Los CDR llaman a sembrar el caos en Barcelona contra el Consejo de Ministros

El Gobierno enviará un millar de agentes a Cataluña ante las dudas sobre los Mossos

Concentración de miembros de sindicatos de Mossos d'Esquadra
Concentración de miembros de sindicatos de Mossos d'Esquadra
M. saiz-pardo
barcelona, Madrid / colpisa

Nunca antes un Consejo de Ministros había levantado tanta expectación y nunca había puesto en alerta a las autoridades políticas y policiales ante la posibilidad de que el próximo 21 de diciembre se produzcan altercados con la visita del Gobierno a Barcelona. Una reunión que el independentismo considera una provocación. Todos los focos están puestos sobre los autodenominados Comités de Defensa de la República (CDR), que la semana pasada se enfrentaron con violencia contra los Mossos al intentar boicotear protestas de Vox en Gerona y Tarrasa, y que anuncian para el 21D una «batalla» para «tumbar el régimen» del 78 y convertir Barcelona en un caos «ingobernable» que «desborde» el amplio dispositivo policial previsto.

Un día después de que el Gobierno central confirmara que el Consejo de Ministros se celebrará en la Llotja de Mar, sede de la Cámara de Comercio de Barcelona, los CDR llamaron a la movilización de los suyos frente al histórico inmueble que albergará la reunión del Gobierno de Sánchez. «Las barricadas pueden cortar una calle, pero abren el camino», señalaron. A pesar de las amenazas, el consejero del Interior, Miquel Buch, afirmó que los Mossos garantizarán la seguridad del Consejo de Ministros y velarán por su celebración. Buch está en el ojo del huracán tras las protestas de los CDR del pasado fin de semana, en las que cortaron la autopista AP-7 durante 15 horas y los Mossos no recibieron ninguna orden de desalojo, según denunciaron los propios sindicatos policiales. «El orden público es una competencia de la Generalitat que está confiada a los Mossos y no tengo ninguna duda que la cumplirán con éxito», señaló después de que Sánchez advirtiera que iba a enviar policías si los Mossos garantizaban la seguridad.

Buch no cuestionó el emplazamiento elegido por la Moncloa para el Consejo de Ministros. Sí en cambio la consejera de la Presidencia, Elsa Artadi. El edificio está en pleno centro de la ciudad, entre el puerto y el barrio gótico, y la Generalitat considera que hay otras alternativas, como el Palacete Albéniz, con «menor afectación a la movilidad». El Gobierno catalán tiene una posición incómoda de cara al 21D. Los sectores más radicales, como la CUP, le pidieron ayer que aclare en qué lado se pondrá, si junto a los CDR y en la protesta contra el Gobierno o si dará la orden a los Mossos de reprimir a los manifestantes. «Es la obligación del Govern que todo el mundo se pueda expresar en la calle de forma cívica, pacífica y democrática», según el consejero de Exteriores, Alfred Bosch. El independentismo tendrá una vez más el corazón partido.

De entrada, la reunión del Consejo de Ministros no ha conseguido unir a los grupos secesionistas en una misma protesta. Los CDR se han citado junto a la Llotja, mientras que la ANC propuso ayer provocar un caos circulatorio con una concentración masiva de vehículos por el centro de la ciudad de Barcelona. «El Estado opresor visita la colonia un año después de la victoria independentista», arengó a los suyos. Òmnium Cultural, mientras, llamó a su militancia a celebrar un «consejo popular de ministros» a las 11 de la mañana. La intersindical CSC además ha convocado una huelga general de dos horas.

Un contexto complicado, más aún por el descontento que hay en los Mossos con los responsables de la consejería y que se escenificó ayer en el encierro que protagonizaron en el Departamento de Interior los representantes sindicales en demanda de mejoras laborales. Los Mossos avisaron que «no pueden garantizar la seguridad el 21D».

Antidisturbios gallegos

Más madera, justo cuando el Ministerio del Interior no acaba de confiar en la promesa de la Generalitat de que los Mossos no harán dejación de funciones el próximo 21 de diciembre, por lo que ha elevado a más de un millar los agentes de la Policía y la Guardia Civil que enviará a Cataluña la semana próxima. El dispositivo, que todavía podría aumentar «de forma considerable» en los próximos días, estará compuesto por cerca de 500 miembros de las Unidades de Intervención de la Policía (UIP, antidisturbios) procedentes de las bases de Vigo y A Coruña (un centenar), Andalucía, Navarra, Valencia y Asturias, que se unirán a los 150 efectivos antidisturbios que el cuerpo mantiene acantonados en Cataluña y dedicados también al control de fronteras.

Según fuentes del dispositivo, las UIP no serán los únicos desplazados de la Policía Nacional. Este cuerpo ya ha dado orden también de viajar a Barcelona dos grupos completos de las Unidades de Prevención y Reacción de Madrid (unos 60 efectivos), a los que se van a sumar efectivos de seguridad de Presidencia y de la Comisaría General de Información (antiterroristas). La Guardia Civil, por su parte, dio la orden el miércoles pasado de movilizar hacia Cataluña a sus primeros antidisturbios, que, probablemente, no serán los últimos.

Confirmada la suspensión de los procesados

El Tribunal Constitucional ha decidido confirmar la suspensión en sus funciones públicas de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los cinco exconsejeros presos ordenada por el Tribunal Supremo cuando ratificó su procesamiento por rebelión.

ERC se desmarca de la protesta y del ayuno de los presos

El portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardà, se desmarcó ayer de las movilizaciones que preparan los CDR contra la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona el día 21. «Creo que la república catalana no la construiremos con pasamontañas. Tenemos claro cómo debe implementarse la república: por acumulación de fuerzas», afirmó en TVE. En la misma línea se expresó el líder del PDECat en el Congreso, Carles Campuzano. Hay que alejarse de «cualquier escenografía que implique violencia en las calles», dijo. Tanto ERC como el PDECat se desvincularon de esta forma de las protestas de los CDR, que apoya la CUP y respaldarán, previsiblemente, miembros de JxCat.

Tardà cuestionó además la huelga de hambre de los cuatro diputados neoconvergentes en la prisión de Lledoners (Barcelona). El diputado republicano, que se ha convertido en uno de los dirigentes más críticos en el seno del independentismo, afirmó que si Oriol Junqueras y Raül Romeva no se han sumado es porque han considerado que esta acción de protesta «no es necesaria». A pesar de las presiones, ERC se mantenía como un bloque compacto y sus dirigentes evitaban estas medidas. Pero ayer, el alcalde de Montblanc (ERC), Josep Andreu, anunció que ha iniciado una huelga de hambre y que la hará en el consistorio tarraconense.

Tardà levantó también aristas en el secesionismo por proponer un referendo que no sea binario, sino con tres posibles respuestas: sí a la independencia, mejorar la autonomía o mantener la actual.

Crear cortinas de humo, usar ropa oscura, guantes y coches sin matrícula

 

Los Grups Autònoms d’Accions Ràpides (GAAR), la versión más radical de los CDR, han empezado a adoctrinar a sus seguidores ante el 21D a través de un manual, que denominan El Cancionero y en el que explican las tácticas para llevar su campaña de disturbios y ataques contra «transportes, sector energético, sectores informáticos y comunicaciones y fuerzas del orden». «Se trata de micro acciones con material de fácil colocación y transporte (...) para impedir la circulación de los vehículos, interferir en la circulación ferroviaria o en el libre movimiento de las mercancías, información, etcétera», apunta la guía de los GAAR.

La cúpula de estos grupos insiste en que serán acciones «no violentas», pero los ataques contra los «puntos estratégicos» que defienden y sus tácticas parecen incompatibles con esa filosofía. «Crear cortinas de humo en otros lugares, a ser posible, para hacer la actuación con seguridad», recomienda el manual antes de perpetrar los sabotajes. No se deja nada al azar o al olvido: «ropa oscura», «materiales fáciles de transportar y manipular», «guantes». Tampoco la prohibición de llevar a los lugares de los ataques teléfonos móviles que posteriormente puedan ser rastreados por geolocalización para situar en el lugar de los hechos a los autores. También insiste el documento en que sus activistas «eviten la utilización de vehículos matriculados» para desplazarse a los puntos elegidos para los ataques.

El mando de los GAAR ordena tener siempre un «plan de huida» a través de «torrenteras, senderos, carreteras adyacentes, calles o paradas de metro». Las instrucciones pasan también por la «dispersión del grupo» tras el sabotaje o cambiarse de ropa cuanto antes para evitar ser identificados.

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