Sánchez resiste las presiones y se niega a convocar las elecciones en este año

Moncloa descarta hacerlas coincidir con las andaluzas, previsiblemente en diciembre


madrid / la voz

Si algo ha demostrado Pedro Sánchez a lo largo de su carrera política es que dispone de una piel de rinoceronte. Todavía está reciente su reconquista de Ferraz, luchando contra viento y marea, imponiéndose, contra todo pronóstico, al aparato socialista, a sus barones territoriales e incluso a la vieja guardia del partido. Por ello resulta lógico pensar que a la hora de llamar a las urnas no se dejará influenciar con facilidad por las presiones, tanto internas como externas.

Sin embargo, la debilidad parlamentaria sobre la que se sostiene su Gobierno, con solo 84 diputados, tampoco augura el futuro más próspero a la legislatura, por lo que los rumores y las especulaciones sobre un posible adelanto electoral no dejan de sucederse. El último de ellos lo llevó ayer a sus páginas el diario La Vanguardia, apuntando que Sánchez estaría sopesando convocar elecciones antes de que concluya el año, haciendo coincidir las generales con las andaluzas, que según todos los indicios podrían ser el 2 de diciembre.

Fuentes de presidencia descartan por completo esta posibilidad. Y lo cierto es que de momento apenas hay señales que inviten a desconfiar. Quizá, la única, la reciente decisión de sacar de Moncloa a Iván Redondo, el gurú de cabecera de Sánchez, y enviarlo a Ferraz para ponerlo a trabajar en temas de partido. Además, hacer coincidir las generales con las andaluzas motivaría un gran enfado de Susana Díaz, que quiere que ese domingo solo se hable en clave regional. El Gobierno realizó ayer un guiño a Andalucía al anunciar que celebrará el Consejo de Ministros del día 26 en Sevilla.

Otra de las fechas de las que se habla es finales de mayo del 2019, coincidiendo con la celebración de las municipales, autonómicas (salvo en Galicia, Andalucía, País Vasco y Cataluña) y europeas. De esta forma, los ciudadanos tendrían que depositar cinco papeletas dentro de las urnas: Congreso, Senado, parlamento autonómico, ayuntamiento y Bruselas. Casi nada. Un cacao político y logístico. También parece difícil que sea esa esta fecha.

La tercera gran posibilidad es el otoño del 2019. El presidente del Gobierno trataría de aguantar un año más en Moncloa. Por último, la versión oficial del Gobierno: agostar la legislatura y llegar hasta el año 2020.

Presupuestos y Cataluña

Lo que no puede olvidarse es que cualquier pronóstico dependen de dos grandes variables: Cataluña y los Presupuestos, que además están estrechamente relacionadas, ya que el único camino de Sánchez para sacar adelante sus cuentas es recabando el apoyo en la Cámara de las fuerzas independentistas, ERC y el PDECat, dos formaciones que ya han adelantado que difícilmente le darían su voto mientras los principales actores del desafío secesionista continuaran en prisión. El portavoz de ERC, Joan Tardá, fijó como condición para el sí que la Fiscalía anule de las acusaciones el delito de rebelión.

Aunque se antoje extremadamente complicada, la aprobación de los Presupuestos sigue siendo factible. El Gobierno se encuentra inmerso en negociaciones con Podemos para cerrar un acuerdo al que espera sumar al resto de aliados parlamentarios. La determinación del PSOE es llevarlos a la Cámara aun sin tener el éxito garantizado. En caso de que sean rechazados, podrán presentarlos como una especie de programa electoral de cara a las siguientes elecciones. Y tal y como comentó ayer la titular de Hacienda, María Jesús Montero, este rechazo tampoco significaría el fin de la legislatura, ya que avanzó que podría seguir viva prorrogando los de Rajoy.

Pero sin duda el gran factor desestabilizador está en Barcelona. La evolución del desafío secesionista es impredecible. Lo admitió recientemente el propio presidente del Gobierno: «Si priorizan el conflicto a la cooperación, habrá elecciones». De momento solo cabe esperar a ver cómo evoluciona el ultimátum de un mes lanzado por el presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el que exige el compromiso de Sánchez de organizar un referendo de autodeterminación.

Sánchez no quiere elecciones, aunque ya hay dirigentes del PSOE que temen el desgaste al que están sometidos y que lamentan que no las hubiera convocado antes. Los que tampoco quieren urnas son sus aliados. Se apreció con el desmarque de los diputados de PDECat y ERC de Torra, con Podemos, que exige dimisiones de ministros, pero sin amenazar, o el PNV, que pretende estirar al máximo la legislatura en la que ha cobrado sus cinco escaños a precio de oro.

Albert Rivera afea al PP que intente convertir el Senado en la Cámara para hacer oposición

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, afeó ayer al PP su estrategia de plantar oposición al Gobierno en el Senado, y le recordó que la Cámara Alta no debe desempeñar este papel. A falta de confirmación desde Moncloa, el próximo martes 23 el presidente del Gobierno comparecerá en la Cámara Alta para explicar las irregularidades que planean sobre su tesis doctoral. Lo hará a petición del PP, que disfruta de un mayoría absoluta muy holgada que le otorga un dominio absoluto de los tiempos y de los temas que se tratan en la Cámara. Rivera, consciente de su falta de protagonismo en el Senado (Ciudadanos tan solo tiene a dos representantes frente a los 130 del Grupo Popular), anunció ayer en una entrevista en RNE que continuará insistiendo para que Sánchez tenga que acudir al Congreso. «Vamos a volver a plantear que el presidente venga a la Cámara que le ha elegido», dijo, al entender que es el escenario que le corresponde, y no el Senado, que calificó como la Cámara destinada a cuestiones «territoriales». Por este asunto, acusó a los populares de «jugar con las instituciones».

Propuesta de reforma electoral

Rivera evitó pronunciarse sobre la propuesta planteada por Pablo Casado el día anterior, de estudiar una ilegalización de la CUP conforme a la actual ley de partidos por considerarla una formación que llama a la violencia. Por su parte, el dirigente naranja sí aprovechó para recordar su propuesta de reforma electoral, según la cual se exigiría a cualquier partido obtener al menos el 3% del total de los votos del Estado para lograr representación en el Congreso. En la práctica, PNV, ERC y PDECat tendrían muy complicado su representación en Madrid si así fuera.

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