La preocupación por la consolidación de Vox se extiende a todos los partidos

Admiten que los ultras se afianzarán en las instituciones a partir de las próximas elecciones


madrid / colpisa

La convicción de que Vox no va a ser flor de un día se ha extendido centre todas las fuerzas políticas. Desde el PP a Unidos Podemos hay un análisis coincidente en que Andalucía solo ha sido un trampolín para saltar al escenario nacional y consolidarse. Ahora bien, cómo abordar este fenómeno es motivo de un enconado debate. PSOE, Unidos Podemos y los nacionalistas defienden que hay que trazar un cordón sanitario y aislar al partido de Santiago Abascal. El PP cree que hay que normalizar las relaciones, mientras Ciudadanos se debate en un mar de dudas.

Las primeras extrapolaciones de los resultados de Vox en Andalucía -casi 400.000 votos y 12 escaños- a unas elecciones generales apuntan a que obtendrían entre dos y tres millones de votos, y entrarían en el Congreso con entre nueve, según la consultora Target Point, y 25 diputados, de acuerdo a un estudio con promedio de encuestas publicado por El Español. Fuentes de la dirección del partido comparten que van a incorporarse a la arena parlamentaria nacional con fuerza y para quedarse. Con todo, su mejor baza puede ser la de las europeas, en las que se vota en circunscripción única para toda España. Abascal cree que Vox puede ser primera fuerza y que, de no ser así, tendrá más de una docena de eurodiputados. El PP ganó las del 2014 con 16, seguido del PSOE con 14. Unos desconocidos de Podemos sumaron cinco.

«¿Pero qué ha pasado, los andaluces se han vuelto fachas de golpe y los demás vamos a serlo?» La pregunta, con ligeras variantes, se la hacen diputados de todos los colores políticos. En Andalucía, según varios expertos, se dio la tormenta perfecta: campaña en clave nacional muy centrada en la crisis catalana y en media de una fuerte llegada de inmigrantes irregulares, erosión de la derecha y desmovilización de la izquierda. Además de 36 años de Gobierno socialista.

El discurso de Vox ya ha impregnado amplios sectores sociales que ya no ven como un desdoro apoyar a Vox. «Es un fracaso colectivo», se quejaba esta semana un expresidente autonómico socialista.

Explotación de sentimientos

El fenómeno se había extendido por casi toda Europa con las excepciones de España, Portugal e Irlanda. Vox, más que un programa, en Andalucía ha explotado sentimientos, el miedo al inmigrante, una tasa de paro elevada y con miles de africanos a las puertas; el amor a la patria y la unidad nacional en medio de la crisis catalana; el rechazo a la corrupción en una sociedad empobrecida por la crisis. Todo un nutritivo caldo de cultivo para que germine un discurso dirigido al corazón y sin filtros intelectuales.

En España y otros países está demostrado, según el profesor de Ciencia Política, Ignacio Jurado, que a medida que se estigmatiza a un partido, como ocurre con Vox con su etiquetaje de fascista, machista, anticonstitucional o extremista, solo se consigue que aumente su respaldo y que la sensación de votarlo no es malgastar la papeleta. Ya lo dice Abascal: «Crecemos gracias a los insultos». Por otra parte, la visibilidad que da la presencia en un parlamento e un factor de crecimiento para un partido novel.

Vox ha sido un 15-M para la derecha porque ha despertado el voto desengañado del PP (cerca del 50 % de los 400.000 obtenidos en Andalucía), pero no solo. Ha captado también respaldo del votante de izquierda, así lo aceptan en el PSOE y Unidos Podemos.

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