Los antiindependentistas evitan hoy Barcelona para distanciarse de la Diada más «sectaria»

Se desentienden de la celebración hartos de sentirse presionados


BARCELONA

La Diada no es lo que era. La fiesta nacional de Cataluña, después de un intenso y crispado año de desafío independentista, en la política y en la calle, es cualquier cosa menos una fiesta. Los secesionistas apuran las horas para arengar a los catalanes para que inicien hoy una gran movilización con la asistencia a la manifestación convocada por la ANC, como acto de fuerza para pedir la ruptura con España y la puesta en libertad de los políticos en prisión preventiva por el desafío secesionista. Los partidos constitucionalistas (C’s, PSC y PP) informan a sus seguidores de que no acudirán a esa convocatoria «que no interpela a todos los catalanes» (Jaume Durall, Podem Catalunya), que es un «aquelarre independentista» (Carlos Carrizosa, C’s) y un acto «sectario de la mitad de los catalanes» (Jaume Collboni, PSC).

El cartel de la Diada también ha generado polémica: son las cuatro bandas rojas de la bandera catalana tapadas con cinta aislante, como metáfora sobre la falta de libertad de expresión que, en opinión del Gobierno catalán, hay en Cataluña. Lo cierto es que en la calle se puede comprobar cómo hay gente que se autocensura. Pero en sentido contrario al manifestado por el Gobierno catalán. Muchas son las personas que no quieren pronunciarse sobre la crisis abierta por los independentistas, y quienes lo hacen y no comparten sus ideas aplican la prudencia pensando en las consecuencias de lo que digan. Son los silenciados, que para los independentistas no existen o no son «buenos catalanes».

«El problema es que todo lo que tocan lo convierten en política independentista republicana: TV3, las radios, los periódicos, las fiestas locales, el Barça, los centros públicos y privados, las calles; el márketing es perfecto al más puro estilo Goebbels», reflexiona un periodista de un periódico barcelonés que también solicita el anonimato. Cuando una comenta que hay mucha gente que no quiere pronunciarse, y eso dice mucho, entonces asegura que «es que si se habla... todo el mundo sabe que puede haber represalias, escraches en el mejor de los casos, hasta la muerte civil en el peor. La muerte civil consiste en que no te den permisos que dependan de la Generalitat, te envían inspecciones sobre cualquier cosa, te multan, procuran hartarte para que te vayas».

Otros catalanes afirman bajo la condición del anonimato que «esto está horrible». Lo asegura un médico con consulta privada que teme que lo que diga pueda ir contra su trabajo. «Esto es como el País Vasco hace años, y no quiero que salga mi nombre».

Varios de los consultados sí se avienen a admitir que están cansados, como también dijo el presidente de Sociedad Civil Catalana, José Rosiñol, y que mucha gente se ha ido de puente para evitar estar en Barcelona hoy o se quedará en casa. El hartazgo es de todos, incluso de algunos que se creyeron la promesa de la independencia y que ven que no la hay.

Domingo Balboa (Ribadeo, 1952) está en su tierra «esperando a que pase la Diada para volver a Barcelona». «Allí tengo mi casa, pero no quiero estar en ese bullicio», asegura. «Yo soy español y gallego y no quiero la separación. Todo es una sinrazón y así lo tienen montado. Falta diálogo entre el Gobierno catalán y el central, y los perjudicados somos los ciudadanos». Cuando era director de sala de un bingo en Barcelona, afirma, los empleados, todos de fuera, hablaban y expresaban su miedo a qué pasará. Y concluye: «Si los políticos se dedicaran a hacer política dignamente, crear puestos de trabajo, buscar un bienestar social, en vez de haber crispación nos iría mejor a todos».

También la abogada Silvia Ramos «tenía un poco de confianza en la mediación de Pedro Sánchez, y en cesiones de ambas partes», pero no ve frutos. Está convencida de que los políticos en general son quienes han avivado la confrontación. «Como cuando Monago [expresidente de Extremadura] dijo que los catalanes eran horrorosos y desde aquí le respondieron que los andaluces y extremeños eran vagos». Ella cree que es preferible «no alimentar esta publicidad porque lleva a la crispación y a decir cosas que desconocemos».

Se les ha dejado llegar muy lejos

El presidente del Centro Gallego de Barcelona, Carlos Mandianes, coincide en ese hartazgo de la gente con la ocupación independentista del espacio público y el apropiarse de las fiestas y tradiciones. «A los independentistas se les ha dejado llegar muy lejos, usan cualquier fiesta a favor de la causa. La Mercé [patrona de Barcelona] era una fiesta de las casas regionales y ahora ya nadie lo sabe, también se han apoderado de ella los secesionistas».

Tampoco los gastos de la Diada han escapado a la controversia. El PSC anunció que preguntará al Gobierno catalán por los costes de una fiesta «secuestrada», «cuánto ha costado la fiesta y esta performance independentista» que acostumbran hacer y que «solo va dirigida a su parroquia». Y es que los actos oficiales de anoche frente al Palau tuvieron como hilo conductor la exigencia de la libertad de los políticos presos y el recuerdo para los huidos, actuó el exdiputado independentista Lluís Llach y se proyectaron imágenes de las cargas policiales del 1-O mientras Judit Neddermann interpretaba el tema No queremos más golpes. Una pequeña muestra de partidismo oficial para algunos.

También Ciudadanos exigirá cuentas al Gobierno catalán. Está convencido de que ha usado dinero público para «financiar aplicaciones para contar asistentes» a la manifestación. Otros acusan a la ANC de «forrarse», pues la entidad asegura haber vendido 270.000 camisetas. Presume de tener más de 400.000 inscritos, de disponer de 1.500 autobuses y de que habrá 300 tractores en Barcelona.

Laura N. y Eva R.: «Era nuestro día, los independentistas podían tener otro»

Laura y Eva no acudirán a la marcha de hoy. «Representan un conflicto y no me encuentro a gusto», dice Eva Rodríguez, quien es muy crítica con los políticos. Para ella todos son iguales. «Aquí también hay corrupción», apunta. Laura Nicolás, por su parte, ve la Diada como «un día muy bonito», pero lamenta «que se haya politizado». «Antes era el día de Cataluña, era nuestro día, ahora es un día de los independentistas. Creo que los independentistas podrían tener otro día y dejar este como era antes», se queja Laura. 

Mariona Nafría: «No me gusta la independencia»

Mariona Nafría sí irá a la manifestación de hoy porque «la Diada es para celebrar el día de Cataluña, aunque es verdad que desde hace 5 o 6 años se ha politizado mucho y se ha hecho independentista», lo que, según asegura, al principio le «tiraba para atrás». Opina que desde el 1-O la población está más radicalizada, y la gente se ha visto obligada a posicionarse. Ella, antes era «más neutral», pero desde entonces tiene «la sensación de que no son compatibles ser catalán y español» y optó por lo primero, aunque afirma: «No me gusta la solución radical de la independencia». 

Carlos Mandianes: «Debería ser una festividad de todos»

El presidente del Centro Gallego de Barcelona, Carlos Mandianes, asegura que no irá a la manifestación de la Diada porque «debería ser una festividad de todos los catalanes, de los que están a favor y en contra de la independencia, pero se ha politizado a un nivel brutal». Yo la entiendo como la fiesta global de todos, catalanes, gallegos, aragoneses, andaluces... todos los que hemos hecho Cataluña». Y aclara: «Es festivo, pero abriremos el centro porque somos una entidad cultural que nos debemos a Galicia, aunque respetamos el lugar donde estamos».

Silvia Ramos: «Interesa que haya malestar»

Silvia Ramos no irá a la manifestación de hoy. Entiende que «antes la Diada tenía un sentido, pero se ha desvirtuado». «Era el día de los catalanes y se ha politizado y desviado hacia el independentismo, que la está haciendo suya y esto no me gusta. Creo que debe ser de todos», afirma. Y añade: «Yo entiendo que nos están manipulando porque interesa que haya malestar en Cataluña, por eso siempre están confrontando Barça-Real Madrid, Cataluña-resto de España. Pero creo que un país es más grande cuando favorece y hace más partícipes a todos». 

Los convocantes pretenden pasar del millón de asistentes

La manifestación de la Diada fue convocada por las entidades independentistas ANC y Òmnium, bajo el lema «Fem la república catalana». Un juego verbal que significa tanto hacemos como hagamos. Pretenden reunir más de un millón de personas para superar la asistencia del año pasado y alardear de fuerza. Intentarán llenar la avenida Diagonal de Barcelona a partir de las 17.14, desde la plaza Glorias, en un extremo de la ciudad, hasta Palacio Real, en el otro, muy cerca del cuartel del Bruch, en Pedralbes, y donde serán pronunciados los discursos. El Gobierno catalán anunció la asistencia de todos sus miembros. C’s, PSC, PSC y Podem no irán. Pero antes, por la mañana, habrá ofrendas de instituciones, partidos y entidades al monumento barcelonés de Rafael Casanova: Ciudadanos y PP tampoco irán este año, pero el PSC sí.

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