El intento de Iglesias de controlar la lista de Carmena agrieta aún más Podemos

Anticapitalistas muestra «su profunda preocupación por la deriva del proyecto»


madrid / la voz

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, vuelve a verse obligado a disputar un pulso a cara de perro contra quien en teoría es un compañero o aliado político. En esta ocasión su rival es la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que en su empeño por presentarse a las próximas municipales de finales de mayo liderando una candidatura conformada exclusivamente por gente de su absoluta confianza, y evitar así que se reproduzcan algunos de los escándalos protagonizados por determinados concejales durante su mandato, presiona para que sus afines no tengan que someterse a un incierto proceso de primarias dentro del partido. Pero la dirección de Podemos no está dispuesta a pasar por el aro.

El caso es que el pasado domingo expiró el plazo para quienes pretendan participar en este proceso de primarias para entrar en la lista de candidatos a concejal del Ayuntamiento de Madrid como miembros de Podemos, y ni Rita Maestre, ni José Manuel Calvo, ni Jorge García Castaño, ni Esther Gómez, ni Marta Gómez Lahoz ni Paco Pérez, seis nombres con los que quiere seguir contando la alcaldesa en su equipo, formalizaron su inscripción para dicho proceso.

Al día siguiente, el consejo de coordinación de Podemos en la Comunidad de Madrid procedió a su suspensión cautelar a través de una votación virtual en un grupo de Telegram (una plataforma de mensajería similar a WhatsApp), aunque el resultado ya se había filtrado a la prensa antes de efectuarse. Esta suspensión se llevó a cabo a instancias del secretario general de Podemos en Madrid, el ex-JEMAD Julio Rodríguez, quien, por supuesto, disfrutaba de la bendición de Pablo Iglesias.

La dirección, «entristecida»

Tanto Rodríguez como Iglesias aceptan que sea Carmena la que lidere la lista que tiene previsto apoyar Podemos en Madrid, pero no están dispuestos a que sea la alcaldesa la que imponga los nombres de los representantes de la formación morada. De hecho, uno de los grandes conflictos que surgieron en las negociaciones es que Iglesias, primarias mediante, pretendía colocar a Rodríguez en uno de los puestos nobles de la papeleta para garantizar su elección como concejal, algo a lo que Carmena se mostró totalmente contraria.

Así las cosas, la expulsión definitiva de estos seis concejales se ejecutará en el momento en el que formalicen su inscripción en la plataforma encabezada por Carmena, dejando de ser representantes de Podemos para pasar a ser independientes. Desde las dos partes del conflicto muestran su deseo de alcanzar un desenlace feliz en aras de no desalentar la movilización de sus bases, pero la única posibilidad que apuntan desde la dirección de Podemos para reconducir la situación es que se amplíe el plazo para presentarse a las primarias y estos seis concejales decidan someterse al escrutinio de los inscritos. Algo a lo que Carmena, consciente de que tiene la sartén bien agarrada por el mango, no parece muy dispuesta.

De momento Iglesias guarda silencio, pero la portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Ione Belarra, se remitió a los estatutos del partido para justificar la suspensión de los concejales, admitiendo que le «entristece» la decisión de los ediles.

Por su parte, la facción Anticapitalistas lamentó ayer la sanción contra los concejales, denunciando que es un ejemplo de «la ausencia de garantías que hoy se impone en Podemos» y mostrando «su profunda preocupación por la escalada de acontecimientos irresponsables que sacuden a la organización y la deriva general del proyecto».

Un paso más en la pérdida de influencia del líder

 

El triunfo de Gómez Reino en las primarias a la secretaría general de Podemos Galicia supuso un respiro para Pablo Iglesias, que asistía a una pérdida de poder y de influencia del sector oficial en gran parte de los territorios. En Andalucía, con la díscola Teresa Rodríguez; en Cataluña, donde no logró imponer a su candidato tras el cese de Albano Dante Fachin en plena tormenta catalana; o Lander Martínez, próximo al sector errejonista, en el País Vasco. Lo único que le faltaba Iglesias era que Carolina Bescansa, a la que trató de hacer la vida imposible dentro del partido, acabase haciéndose con Galicia.

A todo esto, conviene no perder de vista que Errejón podría amenazar en cualquier momento con disputarle el liderazgo en la Comunidad de Madrid al oficialista Ramón Espinar. Tras su derrota en Vistalegre II, el ex número dos del partido pactó con Iglesias su marcha de la política estatal para ser el cabeza de lista que dispute la Comunidad de Madrid. Fue un armisticio, nunca una paz, porque precisamente fue de ese proceso de primarias por la dirección de Podemos de donde arrancaron gran parte de los conflictos internos a los que asiste la formación morada semana sí, semana también. 

El problema del ex-JEMAD

En esta ocasión, la batalla con Carmena no puede encasillarse en la lucha entre el pablismo y el errejonismo, ya que los concejales que renunciaron a presentarse proceden de las dos corrientes, pero sí es la última manifestación de la pérdida de autoridad de Pablo Iglesias dentro del partido, justo en una etapa en la que había logrado recuperar parte de la iniciativa política tras su acuerdo con Pedro Sánchez sobre los Presupuestos.

Otro de los problemas que subyacen en este embrollo es el de Julio Rodríguez. Iglesias fichó al exjefe del Estado Mayor para poder vender esa transversalidad de la que hacía gala su partido durante sus primeros pasos, pero lo cierto es que Rodríguez no ha generado más que quebraderos de cabeza. Lo colocó con calzador en las listas de las dos últimas generales para que entrara en el Congreso, pero erró el tiro. Le acabó encontrando sitio en Podemos Madrid, pero Carmena tampoco lo quiere para su lista.

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