Un voto del hartazgo y de última hora

Los expertos atribuyen la gran subida de Vox al desencanto creciente con los partidos tradicionales y creen que el apoyo se ha decantado por efecto de la campaña electoral

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Santiago Abascal retratado en sus diez frases más polémicas El presidente de Vox tiene un férreo discurso en cuanto a la unidad de España y al control de sus fronteras. Defiende también otras medidas controvertidas: el no al aborto y el establecimiento de la cadena perpetua entre ellas. Escúchalas todas aquí.

Madrid / Colpisa

La sentencia de las urnas ha provocado una conmoción entre sociólogos, politólogos e institutos demoscópicos, ninguno de los cuales fue capaz de predecir la gran subida de Vox. Las encuestas no lo supieron prever porque «ha sido un voto de ultimísima hora, fruto, quizás, del desafecto y el hartazgo», explica Ángel Cazorla, vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada. De idéntica opinión es Juan Montabes, uno de los responsables del Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa), el CIS andaluz. «No creo que hayan fallado tanto las encuestas, porque el despegue de Vox ha sido un fenómeno de los últimos días». «El resto de partidos le han hecho una campaña magnífica a Vox en la última semana», recalca Montabes, quien incide en que GAD3 «prácticamente lo clavó» porque la encuesta que hizo pública el domingo se basaba en encuestas de «ultimísima hora».

«Hay otro hecho importante. Hasta ahora la gente veía el voto a Vox como indeseable, y por eso puede ser que lo ocultaran», apunta Cazorla, en sintonía con las explicaciones de los responsables de dos de las empresas demoscópicas concernidas por la falta de acierto. Montabes, sin embargo, no lo ve así. «No es necesariamente voto oculto. Al final, los votantes de Vox han venido de esa tercera parte de encuestados que aseguraba que iba a votar aunque no sabían a quién», afirma el profesor del CIS andaluz. «También es muy difícil hacer pronósticos con la debilidad brutal de los anclajes partidistas», defiende Cazorla, apuntando a la falta de fidelidad de los votantes a las formaciones de unas elecciones a otras, «particularmente en el caso del PSOE». «Se están dando trasvases de votos imposibles hace solo diez años», abunda el profesor.

Abstención punitiva

Para complicar más los pronósticos, apunta Cazorla, ha existido una «abstención punitiva» hasta ahora desconocida. Votantes (mayoritariamente del PSOE) enfadados que se han quedado en casa. «Ha sido increíble», apostilla Montabes, «la desmovilización. Solo un 55 % de votantes del censo, cuando la media de las elecciones venía siendo un 66 %. Así es muy difícil acertar». Además, añaden, ha sido una campaña con especial influencia de la política nacional, especialmente por Cataluña.

Santiago Abascal: de concejal alavés del PP a admirador de la ultraderechista Marine Le Pen

miguel ángel alfonso

Como muchos españoles que viajaban a Perpiñán en los años setenta para ver El último tango en París, Santiago Abascal (Bilbao, 1976) recorrería años después el mismo camino para asistir a los mítines de Marine Le Pen. La lideresa de la ultraderecha francesa le tiene cautivado, ha sido una pieza clave en el discurso del jefe de Vox, un espejo en el que mirarse a la hora de diseñar las bases de su discurso: «Denuncia del multiculturalismo», la «defensa de la identidad nacional frente a los intereses de Bruselas» y la salvaguarda «de los pueblos europeos frente a la masiva inmigración».

Desde que dejó el PP en el 2013 por los casos de corrupción y las políticas «demasiado tibias» de Rajoy, ha predicado en el desierto en nombre de la ultraderecha, hasta el domingo. Su formación consiguió 395.000 votos y 12 escaños en el Parlamento de Andalucía. Un dato que multiplicaba por ocho los resultados cosechados apenas tres años antes en las elecciones generales. Sus rivales no lo vieron venir, pero es que ellos mismos no se lo acaban de creer.

Abascal, hijo de un comerciante de la localidad alavesa de Amurrio, Santiago Abascal Escurza, que también era dirigente del PP alavés, y nieto del alcalde franquista del municipio, recuerda que el «carné del partido ya me lo encontré en casa». Si hubo un episodio que marcó al líder de Vox en su juventud fueron las amenazas de ETA a su padre y los ataques al negocio familiar. Un trauma que le sirve para justificar que siga saliendo a la calle con una pistola, «para defender a mis hijos».

Con tan solo 23 años, en 1999, obtuvo su primer cargo público: concejal del PP en Llodio (Álava), un puesto que revalidó hasta el 2007. El día que fue a recoger su acta de concejal fue increpado por un grupo de simpatizantes de Batasuna. Abascal, desencantado con el PP, participó en la fundación de Vox, alineado con la extrema derecha, y del que es presidente desde 2014. Reclutó a José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA, y al exdirigente del PP catalán Alejo Vidal Quadras.

Contrario a las leyes de violencia machista y condenado por prevaricación, así es Francisco Serrano, el líder de Vox en Andalucía

Sara Cabrero

El candidato del partido de ultraderecha fue inhabilitado por modificar las vacaciones de un niño para que pudiera ir a una procesión y quedarse así dos días más con su padre

Santiago Abascal le encargó una auténtica proeza. Entrar en las instituciones andaluzas. Conseguir que Vox empezara a sonar con voz propia en la política española. Transformar el puñado de votos de las elecciones del 2015 en un apoyo que le permitiera empezar a conquistar poco a poco los gobiernos. Y lo ha conseguido. Francisco Serrano, que se afilió al partido en el 2014 y se presentó como candidato por primera vez en el 2015, se ha llevado el gato al agua. Su partido rompía todos los pronósticos -hasta los más halagüeños- para meter en el Parlamento andaluz la voz de nada menos que doce diputados. «Vox no es un partido de extrema derecha, sino de extrema necesidad», pregonaba el juez este lunes con la resaca electoral todavía impregnando su discurso. 

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