Sánchez admite la debilidad de su Gobierno y pide «realismo» al PSOE

Reclama 12 años más de mandato para poder culminar su proyecto político en el 2030

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MAdrid / La Voz

«No hay una mayoría suficiente». Este fue el principal argumento esgrimido ayer por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para justificar el hecho de que, una vez instalado en la Moncloa, no haya abordado la mayoría de las propuestas que hizo estando en la oposición, como la derogación de la reforma laboral aprobada por Mariano Rajoy. Cuando se cumplen cien días desde su llegada a la presidencia, Sánchez admitía así la debilidad de su Gobierno. Pidió por ello «ambición» al PSOE, pero también «realismo». «Hay gente que quiere que hagamos todo en menos de dos años», señaló durante un acto celebrado en Oviedo en el que, pese a todo, aseguró que en esta legislatura van a «sentar las bases de la gran transformación que necesita España hasta el 2030». Reclamaba así doce años más de mandato socialista para poder llevar a cabo su proyecto político. «Nuestro objetivo es la justicia social y nuestro horizonte el 2030», insistió.

A pesar de admitir las dificultades de gobernar con solo 84 escaños de los 350 del Congreso, señaló que su llegada al Ejecutivo no es un mero «accidente» como, según dijo, pretenden algunos, y que en este mandato no se quedará «de brazos cruzados». Destacó que, aunque no pueda hacer por ahora todas las reformas que prometió, sí ha podido tomar en este tiempo medidas de justicia social como la universalización de la sanidad pública. De cara al futuro inmediato, su intención es profundizar en esa línea con otras medidas sociales como revertir los recortes en educación, una transición energética «justa» y un plan de choque contra el desempleo juvenil que no concretó. 

Mejores pensiones sin déficit

Sánchez reconoció que el PSOE tampoco tiene una mayoría suficiente de presidentes autonómicos para abordar con garantías una reforma de la financiación de las comunidades, pero aseguró que los socialistas no se van a quedar «parados» hasta las elecciones autonómicas del 2019 y se comprometió a mejorar los recursos de las comunidades y los ayuntamientos mientras no se pueda reformar el modelo actual. Algo para lo que sí considera que dispone de mayoría suficiente.

En lo económico, el líder socialista aseguró que su prioridad es alcanzar un acuerdo que permita sacar adelante unos Presupuestos Generales del Estado para el año 2019. Y garantizó que con esas cuentas públicas «los pensionistas mantendrán su poder adquisitivo». «Es posible tener una Seguridad Social con superávit y unas pensiones dignas conformes al IPC. Y la única formación política que lo puede garantizar es el PSOE», señaló, en referencia a quienes ven incompatible el cumplimiento del objetivo de déficit al que Sánchez se ha comprometido con la Unión Europea con las reformas fiscales que ha pactado con el líder de Podemos, Pablo Iglesias.

Pero los mayores aplausos de los militantes socialistas asturianos se los llevó ayer Sánchez al aludir a cuestiones de carácter simbólico, como cuando anunció que el Congreso aprobará este jueves el decreto mediante el que se propone retirar los restos de Franco del Valle de los Caídos. «Después de 40 años ya iba siendo hora de que se aprobara un real decreto ley para exhumar al dictador», proclamó.

Con la vista puesta ya en las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas, que consideró «muy importantes» para el PSOE, reclamó la movilización de todo el partido. Sánchez considera posible que los socialistas sean la primera fuerza política en esos comicios y aseguró que cuantos más alcaldes y presidentes tenga el partido «más fuerte» será el cambio.

Más expectativas de futuro que objetivos alcanzados

G. B.
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Una legislatura que mira a las próximas elecciones

Nunca un presidente había llegado al Gobierno con menor número de escaños en el Congreso. Una situación de precariedad parlamentaria que, unida al hecho de que varios de los grupos que apoyaron la moción de censura de Pedro Sánchez no actúen precisamente como aliados y a las numerosas rectificaciones en las que ha incurrido el Gobierno, provoca que al hacer balance de sus primeros cien días como presidente tuviera que centrarse mucho más en sus aspiraciones de cara al futuro que en los logros alcanzados en estos primeros tres meses. De ahí que a la «coherencia» y el «diálogo» que durante la moción de censura prometió que guiarían la acción de su Gobierno ayer añadiera las virtudes de la «ambición», pero también del «realismo». Consciente de que la debilidad parlamentaria puede ser un lastre de cara a las próximas citas electorales, Sánchez pretende poner el acento, si no en sus logros, sí en su aspiración de una futura «justicia social». Y, sobre todo, en mirar también al pasado para que su mandato se visualice como un cambio profundo respecto a la anterior etapa, más allá de que consiga o no sacar adelante sus proyectos. «Fijaos de dónde venía España, de tener un presidente del Gobierno que decía que no era asunto suyo la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, de la televisión pública con sus viernes negros, de la corrupción política», insistió ayer. 

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