El Ejecutivo retira el estatus diplomático al delegado de Flandes en la Embajada de Bélgica


madrid / colpisa

El Ministerio de Asuntos Exteriores convocó ayer por tercera vez en apenas un mes al embajador de Bélgica en Madrid. Y esta vez, fue el propio Josep Borrell el que abroncó al diplomático a cuenta de las continuos ataques del presidente del Parlamento de Flandes contra España, Jan Peumans. Las protestas ante embajadores suelen correr a cargo de segundos mandos de Exteriores, por lo que el hecho de en esta ocasión lo hiciese el mismísimo jefe de la diplomacia da buena muestra del malestar existente en el Ejecutivo español con el de Bruselas.

La dureza de la reacción también lo prueba. Borrell comunicó al embajador que, de acuerdo con el artículo 9 del Convenio de Viena de Relaciones Diplomáticas de 18 de abril de 1961, España deja de considerar al consejero y delegado del Gobierno de Flandes, André Hebbelinck, como agente diplomático de la Embajada belga, retirándosele los correspondientes privilegios e inmunidades. Según un comunicado emitido por Exteriores, Hebbelinck, de conformidad con el régimen aplicable a los ciudadanos comunitarios, puede seguir prestando servicios, como personal de la misión, pero sin estatus diplomático. Borrell transmitió igualmente a su interlocutor que no se acreditará en lo sucesivo como personal diplomático a ninguna persona que desempeñe la función de delegado o representante de Flandes en España.

Antidemocráticos

Peumans ha convertido en habituales sus ataques a Madrid y sus apoyos explícitos al independentismo catalán. El último se produjo el pasado miércoles durante la inauguración de una exhibición titulada

La Revolución de las Urnas

, a la que también asistió el expresidente huido Carles Puigdemont. El político flamenco insistió en ese evento en que España no cumple con los requisitos democráticos para formar parte de la UE, dijo que encerrar a políticos es un acto de violencia y concluyó que las cargas policiales llevadas a cabo el 1-O en Cataluña fueron una expresión de una política antidemocrática.

Convocar a un embajador supone un acto de protesta diplomática que se suele dar en los primeros momentos de tensión entre dos países. Es algo poco habitual, menos aún entre dos socios de la UE. Pero Borrell dejó claro que no piensa pasar por el alto ninguna ofensa en el exterior por parte del independentismo catalán o sus aliados. Aunque ello pueda derivar en un conflicto diplomático con otros países.

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