Los 60 inmigrantes llegados en el Open Arms a Barcelona proceden de 14 países

La oenegé carga contra la UE y exige que le dejen salvar vidas en el Mediterráneo


barcelona / colpisa

Cantando, contentos, dando gracias a España por darles refugio, cansados y desorientados y con una nueva vida por delante, llena de incertidumbres, eso sí, de ahí su preocupación. Así llegaron ayer al puerto de Barcelona los 60 inmigrantes que el barco de la oenegé española Proactiva Open Arms rescató a 33 millas náuticas de la costa de Libia y que Italia y Malta se negaron a acoger en sus puertos. Acababa para ellos una larga travesía que pudo derivar en tragedia, como las 1.400 personas que han muerto este año en el Mediterráneo intentando huir de su país para buscar una vida mejor, pero que en este caso tuvo un final feliz. Al menos de momento.

Después de cuatro días, el barco atracaba en el puerto barcelonés con las 60 personas rescatadas en buen estado de salud, ya que ninguno necesitó ser hospitalizado. Son 50 hombres, cinco mujeres y cinco menores, tres de ellos no acompañados. Los varones fueron alojados en la residencia para deportistas Joaquín Blume, en Esplugas de Llobregat (Barcelona), que gestiona la secretaría catalana del deporte de la Generalitat. En el caso de las mujeres, fueron trasladadas a centros de Barcelona y Manresa, aunque desde el Ayuntamiento de la Ciudad Condal evitaron dar más detalles, mientras que los tres menores que viajaban solos están bajo tutela de la Dirección General de Atención a la Infancia de la Generalitat. El barco amarró en el puerto de Barcelona hacia las once de la mañana y tres horas después el último de los rescatados descendía por la escalinata que le daba acceso a Europa. Es posible que no haya acabado aún su largo viaje. Todos ellos tienen un permiso provisional de estancia legal en España de 30 días. En el caso de los que desembarcaron del Aquarius en Valencia fueron 45 días. Este permiso evitará a los inmigrantes ingresar en el CIE y les permitirá iniciar los trámites para pedir asilo o decidir si quieren proseguir su viaje, ya que algunos tienen familiares en Alemania y otros países europeos. Son sesenta personas de catorce nacionalidades distintas: ocho palestinos, ocho de Sudán del Sur, tres de Mali, cinco sirios, uno de Burkina Faso, otro de Costa de Marfil, cuatro eritreos, ocho egipcios, tres de la República Centroafricana, dos de Camerún, dos etíopes, seis libios, ocho de Bangladés y un guineano. 

Colón saluda al barco

El director de la oenegé, Óscar Camps, expresó su «tristeza» porque el martes murieron 63 personas y no pudieron hacer nada. «Llevamos solo 60 personas, pero podríamos haber salvado 300 más», dijo. «Vienen de sufrir abusos, explotación, tortura, violaciones y esclavitud en Libia» aseguró. Camps cargó contra el Gobierno italiano y las políticas migratorias de la UE. «En el mar no hay migrantes, hay navegantes y náufragos», dijo. «Queremos seguir salvando vidas», advirtió a los Gobiernos europeos, como el italiano, que ha cerrado sus puertos.

Auxiliados otros 70 de tres pateras

Salvamento Marítimo rescató ayer en el Estrecho a 70 inmigrantes que viajaban a bordo de tres pateras y los trasladó al puerto de Tarifa (Cádiz). La primera embarcación fue localizada a once millas al sur de Barbate, con 45 personas a bordo, 31 hombres, diez mujeres y cuatro menores, todos ellos de origen subsahariano. En la misma posición fue hallada otra patera con 17 tripulantes, doce hombres, cuatro mujeres y un menor. Por otra parte, la Salvamar Arcturus rescató a ocho menores de origen magrebí de una embarcación localizada seis millas al suroeste de Punta Paloma, en Tarifa, tras recibir una llamada de alerta del 112.

Ana Miranda: «Rescatámolos en terribles condicións, foi moi dramático»

C. P.

Tras dez días a bordo dos barcos Astral e Open Arms, a eurodiputada do BNG, Ana Miranda, desembarcou onte no porto de Barcelona, xunto á tripulación da oenexé e os 60 migrantes que rescataron nas augas libias o pasado 30 de xuño. Asegura que se lle encolleu a alma ao escoitar as historias persoais dalgúns deles: «Para eles chegar á balsa xa é chegar ó paraíso». 

-Tivo oportunidade de falar cos superviventes?

-Si. Sobre todo coas mulleres e un neno pequeno. Os recollemos dunha balsa en terribles condicións o día 30. É xente que chega sen nada. Nin pasaporte nin mochilas nin calzado.

-Contáronlle por que decidiron emprender a travesía?

-Si, son historias moi interesantes e terribles. Un mozo de Burkina Faso aínda tiña protuberancias feitas por un kalashnikov dos libios. Levaba ano e medio sen ver a luz do sol. Tamén coñecín a uns rapaces palestinos que saíron hai un ano de Gaza, atravesaron Exipto e estiveron trece días nunha praia libia sen comer esperando por una balsa. Sabendo que moitas non chegan a Europa. Para eles iso é unha lousa pero me dicían que chegar á bolsa era como chegar ó paraíso. Queren ter unha vida normal, coma todos.

-Para a UE son «migrantes económicos». Teñen esperanza de conseguir asilo?

-A maioría son casos de asilo porque recibiron torturas nos cárceres libios, foron sometidos a traballos forzados e escapan de guerras nos seus países.

- Foi fatigoso o traballo a bordo?

-Foi unha experiencia incrible ver o rescate. Recibimos a chamada o pasado domingo e fomos en auxilio. A garda costeira libia apareceu máis tarde, a dúas millas. Sempre hai un pouco de competición por chegar ó lugar. A bordo fixemos labores de limpeza. A comida e os medicamentos comezaron escasear porque o barco está pensado para desembarcar en portos cercanos, en Malta ou Italia. A asistencia médica foi a cargo dunha enfermeira e unha doutora. Teño que felicitar ós voluntarios pola súa implicación humana e psicolóxica.

- Este é o segundo desembarco en portos españois tralo peche de portas decretado por Italia. As chegadas á Península multiplícanse. Cre que é sostible a longo prazo?

-Esta non é a solución, é clarísimo. Trátase dunha situación excepcional e humanitaria. A solución ten que ser comunitaria porque isto irá en aumento.

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