Sánchez sufre su primer revés en una semana con el cese de Màxim Huerta

Màxim Huerta se ve obligado a dimitir como ministro de Cultura tras conocerse que había sido condenado por defraudar a Hacienda 218.000 euros entre el 2006 y el 2008

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madrid / la voz

Se acabó el cuento de hadas en el que vivía instalado Pedro Sánchez desde su llegada a la Moncloa. El presidente del Gobierno tuvo que afrontar este miércoles su primera crisis, que se saldó con la dimisión del ministro de Cultura y Deporte. Màxim Huerta no consiguió cumplir ni una semana en el cargo tras haber salido a la luz una condena a la que tuvo que hacer frente el pasado año por defraudar a Hacienda 218.332 euros con una sociedad que constituyó en el 2006, cuando trabajaba como presentador de televisión. Huerta tributó por el impuesto de sociedades entre el 2006 y el 2008, cuando en realidad le correspondía hacerlo mediante el IRPF, con una carga impositiva muy superior. Finalmente, con recargos e intereses, tuvo que abonar un total de 365.938 euros. La persona que se hará cargo de su cartera será el almeriense José Guirao, un especialista en gestión cultural con un perfil mucho más discreto.

Sánchez no resistió la presión del resto de los grupos políticos, que a lo largo de todo el día le exigieron la cabeza de su ministro como muestra de ejemplaridad, especialmente tras su mensaje de regeneración democrática con el que logró que prosperara la moción de censura. Y Huerta acabó cayendo: muy en contra de su voluntad, pasará a la historia como el ministro más breve de la democracia española. A primera hora del día ofreció explicaciones del asunto, descartando que fuese a presentar su dimisión. Pero las presiones de todos los flancos no aflojaban, muestra de la debilidad del terreno sobre el que está construido este Gobierno. La oposición no tenía pensado dejar pasar el tema. Ni siquiera posponerlo, debido a su coincidencia con la destitución del seleccionador de fútbol a dos días del Mundial y el anuncio de que Urdangarin no logrará eludir la prisión.

Al final, Huerta convocó a los medios para anunciar su marcha. «He pagado dos veces: la primera, abonando la multa. Y pago ahora por segunda vez, consciente de que la inocencia no vale de nada ante esta jauría», dijo, acusando al resto de los partidos políticos y a los medios de comunicación de haber propiciado su salida. «Me voy para que el ruido de toda esa jauría no rompa el proyecto [de Sánchez]».

El talón de Aquiles

Esta primera vía de agua en el Gobierno de Sánchez llega muy pronto y en su punto más débil. El equipo de ministros del que se rodeó el jefe del Ejecutivo fue señalado desde el primer día como preparado y equilibrado, y como su mejor cartel de cara a unas futuras elecciones. Pero muchas voces coincidieron en señalar un talón de Aquiles: el titular de Cultura y Deportes. Màxim Huerta demostró este miércoles que se marcha muy dolido por el rechazo con el que se ha encontrado desde su nombramiento. «Sabía que sería el blanco, consciente de las críticas por haber trabajado en un medio que todos ven y todos demonizan», comentó, denunciando la hipocresía de las élites culturales que lo menospreciaron por su pasado en televisión.

Huerta insistió en que no había cometido ninguna ilegalidad. «Como ya he explicado, estoy al corriente de mis pagos en Hacienda», dijo, tratando de explicar que la discrepancia entre su forma de pagar impuestos y lo exigido por el fisco se debe a una modificación de la ley. Unos cambios en la tributación que encuadró como parte de «una caza de brujas» impulsada por el primer Gobierno de Rajoy «contra los críticos» del PP, entre los que mencionó a artistas, periodistas y arquitectos, tres de las profesiones que más padecieron estas transformaciones. «No es una condena por fraude, es una multa porque perdí una demanda por reclamar mis derechos», trató de justificar. Huerta, que llegó al Gobierno hace menos de una semana, denunció los tiempos y las formas en los que vive instalada la política: «Vivimos en una sociedad ahogada por el ruido, por la desinformación interesada, donde las explicaciones no tienen cabida. Lo que importa es el bombardeo, que en realidad lo que busca es minar el proyecto de regeneración y de transparencia del presidente Sánchez. Y no voy a permitirlo», sentenció. «Me voy porque estoy muy convencido de que necesitamos transparencia, transparencia hasta cuando no hay nada turbio. Esa es la diferencia con los demás». Además se presentó como un mártir. «Para defender aquello que amas, a veces hay que retirarse. Y yo amo mucho la cultura», concluyó.

Unos 1.100 euros por tan solo seis días de trabajo

Seis días ha durado Màxim Huerta como ministro. El récord lo tenía hasta ahora José Luis García Ferrero, que fue ministro de Agricultura 81 días. Tomó posesión el jueves y este miércoles abandonó el cargo. En este tiempo solo ha tenido oportunidad de asistir a un Consejo de Ministros. Tras su dimisión, tiene derecho a una indemnización correspondiente al 80 % de su salario anual, 70.000 euros, prorrateado en los días que ha estado al cargo del departamento. Es decir, cobrará unos 1.100 euros.

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Màxim, el Breve. Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971) no ha logrado aguantar ni una semana al frente del Ministerio de Cultura y Deporte. El excolaborador del programa de Ana Rosa ya entró con mal pie en el Gobierno. Su hoja de méritos daba la nota en comparación con las del resto de los ministros que Sánchez eligió para armar su equipo: un astronauta para Ciencia y Universidades, la gallega avalada por Bruselas encargada de administrar un billón de euros al año... Y el que no tenía un currículo tan extraordinario, al menos está dentro del círculo de confianza del presidente en el partido, como el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, o la encargada de la política territorial, Meritxell Batet, nombres que forman parte de un complicado juego de pesos y contrapesos sobre los que se construyó este Gobierno. Pero, ¿Màxim? Muy pocos entendieron su nombramiento.

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