animal terminó herido. También robó en una casa a cuya dueña agarró por el cuello y causó lesiones a otra a la que intentó robar el bolso.

Montoya también dejó huella en su paso por prisión. No era un preso especialmente conflictivo, según los funcionarios de prisiones, pero protagonizó un suceso que pudo acabar en tragedia, según publica el diario Huelva Hoy. Ocurrió en la cárcel gaditana de Puerto III, cuando cumplía 17 años de condena por el asesinato de una octogenaria. A finales del 2010, falleció la madre de Montoya. El preso conoció la noticia por un compañero y no por una psicóloga, que hubiera sido lo ideal. «Se lo tomó muy mal. En principio se planteó un permiso especial para acudir al entierro, pero se denegó y tuvo que ser mi compañero el que se lo comunicó, toda esa rabia que tenía la pagó contra él», recordaba un funcionario al periódico onubense. Montoya comenzó a darse cabezazos con las paredes y amenazó con ahorcarse ante todos. Luego salió al patio y rompió una escoba, y amenazó a un funcionario con clavársela. Este dio un salto y le propinó una patada en el pecho que lo desequilibró.

Aquella agresión no tuvo consecuencias penales para Montoya, que estaba asignado al departamento de mantenimiento y trabajaba de soldador en el centro penitenciario. El hecho se resolvió solo con un expediente disciplinario.

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