Sánchez rompe relaciones con Casado por llamarlo golpista en el Congreso

En un bronco debate, exigió al líder del PP que retire su acusación y este se negó


Madrid / La Voz

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decidió este miércoles romper relaciones con el líder del PP y jefe de la oposición, Pablo Casado. Es la principal consecuencia de la bronca sesión parlamentaria de ayer en el Congreso. Lo cierto es que el entendimiento entre ambos ya no atravesaba su mejor momento, pero ayer saltó por los aires tras acusar de «golpista» el líder popular al también secretario general del PSOE. «¿Mantiene esas palabras? ¿Sí o no? Si las mantiene, usted y yo no tenemos nada más que hablar», le respondió Sánchez.

Casado reprochó al presidente del Gobierno su inacción ante «el golpe de Estado» en Cataluña, haciéndolo partícipe como el cómplice necesario que necesita el independentismo.

A la conclusión del pleno, Sánchez abandonó la Cámara Baja muy enfadado y señaló que esas acusaciones eran «inaceptables». A última hora de la noche, y ya en frío, desde la Moncloa confirmaron que Sánchez había decidido romper completamente las relaciones. «Consideramos que ha perdido el respeto institucional», apuntaron. La vicepresidenta, Carmen Calvo, aventuró que las urnas pasarán factura a Casado por sus habituales golpes bajos. «Aquí vivimos un golpe de Estado, con Tejero. Los españoles se lo recordarán en las urnas», comentó.

Lejos de retractarse, Casado acusó a Sánchez de abrazar el papel de «víctima» para ocultar su derrota en el debate, e insistió en que es el principal «responsable de no hacer nada con lo que está pasando: un golpe al Estado».

La ruptura definitiva entre el PSOE y el PP supone el resquebrajamiento completo del frente constitucionalista formado el pasado año para dar respuesta al desafío secesionista, un acuerdo de mínimos escenificado en la firma conjunta del artículo 155 a la que también se adhirió C’s.

La jornada de ayer en el Congreso fue intensa y maratoniana.

Coincidieron dos comparecencias extraordinarias de Sánchez para detallar la venta de armamento a Arabia Saudí y la última hora de las negociaciones del bréxit. El formato permitió más intervenciones y más extensas que las que faculta la habitual sesión de control de los miércoles, que ayer llegó de postre, con mucho cansancio y con la tensión de los diputados totalmente disparada.

«¿Se ha mirado al espejo?»

Sánchez se marchó muy ofendido, pero antes tuvo tiempo para repartir estopa a sus adversarios, que en este momento son el PP y C's, al acusarlas de «hacer manitas ideológicas» con fuerzas de ultraderecha: «Tenemos mellizos en la derecha española y resulta que les ha salido un trillizo», señaló en relación a Vox. Sánchez culpó a Casado y a Rivera de estar fomentando «de manera irresponsable el discurso de la ultraderecha».

Ante las acusaciones de extremista, Casado preguntó al jefe del Ejecutivo: «¿Se ha mirado al espejo? ¿Quién está aliado con los batasunos, con los independentistas y con la extrema izquierda habla aquí de extrema derecha?», cuestionó.

El único momento en el que ayer se enterró el hacha de guerra fue cuando subió a la tribuna el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, que rompió a llorar tras conocerse la muerte de la exministra socialista Carmen Alborch.

Tardà: «Casado nos fusilaría, Rajoy nos metería en la cárcel»

Como no podía ser de otra forma, la actualidad catalana y el desafío secesionista volvió a ocupar un papel primordial en el extenso y bronco debate vivido ayer en el Congreso. Y desde primera hora. El debate se abrió con la exposición de Pedro Sánchez sobre la postura española en las negociaciones del bréxit. El presidente del Gobierno se refirió a la salida del Reino Unido como «un error histórico» que aprovechó para aconsejar a los diputados de ERC y el PDECat presentes en la Cámara en que cesen en su empeño secesionista. «Son más cosas las que nos unen que las que nos separan. Forjemos nuevos acuerdos, demos prioridad a la unión de Europa y la unión de España», dijo. Uno de los independentistas a los que el jefe del Ejecutivo invitó a «tomara nota» de las consecuencias de la salida del bréxit era Joan Tardà, portavoz de ERC en la Cámara, quien desde la tribuna instó a Sánchez a imitar las consultas realizadas en Quebec. El jefe del Ejecutivo rechazó esta vía, al considerar que ciertos líderes separatistas no aceptarían el resultado que se dio en esta región canadiense en los referendos celebrados en 1980 y 1995, en los que la mayoría rechazó la independencia.

El PP insiste con un nuevo 155

Dentro de ese tono áspero que se vivió ayer en el hemiciclo, Tardá también se refirió al escoramiento hacia la derecha que está protagonizando el PP desde la llegada de la nueva dirección a Génova. «Si el señor Casado pudiera, nos fusilaría. El señor Rajoy, quizás no, nos metería en la cárcel», comentó, en relación a unas palabras del presidente popular cuando era vicesecretario de Comunicación del PP, en las que recordó el final de Companys tras haber declarado la república catalana en 1934.

Casado volvió ayer a exigir la aplicación del 155 por una doble vía. Él mismo en el Congreso y a través del grupo popular en el Senado, que aprobó una votación para instar al Gobierno a intervenir de inmediato en Cataluña a través de este precepto.

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