La célula de Ripoll planeaba acciones terroristas en la Sagrada Familia y el Nou Camp


madrid / colpisa

L Los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils del 17 y 18 de agosto de 2017 siguen plagados de incógnitas un año después. Los Mossos d’Esquadra, la Guardia Civil y la Policía, es cierto, han logrado, con mucha precisión, reconstruir los movimientos de los doce terroristas involucrados en los días inmediatamente anteriores y posteriores a los ataques que provocaron 16 víctimas mortales y un centenar de heridos, pero apenas han conseguido datos que vayan más allá. Doce meses después, la investigación judicial que dirige el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andréu deja todavía «grandes lagunas» en un caso que sigue totalmente abierto. Este lunes declaran dos testigos protegidos en el juzgado.

El objetivo. Un año después, admiten desde los servicios antiterroristas de Interior y de la Generalitat, se desconoce cuáles eran los objetivos primigenios de la célula de Ripoll. Lo único confirmado es que el objetivo original no eran los atropellos masivos de Las Ramblas (consumado) y del paseo de Cambrils (fallido). Todos los cuerpos policiales coinciden en que aquellos ataques se improvisaron tras el estallido el miércoles 16 de agosto en una casa de la urbanización Montecarlo de Alcanar (Tarragona) de los 200 kilos de explosivo que los terroristas estaban fabricando. Las hipótesis son varias. La más factible es la de una cadena de atentados usando las tres furgonetas que llegaron a alquilar y el camión que no lograron rentar. El único superviviente del núcleo duro de la célula, Mohamed Houli, no ha confesado nunca. Los yihadistas buscaron en sus dispositivos en los días anteriores a su muerte información sobre la Sagrada Familia, del Nou Camp y de varias discotecas.

Metodología del ataque frustrado. La fórmula del ataque o ataques tampoco está clara un año después. Sin duda pretendían usar los 200 kilos de explosivos y el más de centenar de bombonas que acumulaban como artefactos en uno o varios vehículos, pero las bombonas de gas no hubieran servido para ampliar el efecto del triperóxido de triacetona (TATP, Madre de Satán). Los terroristas llegaron a tener tres furgonetas simultáneamente alquiladas, aunque también intentaron alquilar un camión. Al margen del presunto uso de vehículos-bomba, los vídeos rescatados entre los restos de Alcanar mostraron la fabricación de explosivos caseros en cilindros para colocar en cinturones bomba, que los yihadistas ya habían adquirido. La fabricación de estos dispositivos solo puede apuntar a que la célula también tenía planeados ataques suicidas.

Vínculos internacionales. Los expertos no descartan que la célula de Ripoll tuviera contactos exteriores, pero lo cierto es que, hasta el momento, todas las investigaciones internacionales han acabado en vía muerta. La pista belga es la más sólida, el imán de Ripoll estuvo en la localidad de Vilvoorde, al norte de Bruselas, donde hizo saltar las alarmas por sus discursos radicales. Las investigaciones de Interior en Bélgica no han dado resultados. Los viajes a Francia de dos miembros de la célula -Younes Abouyaaqoub y Omar Hichami- tampoco han sido aclarados. Los servicios antiterroristas galos no han podido confirmar que se reunieran con alguien en la capital del Sena. Hasta la fecha, no han encontrado pruebas de que la célula mantuviera «contacto directo» con el Estado Islámico, que reivindicó como propios los atentados a las pocas horas.

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