La presión interna obliga a dimitir en el PP a Cospedal, pero no deja el escaño

Los populares lo utilizan para exigir ahora la renuncia de la ministra de Justicia

Maria Dolores de Cospedal
Maria Dolores de Cospedal

Madrid / Colpisa

María Dolores de Cospedal llegó a primera hora de la mañana de ayer a la sede del PP. Se reunió con el presidente del partido y anunció a través de un comunicado su renuncia al comité ejecutivo nacional. En la conversación con Pablo Casado convinieron que mantuviera su escaño en el Congreso. Se convertía en la primera víctima política del comisario José Villarejo y sus grabaciones. Una semana después de que se filtraran las primeras conversaciones del jubilado mando policial, en prisión desde hace un año, Cospedal ha dejado de pertenecer al máximo órgano de dirección del PP, al que entró como vocal después del congreso del partido de julio último por decisión expresa de Casado. Se va, escribió en su nota, «ante los múltiples ataques» recibidos por sus charlas con Villarejo y para «evitar que estos ataques se hagan extensivos» al PP y a su líder.

Más parece, según fuentes populares, que Cospedal haya pactado con Casado su salida del partido por la presión interna tras conocerse las grabaciones, sobre todo la conversación entre ella, su marido, Ignacio López del Hierro, y el excomisario para investigar supuestos negocios turbios de Javier Arenas. El expresidente del PP andaluz fue un reconocido rival de la exsecretaria general, y su presencia hasta hace cuatro meses en el comité de dirección, el núcleo duro del partido, obedeció a la decisión expresa de Mariano Rajoy, que mantiene una estrecha relación con Arenas.

Más parece, según fuentes populares, que Cospedal haya pactado con Casado su salida del partido por la presión interna tras conocerse las grabaciones, sobre todo la conversación entre ella, su marido, Ignacio López del Hierro, y el excomisario para investigar supuestos negocios turbios de Javier Arenas. El expresidente del PP andaluz fue un reconocido rival de la ex secretaria general, y su presencia hasta hace cuatro meses en el comité de dirección, el núcleo duro del partido, obedeció a la decisión expresa de Mariano Rajoy, que mantiene una estrecha relación con Arenas.Cospedal aseguró que «nunca» ha mentido sobre su «conocimiento» de Villarejo y de las reuniones mantenidas con él en aras de proteger al PP. Lo que son mentiras, dice, son «las manipulaciones» en las cintas publicadas, porque son «extractos editados» para «perjudicar y dañar» su imagen personal. Para evitar que ese daño salpique al PP, renunció a su vocalía en el comité ejecutivo nacional, pero no al acta de diputada en el Congreso, que le permite estar aforada. El escaño es «un asunto personal» en el que el partido no tiene «potestad», explicó el secretario general del PP, Teodoro García-Egea. Indicó que la renuncia de su antecesora al comité ejecutivo se adoptó «de mutuo acuerdo» entre ella y Casado. Y no quiso hablar más. «El resto de las cuestiones no me corresponde a mi responderlas», zanjó ante una catarata de preguntas referidas a su marido y a su papel en el PP, la posibilidad de que aparezcan nuevas grabaciones o la investigación a Arenas. Ante tal batería de interrogantes solo dijo que era «un tema del pasado» que en nada afecta «a la actual dirección».

García Egea prefirió dirigir el debate hacia la ministra de Justicia, también grabada en charlas con el excomisario cuando era fiscala de la Audiencia Nacional. Dolores Delgado debe «dimitir con la misma rapidez», insistió una y otra vez el secretario general del PP, porque «mintió» al negar que conociera al policía.

La renuncia de Cospedal se veía venir desde que el líder del partido le ofreció un respaldo de cortesía el pasado jueves. Ese día señaló en Huelva que su «único compromiso» dentro del PP es con los afiliados y avisó que cualquier conducta que no se rija por los principios de «ejemplaridad, transparencia y rendición de cuentas» contaría con su rechazo. Desde ese momento, la presión, que ya existía, se acrecentó sobre la exsecretaria general pero también sobre Casado y la dirección para que forzaran su renuncia al cargo orgánico y también al escaño.

En el PP, además del enfado por las grabaciones, hay una sensación de perplejidad por la actitud de Cospedal. «Ha sido una ingenua», se quejaba un diputado que recordó que ya a mediados de julio se conocieron las primeras grabaciones de Villarejo. Pensar, después de aquello, que no iban a aflorar las conversaciones del excomisario con dirigentes políticos era un «error de cálculo tremendo», señalaba el parlamentario.

Ordenó a Villarejo espiar al hermano de Rubalcaba para intentar presionar al entonces ministro

Verano del 2009. El PP se enfrenta desde febrero a una tormenta de nombre Gürtel de consecuencias imprevisibles. En el partido están casi más preocupados por la autoría de las filtraciones que cada día machacan la imagen de los populares que por la implicación de algunos de sus dirigentes, entre ellos su extesorero Luis Bárcenas. En Génova, la mayoría señalan a Alfredo Pérez Rubalcaba o a su entorno más cercano como autores de las filtraciones. Y es en ese contexto en el que María Dolores de Cospedal, entonces secretaria general del PP, encargó a José Manuel Villarejo que espiara a Alejandro Pérez Rubalcaba, el hermano del entonces ministro, en la creencia de que sus andanzas eran el talón de Aquiles del titular de Interior y que usando esa supuesta vulnerabilidad el PP podría mejorar su situación.El trabajo se lo encomendó al excomisario el marido de la ex secretaria general del PP, Ignacio López del Hierro, en una reunión el 21 de septiembre del 2009. Se trata del mismo encuentro en el que López del Hierro encargó también al expolicía que investigara hasta dónde llegaba la conexión de Javier Arenas con la trama Gürtel.

Visita secreta

Aquella reunión se produjo dos meses después de la visita secreta de Villarejo a la sede de Génova para verse cara a cara con Cospedal y en la que el excomisario le confesó a la entonces número dos del PP que había intentado, sin éxito, destruir el pendrive clave para probar la relación del PP con la trama que dirigía Francisco Correa. En esos encuentros se perfiló el espionaje al hermano de Rubalcaba, según la nueva hornada de audios publicados por Moncloa.com. Fue el expolicía el que reveló que ese punto débil era la relación de Alejandro Pérez Rubalcaba con la agencia de detectives Método 3, que posteriormente se vería en el centro del huracán por sus investigaciones ilegales a políticos.

El excomisario aseguró que el hermano de Rubalcaba, además de frecuentar un conocido prostíbulo de Madrid, mantenía una relación sentimental con la directora de la agencia Método 3, la argentina Marita Fernández Lado. Y que Fernández estaba usando el nombre de la familia Pérez Rubalcaba para conseguir trabajos. «Eso sí que es un punto débil que podéis utilizar», afirmó Villarejo en el encuentro con el matrimonio.

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