El rey hace frente a la hostilidad secesionista

Con el respaldo pleno del Gobierno, acudirá el viernes al homenaje a las víctimas del 17A pese al rechazo de un sector del soberanismo, que se ha vuelto a dividir por esta causa

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Madrid / Colpisa

Felipe VI acudirá este viernes a Barcelona para asistir a los actos conmemorativos del primer aniversario de los atentados yihadistas en la capital catalana y en Cambrils (Tarragona). El encargado de confirmar su presencia fue el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que buscó normalizar la asistencia del rey sin que esta quedase al azar de negociación alguna con la Generalitat. «Es el jefe del Estado, puede ir donde quiera», legitimó Sánchez. Los independentistas, con el presidente de la Generalitat a la cabeza, llevan meses haciendo saber al monarca que en Cataluña, en lo que al independentismo se refiere, no es bien recibido. El contundente discurso que dirigió a la nación el pasado 3 de octubre, en el que acusó a la Generalitat de «deslealtad inadmisible» y en el que allanó el camino a la aplicación del artículo 155 sigue escociendo en el sector rupturista. El propio Quim Torra ya subrayó hace unos días que la Generalitat no había invitado a Felipe VI al aniversario del 17A, y que, pese a que compartirá espacio durante el homenaje tanto con él como con el jefe del Ejecutivo, mantiene su intención de no acudir a ningún acto organizado por la corona. «Ya no es el rey de los catalanes», es el último latiguillo del mandatario autonómico. Pero el Gobierno y todos los partidos constitucionalistas, desde el PP hasta Podemos, han defendido la pertinencia del gesto del monarca. «Vamos a estar todos, desde el primero hasta el último; contra el terrorismo no hay fisura posible», zanjó Sánchez el sábado durante la rueda de prensa que compartió con la canciller Angela Merkel

En un lugar secundario

El Gobierno y los líderes del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera, entre otras personalidades, arroparán al jefe del Estado, que ocupará un discreto segundo plano durante el acto institucional por los ataques yihadistas. El Ayuntamiento de Ada Colau ha organizado un homenaje a todas las víctimas que relega a las autoridades a un papel secundario para evitar cualquier veleidad política. El acto comenzará con una ofrenda floral sobre el mosaico de Joan Miró situado en las Ramblas donde la ciudadanía depositó velas y flores tras los ataques. Después, las cinco escuelas municipales de música y el conservatorio ofrecerán un concierto y, posteriormente, harán lecturas de poemas en los siete idiomas de las víctimas mortales (catalán, castellano, inglés, francés, portugués, italiano y alemán).

Como ocurrió hace un año, un amplio sector del independentismo quiere convertir este homenaje en un escenario para exhibir su fuerza y plantear sus reivindicaciones. Los llamados Comités de Defensa de la República (CDR) y amplios sectores del PDECat están difundiendo la consigna, a través de sus redes internas, de que el 17A debe convertirse en el día del rechazo a la monarquía. Entre las iniciativas que se manejan figuran la de asistir al acto de plaza de Catalunya llevando esteladas, luciendo máscaras con los rostros del exconsejero de Interior Joaquim Forn, o del exmayor de los Mossos Josep Lluís Trapero, o dando la espalda al monarca durante todo el acto. Del boicot antimonárquico se han desmarcado ya la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, que no quieren tensionar más el acto ni restar protagonismo a las víctimas y a los cuerpos policiales. En el pasado, ambas entidades independentistas han participado activamente en caceroladas o pitadas en contra del monarca. Ahora coinciden en intentar separar las dos reivindicaciones, si bien no desisten de sus críticas al rey.

Mientras los secesionistas se dividen en torno al 17A, la principal asociación en defensa de la unidad de España, Sociedad Civil Catalana, ha convocado a todos los ciudadanos para que asistan a la manifestación de forma silenciosa y sin consignas ni banderas.

La hostilidad de Torra

El rey ya estuvo presente en la movilización del 26 de agosto del año pasado en Barcelona, nueve días después de los atentados, a la que además acudieron los líderes de todos los partidos y los presidentes autonómicos acompañando a las víctimas y a las alcaldesas de Barcelona y Cambrils. El monarca y el entonces jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, fueron recibidos con sonoros abucheos y pitidos en un ambiente que ya había pasado página de los atentados y estaba más pendiente del referendo soberanista del 1-O.

Desde entonces, los agravios y desplantes desde la Generalitat al monarca se han intensificado. La última vez que el jefe del Estado viajó a Cataluña fue con motivo de los Juegos Mediterráneos y la entrega de los premios Princesa de Girona, que tuvieron que celebrarse finalmente en un recinto privado porque la alcaldesa gerundense, de JxCat, vetó el uso del pabellón municipal en el que se habían entregado en años anteriores. En el primer acto, Torra se esforzó por demostrar su rechazo al monarca entregándole un libro con imágenes de la consulta ilegal del 1-O. En el segundo, el presidente catalán escogió como ofensa no asistir. Pero el rey no entró en las provocaciones del político independentista y ratificó su «compromiso con una Cataluña de todos y para todos».

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