La cumbre hispano-lusa avanza en la permeabilidad de la frontera entre Galicia y Portugal

Se refuerza la cooperación en protección civil y se articula un frente común por la demografía


valladolid / enviado especial

Mucho ruido y pocas nueces. O lo que es lo mismo, muy buen entendimiento, pero sin avances concretos. El abrazo entre Pedro Sánchez y el primer ministro de Portugal, António Costa, puso el epílogo a la 30.ª Cumbre Hispano-Lusa, celebrada este miércoles en Valladolid y en la que se evidenció las excelentes relaciones entre ambos países, habituales a lo largo de las últimas décadas, pero también la falta de compromisos a la hora de asignar recursos para impulsar políticas en común, otra constante en las bilaterales.

Galicia tenía grandes expectativas de cara a un posible anuncio sobre la electrificación del último tramo ferroviario que permita la conexión rápida entre Vigo y Oporto, pero desde el gabinete de Presidencia avanzaron que no habría ni una sola medida relativa a infraestructuras ni a Fomento. «Sí avances en las conversaciones», se justificaban fuentes oficiales. Efectivamente. Ni una sola mención en el acuerdo. Tan solo el primer ministro portugués se comprometió en público a avanzar en la conexión entre Zamora y Braga.

Además de la sempiterna cuestión ferroviaria, la Xunta tenía grandes expectativas en otros puntos que sí se recogen en el documento firmado este miércoles. Uno de ellos es el compromiso de los Gobiernos español y portugués para reforzar la cooperación en materia de protección civil para prestarse ayuda mutua en zonas fronterizas. La gran novedad, a la que ha tenido acceso La Voz de Galicia, es que se amplía de 15 a 25 kilómetros la franja a la que tienen acceso los bomberos y otros equipos de emergencias en incendios y situaciones similares sin la necesidad de pedir permiso previo. En esta materia de emergencias, desde San Caetano se echa en falta la determinación de una pauta a la hora de establecer un mando único que coordine las tareas.

Otro acuerdo que afecta de lleno a Galicia es el avance de intercambio de datos en navegación marítima, extendiendo la cooperación que ya rige en el sur del país con el Algarve.

Frente común

Uno de los asuntos que ocupó más horas en la cumbre de este miércoles fue la necesidad de establecer un frente común para combatir la despoblación que asola determinadas zonas de Galicia y del norte de Portugal. Se acordó trazar una «estrategia ibérica» para paliar esta amenaza y el envejecimiento de la población, pero más allá del compromiso de los dos Ejecutivos de crear un equipo que se reúna de forma periódica con el objetivo de seguir avanzando, tal y como apuntan fuentes del Ministerio de Política Territorial, ni una sola medida.

El director xeral de Relaciones Exteriores de la Xunta, Jesús Gamallo, fue citado hace dos semanas en Madrid para que hiciese llegar sus propuestas en defensa de la eurorregión Galicia-norte de Portugal. Allí defendió la necesidad de plantear en Bruselas que para la asignación de fondos europeos se tenga en cuenta dos variables fundamentales: la dispersión -«nos cuesta más llevar los servicios públicos»- y el envejecimiento activo, porque las personas viven cada vez más y se necesita «apoyo para que la gente tenga calidad de vida».

Junto a la cuestión poblacional, las inversiones en infraestructuras y una tercera interconexión gasista, Gamallo puso sobre la mesa la importancia de rebajar los costes de contexto. «Son aquellas cuestiones que afectan a los ciudadanos que viven a un lado y otro de la frontera», comenta. «Por ejemplo, para que cualquier menor pueda utilizar la biblioteca, un polideportivo o la piscina municipal del otro lado, en Portugal hay que ir a un notario. Todo eso hay que unificarlo», defiende. «Hay que rebajar las barreras burocráticas». En la Moncloa muestran su compromiso, pero sin acuerdos.

En el documento también se recogen otras medidas, como la creación de una red de computación avanzada, un programa de intercambio entre museos, cooperación en empleo, combatir las especies invasivas en el Guadiana o un refuerzo de las relaciones económicas.

La despoblación ya está en lo alto de la cumbre

carlos punzón

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En 1983 Mário Soares recibía en Lisboa a Felipe González con honores de estadista. El socialista portugués acababa de volver a dirigir su país y el español llevaba un año de rodaje. Era la primera cumbre ibérica, y los dos países se necesitaban y precisaban dar una imagen de frente común para lograr mejores condiciones en la entrada de ambos en la UE. Treinta ediciones después, los dos países vuelven a requerirse para ser más fuertes ante Europa. Y, como con el establecimiento de las condiciones para acceder al mercado único, Galicia se juega parte de su futuro en esa escenificación de la política ibérica.

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