Los populares pasan la página de Cospedal sin saber si hay más grabaciones del excomisario Villarejo


madrid / colpisa

La dirección del PP quiere «pasar la página» de Dolores de Cospedal a pesar de que subsisten muchos interrogantes cuya respuesta solo conoce ella. Pablo Casado y su equipo no quieren dedicar más tiempo al asunto ni siquiera responder a las frases del comunicado de despedida que consideran hirientes. Sobre todo la queja de que «un partido que no es capaz de defender a los suyos cuando están siendo injustamente atacados no puede esperar que los ciudadanos confíen en él». Cospedal es «el pasado», apuntó un miembro del comité de dirección de los populares.

Casado quiere un punto y aparte, y como se ha hecho en esta ocasión, tampoco en el futuro «se va a tolerar ningún comportamiento que no sea ejemplar. Sea quien sea» el responsable de los hechos y se hayan producido cuando se hayan producido. El líder del PP, que participa en Helsinki en una reunión del Partido Popular Europeo, aseguró que va a ser «absolutamente inflexible» con las conductas irregulares, sean o no delito. Maroto fue aún más contundente y señaló que espiar a un compañero, como plantearon Cospedal, su marido y Villarejo hacer con Javier Arenas, no es adecuado y no tiene disculpa que valga.

Apoyos sin estridencias

La renuncia al escaño en el Congreso y al asiento en el comité ejecutivo nacional fue, en general, bien acogida por los dirigentes del PP, aunque un pequeño grupo de cospedalistas exteriorizó su malestar. Algunos lo hicieron a cara descubierta y otros desde el anonimato. «Hoy es un día triste», apuntó el exministro del Interior Juan Ignacio Zoido. «Hay una sensación de tristeza», coincidió el extitular de Justicia Rafael Catalá. Ambos entraron el comité ejecutivo nacional del PP y presiden sendas comisiones del Congreso como parte del pacto que alcanzaron Cospedal y Casado para que la primera apoyase al segundo contra Soraya Sáenz de Santamaría en julio.

Los que se escudaron en la privacidad fueron más tajantes y criticaron a Casado por forzar la salida por «la puerta de atrás» de Cospedal. «Se ha sentido sola y abandonada», se quejó un dirigente del equipo de la ex secretaria general, que también afeó a Casado «la frialdad» con la que ha tratado a la que fue durante diez años la número dos del partido a la sombra de Mariano Rajoy. La dirección del PP, de todos modos, está tranquila porque está persuadida de que estos reproches no van a ser el embrión de ningún grupo disidente ni nada parecido. La unidad con Casado está garantizada de momento, después de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre ya se verá.

El contraste del día lo puso Soraya Sáenz de Santamaría, la rival más enconada de la diputada saliente. La exvicepresidenta tomó ayer posesión como nueva miembro del Consejo de Estado y, antes de la ceremonia, dijo que había seguido «con distancia» la polémica porque está retirada de la política y dedicada a otras tareas. Sáenz de Santamaría ni se alegró ni se entristeció por el final de la carrera política de la que ha sido durante una década su adversaria principal. Aunque la preguntarle por la dimisión, dejó caer un «así es como tiene que ser».

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