washington / colpisa

España sorteó ayer la tormenta internacional que ha provocado Donald Trump en su año y medio de Gobierno al convertirse en modelo de relaciones bilaterales, según dijo el intempestivo mandatario al recibir a Felipe VI en el Despacho Oval. «Nuestra relación ha sido extraordinaria a lo largo de los años y especialmente ahora», destacó Trump. «Excelentes relaciones comerciales, militares, prácticamente todo lo que se puede tener», dijo.

El mandatario estadounidense y su esposa, Melania, salieron a recibir al monarca y a la reina Letizia justo cuando los cielos de Washington empezaban a descargar lluvia. Hoy regresan a España. Convaleciente de una operación, la aparición de la primera dama era un esfuerzo extraordinario que capturó la atención de la prensa, que apenas la ha visto en público en el último mes. Mientras los dos jefes de Estado discutían las relaciones bilaterales, sus esposas tomaron té.

El rey contó al presidente estadounidense el recorrido que empezaron el jueves en Nueva Orleáns y San Antonio, dos ciudades con solera española que celebran su tricentenario. El monarca destacó los orígenes comunes, pero, «sobre todo, los valores democráticos que compartimos». Encantado con España, Trump, que fue invitado el año pasado a visitar nuestro país por el Gobierno de Mariano Rajoy, reiteró su interés en visitar España ahora como presidente de EE. UU. «Estuvimos no hace tanto y nos encanta. Es un pueblo muy especial y un país muy bonito, iré a España».

No tuvo palabras de respaldo a la unidad de España, como en septiembre pasado durante la visita de Rajoy, cuando dudó de que los catalanes quisieran separarse «de un país tan bonito y con tanta historia». Esta vez Cataluña «no está en la agenda», zanjaron fuentes diplomáticas. De hecho, Trump ignoró las preguntas de los medios al respecto. No había necesidad de forzar pronunciamientos, aunque el ministro de Exteriores, Josep Borrell, reconoció que habrá que hacer un mayor esfuerzo pedagógico para desmentir las falsedades difundidas sobre el órdago independentista. En su primer viaje al extranjero como ministro, se reunió con el presidente del Banco Mundial, Jim Yong King, y el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo.

El rey trasladó a Trump la preocupación europea por los aranceles impuestos al acero y al aluminio, a los que podrían seguir los automóviles y otros productos, pero no entró en temas concretos como la aceituna negra, que dejó al ministro, como la demanda de Trump de que España aumente su contribución al presupuesto de la OTAN.

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Trump: «Es un pueblo muy especial y un país muy bonito, iré a España»