Andalucía pone a prueba el liderazgo de Pedro Sánchez y Pablo Casado

Ambos se evalúan en las autonómicas a pesar de contar con candidatos no afines


madrid / la voz

Las elecciones andaluzas no pueden interpretarse exclusivamente en clave autonómica. Tanto Pedro Sánchez como Pablo Casado son plenamente conscientes de que el próximo 2 de diciembre afrontarán su primer gran test desde que el primero conquistó la presidencia del Gobierno y desde que el segundo se hizo con las riendas del PP, pasando a convertirse en el jefe de la oposición. De este modo, las urnas andaluzas serán el mejor termómetro para evaluar sus liderazgos y también la única posibilidad de comprobar lo afortunadas o lo desafortunadas que andan las encuestas, despejando al fin las dudas de hasta qué punto la Moncloa le puede suponer un arreón al PSOE, o si existe ese efecto Casado del que tanto presumen desde Génova 13.

Así las cosas, los dos principales líderes políticos del país cruzaron Despeñaperros para cerrar filas con Susana Díaz y Juanma Moreno Bonilla, cabezas de lista del PSOE y del PP, respectivamente. Se da la circunstancia de que tanto Sánchez como Casado se medirán en este carrera electoral con caballos que no son de su agrado. Y a nadie se le escapa que, si hubieran disfrutado de la posibilidad de relevarlos, sus candidatos para estos comicios serían bien distintos.

La guerra entre Sánchez y Díaz viene de muy atrás, pero alcanzó su punto álgido en las primarias del 2016 en las que contra todo pronóstico, el madrileño recuperó la secretaría general de Ferraz obligando a la presidenta de la Junta a replegarse a sus dominios. Las distancias entre ambos son insalvables, aunque ayer Sánchez le confió su apoyo personal, el del partido y, en lo que pareció un derrape dialéctico, hasta el del mismísimo Gobierno: «Estoy contigo. Estamos contigo. Me tienes a mí. A todo el Gobierno y a todo el partido atrás. A tu lado, acompañando con todo el cariño, generosidad y compromiso, con fuerza para que vuelvas a ganar», dijo el jefe del Ejecutivo en el acto de proclamación de su candidata en un intento de cerrar las muchas heridas que todavía hay abiertas, al menos de cara al electorado. A petición de Díaz, Sánchez apenas participará en los actos de campaña.

Bonilla y la espada de Damocles

El caso del PP es similar. Moreno Bonilla no le disputó la presidencia a Casado, pero sí se significó de forma muy clara a favor de su rival en las primarias, la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. La falta de comunión entre ambos es evidente, y solo la conquista de la Junta de Andalucía le permitirá escapar de la espada de Damocles, que acecha bien afilada sobre su pescuezo. Y al contrario que Susana Díaz, que tiene mucho más peso y es mucho más correosa, enterrar a Moreno Bonilla no supondrá un gran problema para Casado, sobre todo después de haberse desembarazado de su institutriz, quien durante tantos años fue la mano derecha de Rajoy en el Gobierno y de repente ha pasado a contemplar la actualidad desde ese cementerio de la política que es el Consejo de Estado, a la espera de que la ley de incompatibilidades le permita saltar a la empresa privada.

Pablo Casado visitó ayer Granada para inaugurar la precampaña, que comprenderá hasta mediados de noviembre, todo un mes durante el que se ha comprometido a visitar Andalucía un mínimo de dos veces por semana. Una vez arranque la campaña oficial, Casado no se moverá de Andalucía y liderará una caravana electoral en paralelo a la de su candidato a la Junta, amenazando con robarle todo el protagonismo.

Reproches mutuos

Prueba del nublado futuro político que le aguarda al sorayista Moreno Bonilla dentro de su partido es que la nueva dirección ha copado los puestos de salida de afines y, respecto al 2015, tan solo el cabeza de lista repite al frente de las ocho circunscripciones electorales en las que se divide el territorio andaluz.

Más allá de estas cuestiones internas, los discursos de Pedro Sánchez y de Pablo Casado de ayer sonaron muy similares a los de las últimas semanas: un constante cruce de reproches. El presidente del Gobierno acusó al Ejecutivo del PP de haber causado una «involución» en el estado del bienestar, que su equipo trata de revertir, y al nuevo líder popular de comulgar con las ideas de formaciones de ultraderecha. Por su parte, Casado cargó contra los 40 años de Gobiernos socialistas en Andalucía y afeó a Sánchez que haya enviado a Pablo Iglesias a la cárcel a negociar los Presupuestos.

Carolina Punset deja C’s acusando al partido de ser «marca blanca del PP»

Ciudadanos también otorgará una gran relevancia a las elecciones andaluzas. Las dos caras más famosas del partido, Albert Rivera e Inés Arrimadas, ambos de padres andaluces, se volcarán en los comicios del 2 de mayo. Pero ayer ninguno de los dos pudo arropar a su candidato, Juan Marín, ya que la dirección tuvo que afrontar una crisis interna. Se trata del anuncio realizado ayer por su eurodiputada Carolina Punset, que sorprendió al anunciar que se desvincula del partido al considerar que Ciudadanos se ha convertido en «la marca blanca del PP», según dijo en una carta. Horas más tarde, desde la ejecutiva apuntaron que Punset fue apercibida con un expediente de expulsión por haber visitado el pasado día 9 en Waterloo a Carles Puigdemont a bordo de un coche oficial.

El Gobierno anuncia que incluirá un plan especial de empleo para Andalucía

f. b.

Las negociaciones de los Presupuestos continúan acaparando gran parte de la actualidad política. El día después de la visita a la cárcel de Lledoners del secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, para encontrarse con el líder de ERC, Oriol Junqueras, en busca de su voto favorable al acuerdo firmado recientemente entre el Gobierno y Podemos, Pedro Sánchez pasó de puntillas por este polémico encuentro en el centro penitenciario barcelonés. El presidente del Gobierno aprovechó su visita a Andalucía para anunciar que el proyecto de Presupuestos para el 2019 incluirá «un plan especial de empleo» para la región, una medida muy demandada por parte de Susana Díaz.

El jefe del Ejecutivo mostró su «compromiso firme e inequívoco» para trabajar de cara a que se reduzcan las tasas de desempleo en esta comunidad autónoma, que presenta los índices de paro más elevados de España, aunque sin detallar cómo pretende conseguirlo. Lo que sí dejó claro es que, bajo su punto de vista, para acabar de revertir «los recortes del PP» es necesaria la aprobación de sus cuentas. Para ello no dudó en invitar a sumarse a los diputados de las dos fuerzas en la oposición, PP y Ciudadanos, aun siendo totalmente consciente de que su petición caerá en saco roto, ya que tiene el no garantizado. No obstante, recordó a la misma estrategia bajo la que construyó la moción de censura, en la que también pidió el apoyo de los escaños azules y naranjas en aras del bien común. Una vez cerrado el acuerdo con Podemos, la siguiente firma que tratarán de recabar será la del PNV, una fuerza con la que ya han iniciado los contactos. La encargada de llevar la voz cantante de las negociaciones es la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Respuesta a Bruselas

Por otra parte, el Ejecutivo remitió ayer una carta a Bruselas, dirigida al director general de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, Marco Buti, como respuesta a la información adicional requerida por este organismo en relación con el proyecto de Presupuestos trasladado a principios de semana. En la misiva, firmada por el secretario general del Tesoro, Carlos San Basilio, el Gobierno defiende haber realizado el mayor esfuerzo estructural desde el 2013 y se compromete a aportar la «información adicional requerida».

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