El juez cree que Ana Julia Quezada quiso «hacer más grave el sufrimiento de los padres» de Gabriel

El auto califica de «colofón de su conducta de desprecio» las expresiones que la procesada profirió al volante del vehículo en cuyo maletero trasladaba el cadáver del niño


Ana Julia Quezada contribuyó activamente en hacer creer a los padres de Gabriel Cruz que estaba vivo, haciendo así más grave su sufrimiento. Así lo recalca el juez instructor de la causa penal por el crimen del niño de ocho años de Níjar (Almería) en el auto dictado tras la comparecencia de la procesada en sede judicial el 17 de septiembre, en la que fue informada de que será juzgada por un tribunal de jurado. El magistrado Rafael Soriano subraya la «conducta de desprecio» de la asesina confesa durante los 13 días que se prolongó la búsqueda del pequeño: «Sobreactuó fingiendo desmayos» y se «exhibió de forma pública y notoria de modo compungido y afligido» por la desaparición de un niño «que días antes había matado con sus propias manos». «Este comportamiento, en modo alguno, podía ser real y estaba orientado presuntamente a hacer más grave el sufrimiento de los padres», sostiene el juez en un escrito al que ha tenido acceso Europa Press. Para apuntalar la imputación de los delitos contra la integridad moral, especifica que les «infundió continuos ánimos, manifestándoles que, con seguridad, podría haber sido secuestrado y que pedirían un rescate por su liberación».

Ana Julia Quezada colaboró «activamente en la búsqueda» de Gabriel Cruz. Como muestra de «tal proceder criminal», el auto, que ha adelantado este viernes el periódico La Voz de Almería, hace referencia al día en el que la procesada salió con el padre de Gabriel a realizar una batida junto a la localidad de Rodalquilar. «Con una excusa logró que Ángel se alejara de ella, aprovechando tal momento para sacar de entre sus ropas la camiseta que había quitado al menor después de matarlo, y poniéndola entre una matas. Entonces llamó a gritos al padre manifestándole que había encontrado una prenda y que, sin duda, pertenecía al menor por cuanto la había olido y olía a Gabriel», relata el magistrado. Fue en ese momento, apunta el texto, cuando «sobreactuó fingiendo desmayos y una lesión en el tobillo», dado el «revuelo» creado por la aparición de la prenda, al llegar al centro de operaciones desde el que se coordinaba la búsqueda del menor.

«¿No quieren un pez? Les voy a dar un pez por mis cojones»

La resolución califica de «colofón de su conducta de desprecio» las expresiones que profirió la procesada al volante del vehículo en cuyo maletero trasladaba el cadáver del niño tras desenterrarlo de la finca en la que lo mantuvo oculto días. «Al subir al asiento del conductor, la investigada dijo, hablando consigo misma y entre susurros '¿Dónde lo puedo llevar yo, a algún invernadero?', así como '¿No quieren un pez? Les voy a dar un pez por mis cojones'», especifica.

Gabriel no se opuso a marcharse con Ana Julia Quezada cuando esta lo cogió para llevarlo al cortijo, propiedad del padre, donde supuestamente lo mató. Esto explica que se decretara el sobreseimiento del delito de detención ilegal que se atribuyó inicialmente. Además, la mujer aprovechó que el padre del menor se encontraba trabajando ese día, eligió un «lugar apartado y despoblado», hizo uso «de su superioridad física y de edad» y actuó «de manera sorpresiva e inesperada, sin motivo o razón alguna acreditad». «Lo asfixió con sus propias manos sin que el menor pudiera hacer nada por defenderse», destaca la decisión judicial.

El magistrado también desgrana en el auto los pasos que dio la procesada una vez hubo consumado «la acción criminal»: apunta a que utilizó «un hacha que se encontraba en las inmediaciones» para «lograr que el cuerpo sin vida quedara cubierto por las piedras que rodeaban la piscina y, así ocultarlo a los ojos de las personas que pudieran buscarlo». «A continuación, para dar apariencia de normalidad y proporcionarse una coartada verosímil, procedió a pintar la puerta de acceso al cortijo, así como una lavadora que había en el interior del mismo», concluye.

En la parte dispositiva del auto, el magistrado ordena que se practique una prueba pericial forense psiquiátrica a los padres de Gabriel solicitada por el Ministerio Fiscal para acreditar la comisión de dos delitos de lesiones psíquicas. «Resulta de forma presunta e indiciaria que, como consecuencia del fallecimiento de Gabriel a manos de la investigada, así como del comportamiento antes descrito de la misma, han sufrido un estado de conmoción emocional que podría haberles supuesto lesiones psíquicas todavía por determinar», señala Soriano.

Así, acuerda dirigir oficio, a petición de la acusación particular, al Instituto de Medicina Legal de Almería (IML) para que aporte al juzgado, en formato deuvedé, las imágenes del TAC que se realizó del menor en el Hospital Torrecárdenas previamente a la realización de la autopsia para una pericial de parte. Por último, admite la prueba interesada por la acusación popular ejercida por la asociación Clara Campoamor en orden a realizar una prueba pericial forense para acreditar la capacidad volitiva e intelectiva de Ana Julia Quezada.

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