Guinea, de colonia española a férrea dictadura

El choque Carrero-Castiella marcó el proceso de independencia de Guinea Ecuatorial

Manuel Fraga, ministro de Gobernación y el presidente guineano, Macías Nguema durante la firma del acta de independencia
Manuel Fraga, ministro de Gobernación y el presidente guineano, Macías Nguema durante la firma del acta de independencia

«Por su previsión, por su prudencia, por la altura de sus miras y la firmeza de sus propósitos, hemos contraído todos una gran deuda con el Generalísimo Franco, el hombre clarividente y veraz que ha sabido iniciar y culminar con vosotros el complejo proceso de la independencia». Así se expresaba el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, en el discurso que pronunció el 12 de octubre de 1968 en Santa Isabel de Fernando Poo, en el acto de proclamación de la independencia de Guinea Ecuatorial. Se ponía fin a una colonización que se inició en 1778, pero que solo se completó en 1927.

Fraga habló ante el flamante presidente guineano, Francisco Macías Nguema, que había vencido claramente en las elecciones, «esgrimiendo un discurso netamente anticolonial y antiespañol, aunque propugnando una estrecha relación con España desde un plano de igualdad», como destacan los profesores Gonzalo Álvarez Chillida y Gustau Nerín.

Desde 1960 se produjeron tensiones en el régimen franquista sobre qué hacer con Guinea Ecuatorial, que marcarían todo el proceso de descolonización. Por un lado, estaba Luis Carrero, entonces subsecretario de la Presidencia del Gobierno, partidario de mantener el dominio colonial, y, por otro, Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, que defendía la descolonización con el objetivo de mantener las mejores relaciones posibles con la ONU, Estados Unidos y otros países amigos. Hay que tener en cuenta que, como fruto del proceso de descolonización, en 1960 nacieron 17 nuevos Estados, entre ellos Nigeria, Camerún y Gabón, vecinos de la Guinea española. Pero no fue hasta siete años después, en 1967, cuando el Gobierno español decidió conceder la independencia a su colonia. En las elecciones de 1968, Carrero, que ya era vicepresidente de Franco, y Castiella apostaron por candidatos diferentes. El primero por Bonifacio Ondó Edú, emblema el colaboracionismo con España; el segundo, por Atanasio Ndong, un independentista dispuesto a llegar a acuerdos con la antigua metrópoli. Pero Macías ganó en las urnas, «totalmente desfavorables a las expectativas de los españoles», como destaca Álvarez Chillida.

Según explica la profesora Alicia Campos, autora del libro De colonia a Estado: Guinea Ecuatorial, 1955-1968, el régimen franquista permitió una conferencia para elaborar una Constitución y luego unas elecciones libres que en España negaba, hasta el punto de que tuvo que decretar secreto oficial todo el proceso para que «la prensa no pusiera de manifiesto esas contradicciones».

Campos asegura que el caso de Guinea Ecuatorial hay que enmarcarla en el proceso general de descolonización africana. «El papel de la ONU fue fundamental, el Gobierno de Franco se atuvo a sus reglas, que eran promover la independencia y celebrar elecciones, porque quería era evitar sus críticas», señala.

Dictadura del terror

A los pocos meses de declararse la independencia, Macías rompió con España. «La influencia de la antigua metrópoli quedaría reducida al mínimo en marzo de 1969, con la repatriación de casi todos sus residentes, y así se mantuvo durante los diez años de la dictadura de Macías», aseguran Álvarez Chillida y Nerín. En su intervención del 12 de octubre de 1968 Fraga había destacado que el proceso de la independencia, «siempre peligroso y lleno de obstáculos, que en tantos otros países ha quedado manchado de sangre y marcado por el odio, ha sido en vuestro caso --gracias sean dadas a Dios- un proceso ejemplar, un proceso ordenado y cabal, una verdadera lección de serenidad y cordura política». Sin embargo, Macías, admirador de Hitler, instauró un régimen despótico de terror que eliminó a la oposición, hasta que en 1979 fue depuesto y ejecutado tras un golpe de Estado encabezado por Teodoro Obiang, que desde entonces lidera otra férrea dictadura.

¿Qué trato dispensó España a los guineanos durante la colonización? Campos asegura que eran «súbditos coloniales» que no tenían los derechos de los españoles, salvo una minoría, los emancipados, una pequeña élite de Fernando Poo. Pero destaca que aún peor vivían los trabajadores extranjeros, fundamentalmente los braceros nigerianos, que trabajaban en las plantaciones de cacao.

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