Los centros de culto siguen sin control

Pese al refuerzo anunciado tras los atentados de Barcelona, solo son vigilados un 10 % de los locales islámicos, muchos de enseñanzas radicales, y los imanes campan a sus anchas

.

Madrid / Colpisa

El 7 de septiembre del año pasado, solo veinte días después de los atentados de Barcelona y Cambrils, el Ministerio del Interior anunció como una de sus medidas estrellas el refuerzo de los controles sobre los imanes y las mezquitas de toda España. En la mesa de los expertos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) estaba la fotografía del imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, el líder religioso que había convertido en terroristas (y en tiempo récord) a ocho jóvenes de esta localidad gerundense. Sin embargo, la realidad no ha llegado tan lejos. En el año transcurrido desde los ataques terroristas, las fuerzas de seguridad del Estado no han conseguido, ni de lejos, controlar las enseñanzas que se imparten en los centenares de centros de culto u oración musulmanes de España, según reconocen sin ambages mandos de los servicios antiterroristas tanto de la Policía Nacional como de la Guardia Civil. Sin refuerzos en la plantilla -y mucho menos de agentes musulmanes nativos que infiltrar-, la situación es «solo algo mejor» que el 17A. La realidad es que Interior solo tiene capacidad para controlar (y no de cerca) a la décima parte de los centros de culto musulmanes.

Solo 200 vigilados

Según informes en poder del Ministerio del Interior, en España, habría entre 2.100 y 2.200 centros musulmanes de muy diversa naturaleza, origen, financiación y funcionamiento. Y solo 200 pueden ser vigilados «con cierta asiduidad», de acuerdo con las diversas fuentes consultadas. Solo un millar de policías y guardias civiles de los servicios antiterroristas tiene capacidad de, al menos, entender o «interpretar» las prédicas.

Mezquitas, reconocidas como tales, solo hay una docena: Madrid, Valencia, Málaga, Granada, Ceuta y Melilla. Ninguna en Cataluña, donde se concentra el 20 % de la población musulmana del país. El grueso de los centros a los que cada día acuden los casi dos millones de seguidores del islam residentes en España son solo lugares de culto, de acuerdo a la denominación que les otorga el Directorio del Observatorio del Pluralismo Religioso en España, dependiente del Ministerio de Justicia y que es la base de datos más importante (y la única seudooficial) con la que cuenta las fuerzas de seguridad.

Seudooficial porque Justicia advierte de que la inscripción en este censo no tiene ningún «efecto jurídico» y, ni mucho menos, equivale a un marchamo de enseñanzas legales. Según esta base de datos, en España hay 1.586 establecimientos religiosos musulmanes, la mayoría inscritos como asociaciones religiosas o centros culturales. En su mayoría son garajes o locales comerciales reconvertidos en improvisadas mezquitas. Aunque no todos. «Las estadísticas de cuántos de estos centros son meros puntos de reunión, escuelas o templos simplemente no existen», se queja un mando de la policía. Cataluña encabeza la lista con 311 establecimientos, seguida de Andalucía (244), Comunidad Valenciana (216) y Madrid (126).

Abdelbaki Es Satty fue líder religioso de uno de estos centros reconocidos por la Administración, la Comunidad Islámica de Annour de Ripoll. A pesar de constar en las bases de datos de Justicia, sus enseñanzas nunca fueron vigiladas. Y eso, a pesar de sus antecedentes por sus conexiones yihadistas en España o Bélgica. En octubre del 2016, dos imanes de otro de estos centros reconocidos por Justicia fueron detenidos en Ibiza por adoctrinar a niños en la yihad. Pero es que a esta cifra, ya inabarcable para los investigadores, hay que sumar los locales que están absolutamente fuera de control de la Administración. Los expertos de Interior calculan (es solo una estimación) que en España podría haber cerca de otros 600 centros religiosos musulmanes totalmente opacos. Un informe de mayo del 2016 de la Agencia de Inteligencia y Consultoría de Seguridad (AICS) elevaba a 800 estos establecimientos en España. Ese documento ponía el acento en la existencia de «mezquitas encubiertas» en todo tipo de lugares, desde pisos particulares hasta «trastiendas de carnicerías» halal, es decir que venden productos considerados legales por la doctrina islámica. En cualquier caso, «un universo paralelo al que casi nunca logramos acercarnos», en palabras de un agente de la Comisaría General de Información.

Enseñanzas salafistas

Según estimaciones de las fuerzas de seguridad, entre el 6 y el 7 % de los centros (tanto oficiales como opacos) impartirían enseñanzas salafistas (radicales), «lo que no quiere decir yihadistas», según los agentes. Aun así, destacan los operativos, más de un centenar de estos establecimientos podrían ser «potencialmente peligrosos» por impartir adoctrinamiento cercano a grupos radicales como Estado Islámico, Al Qaida, Justicia y Caridad, Hermanos Musulmanes Tabligh Wal Dawa y Dawa’t Islami. «Si apenas existe supervisión oficial sobre los centros, menos todavía sobre los imanes», denuncian en la Jefatura de Información de la Guardia Civil. «La realidad es que cualquiera puede subirse a un púlpito en una mezquita», confirman los expertos. A diferencia de otras religiones, en la musulmana no hay una «figura reglada», como pudieran ser los sacerdotes en el cristianismo. Los mandos de la lucha antiterrorista, que cifran en no menos de 1.200 los imanes que se mueven por toda España, llevan años denunciado esta falta de legislación (que no ha cambiado desde el 17A) y que lleva a muchas comunidades a escoger como imán a cualquier persona sin ningún tipo de estudios por el mero hecho que tenga intención de dedicar tiempo al centro y que esté dispuesto a no cobrar (o muy poco) por ello, como fue el caso de Es Satty en Ripoll.

Una regulación frustrada por los desencuentros entre las asociaciones

Las cuatro principales asociaciones islámicas de España -«grandes aliadas contra el radicalismo», según remarcan en el Ministerio del Interior- han señalado como imprescindible reglar la «profesión de imán». Sin embargo, en este último año, nada se ha avanzado. Los desencuentros entre la Unión de Comunidades Islámicas de España, la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, la Federación Musulmana de España y la Comisión Musulmana de España no han ayudado y han imposibilitado, por falta de consenso, legislar los líderes religiosos y los centros. 

Disminuyen drásticamente las alusiones a España en la propaganda yihadista

Los atentados de Barcelona y de Cambrils fueron reivindicados unos días después por el Estado Islámico, que aprovechó para hacer público un vídeo en el que, por primera vez, dos portavoces de la organización hablaban en castellano para amenazar con nuevos atentados en España. «Con el permiso de Alá, Al Ándalus volverá a ser lo que fue, tierra de califato», decía quien era identificado como El Cordobés, nacido el 18 de agosto de 1995, y que enseguida se supo que era el hijo de la Tomasa, una malagueña que había huido con sus hijos al autodenominado califato del Estado Islámico. Aquel vídeo supuso el punto álgido de las amenazas a España. Las menciones a Al Ándalus en la propaganda yihadista no ha hecho más que descender desde entonces. Tras el auge experimentado en los dos años anteriores (44 menciones en el 2016 y 32 en el 2017), en los siete primeros meses de este año únicamente se la ha mencionado en ocho ocasiones, según los datos de un informe del Instituto de Seguridad y Cultura, titulado El estado de la yihad online un año después de los atentados de Barcelona y Cambrils, firmado por Manuel R. Torres Soriano, profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y miembro del Consejo Académico del Instituto de Seguridad y Cultura.

Declive del Estado Islámico

De acuerdo con el estudio, recogido por Europa Press, el impulso del protagonismo de España en el discurso yihadista en las últimas dos décadas es producto fundamentalmente de los atentados del 11 de marzo del 2004 en Madrid, que «generaron una onda expansiva de carácter propagandístico» que «llega hasta nuestros días con una intensidad similar». Otro factor posterior fue la fundación de la filial de Al Qaida en el Magreb, que se ven a sí mismos como herederos de los conquistadores árabes que tomaron el control de la Península Ibérica en el siglo VIII. Y, finalmente, influyó la irrupción del Estado Islámico, que fue el grupo que mayor número de menciones ha hecho a España en los últimos años. Y es precisamente el declive del Estado Islámico el que explica el desplome del número de menciones. El informe dado a conocer ayer concluye que su aparato de propaganda «es solo la sombra de lo que un día llegó a ser», debido al retroceso territorial experimentado en los últimos dos años.

 

La comunidad islámica

Centros de culto

En España hay, según estimaciones no del todo precisas, unos 2.200 centros musulmanes. De ellos, entre 600 y 800 son totalmente opacos. Cataluña es la comunidad con mayor número de estos locales, seguida de Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid. 

Mezquitas

Reconocidas como tales, solo hay en Madrid, Valencia, Málaga, Granada, Ceuta y Melilla.

Imanes

Se estima que hay unos 1.200 imanes. Al no haber ninguna regulación, puede serlo cualquiera, sin control alguno.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos
Comentarios

Los centros de culto siguen sin control