El presidente de la Generalitat catalana se queda sin tiempo ni apoyos

ERC lleva meses de continuo toma y daca con sus socios postconvergentes

Efe

barcelona / colpisa

Primero sus críticas a los Mossos. Luego su apuesta por la vía eslovena. Y finalmente su retiro espiritual a Montserrat para hacer ayuno en apoyo de los presos. En Esquerra empiezan a estar al límite de la paciencia con Quim Torra, y cada día están más convencidos de que el puesto de presidente de la Generalitat le viene grande. 

ERC lleva meses de continuo toma y daca con sus socios postconvergentes. Pero esta vez, apuntan fuentes republicanas, es distinto y no descartan incluso la ruptura. Esquerra reprocha al presidente sus continuas salidas de tono. La apuesta por la vía eslovena (de la que se desmarcaron ellos y el PDECat), que implica insistir en la senda unilateral y mentar la bicha de la balcanización, un asunto tabú entre el independentismo, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Pero el malestar se viene cociendo a fuego lento, también por la huelga de hambre, que en ERC consideran que es una maniobra de JxCat para que Oriol Junqueras no se convierta en el mártir del procés y no capitalice el rédito electoral, toda vez que es el mejor colocado para llevarse la condena más severa en el juicio del 1-O.

Pero a Torra le mueven la silla no solo sus socios. También los suyos. Fuentes independentistas señalan que en el sector del Gobierno de JxCat se libra una guerra abierta entre el presidente y la consejera de la Presidencia, Elsa Artadi, más favorable de mantener los puentes con Madrid a diferencia de Torra y de Puigdemont, partidarios de dinamitarlos. Artur Mas también le dio un toque de atención porque la función de un presidente no es pedir a los CDR que aprieten.

Torra está cada vez más contra las cuerdas. Tiene una seria contestación interna y ha perdido además el apoyo de la influyente ANC, que en una semana puede formalizar su ruptura con el Gobierno catalán (anunciará su decisión el día 22), con lo que la plataforma secesionista se sentirá con las manos libres para pedir elecciones e incluso podrá convocar movilizaciones contra el Ejecutivo catalán.

Descontento social

En este contexto, Torra, que en las últimas semanas ha subido su tono en la misma proporción que aumentaba el descontento social en la calle, con los médicos, bomberos, mosses, profesores y funcionarios como protagonistas, se la juega el 21 de diciembre en dos sentidos. El jefe del Ejecutivo catalán, como máximo dirigente del independentismo, tiene que demostrar si es capaz de controlar a los más radicales para que no conviertan Barcelona en una batalla campal por la celebración del Consejo de Ministros. Él fue quien pidió a los CDR que «apretaran» y en su mano está, como mantienen fuentes del secesionismo, que en el movimiento soberanista no se consolide el relato de que el procés puede entrar en una espiral de violencia y radicalidad. Está por ver si el viernes que viene gana el sector moderado del independentismo o quien copa las portadas de los diarios es la rama radical. Luego está el resultado en sí del posible encuentro con Pedro Sánchez, si al final se celebra.

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