madrid / colpisa

Ceuta vivió ayer uno de los asaltos a la valla más violentos de los que se recuerdan. «Nos hemos visto bajo una verdadera tormenta de excrementos, sangre, cal viva y ácido», denunciaron los agentes de la Guardia Civil, incapaces de frenar la avalancha de unos 300 subsaharianos que intentaron entrar a la fuerza en la ciudad autónoma. Al final, al menos 116 inmigrantes consiguieron llegar a territorio español, dejando tras de sí a siete agentes del instituto armado heridos leves.

Las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes se temían una madrugada caliente. Diversos grupos de subsaharianos se habían aproximado al perímetro en las últimas horas de ayer, lo que hacía esperar un asalto nocturno. Pero finalmente, la avalancha humana se desencadenó a las nueve de la mañana, a plena luz del día, algo infrecuente. Los inmigrantes esperaron a que, en la parte marroquí, las fuerzas auxiliares del país vecino relajaran la vigilancia al comenzar los rezos colectivos al aire libre de la Musal-la, que marcan el inicio de la Fiesta del Sacrificio o del Cordero (Pascua musulmana), festivo local también en Ceuta. El grupo de subsaharianos se dirigió en tromba a la zona Finca Berrocal, el mismo lugar por donde el pasado 26 de julio lograban acceder 602 inmigrantes, en la mayor entrada ilegal del año.

Los inmigrantes, en una acción «perfectamente coordinada», no se encaramaron a la valla, sino que usaron la misma técnica del mes pasado. Un contingente, armado con cizallas y otras herramientas como mazos de gran tamaño, se dedicó a hacer agujeros de grandes dimensiones en la malla del triple vallado y a forzar las puertas, mientras el resto de los africanos intentaba mantener a raya a las decenas de guardias civiles que se personaron en la zona con el lanzamiento de piedras, bolsas de cal viva, botellas con ácido de baterías de coches, bolas de heces humanas y botes con sangre humana. Durante el enfrentamiento entre los asaltantes al menos siete funcionarios resultaron heridos, casi todos por haber sido rociados con cal viva.

Los agentes tuvieron que ser tratados en el Hospital Universitario para, sobre todo, lavarles los ojos. Dos de los funcionarios sufrieron lesiones que les han impedido reincorporarse a sus puestos. Cinco de los inmigrantes también necesitaron asistencia médica por cortes y contusiones, fundamentalmente. En la parte marroquí varios de los agentes, que lograron contener a buena parte de los inmigrantes, también resultaron lesionados. Los subsaharianos que lograron entrar a territorio nacional llegaron a la carrera al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), que ya se encontraba colapsado tras el asalto del pasado 26 de julio y en cuyo exterior ya había instaladas tiendas de campañas para acoger a los extracomunitarios.

Falta de medios

El mayor colectivo profesional de la Guardia Civil, la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) denunció la falta de personal y la falta de medios de los agentes desplegados en la ciudad autónoma. La AUGC reclamó a Interior que dote a los funcionarios de escudos para repelar los productos químicos y que autorice el uso del material antidisturbios. Según el colectivo, los funcionarios destinados en Ceuta viven con una «sensación de abandono institucional, rabia e impotencia».

La Guardia Civil se apresuró a destacar que sí que ha habido refuerzos en las ciudades norteafricanas. Según el instituto armado, recientemente han sido trasladados a Ceuta unos 60 agentes de la Agrupación de Reserva y Seguridad. A Melilla se han desplazado un número semejantes de guardias civiles y un helicóptero.

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«Ha sido una verdadera tormenta de excrementos, sangre, cal viva y ácido»