Una catedrática curtida en mil batallas será la nueva cara del Gobierno

K. Domínguez
madrid / colpisa

Isabel Celaá (Bilbao, 1949) se ha convertido en la nueva ministra de Educación y en la portavoz del Gobierno de Pedro Sánchez. El presidente la ha reclutado por su experiencia en la gestión de políticas de enseñanza y por su conocimiento de un mundo lleno de aristas y recovecos en el que se desenvuelve como nadie. Por su paso por el Gobierno vasco y por haber sido una las principales voces de la oposición en Euskadi. Haber estado a ambos lados de la barrera le ha permitido aprender a escuchar y a negociar, todo ello sustentado en una oratoria brillante y en su capacidad para dejar a un lado la crispación de los debates cuando estos terminan.

La comunidad escolar coincide en que Celaá siempre ha pisado fuerte en su terreno por su dominio del área, su formación -es licenciada en Filología Inglesa, Filosofía y Derecho y catedrática de Lengua y Filología Inglesa- y su experiencia laboral en los institutos.

Fue viceconsejera con Fernando Buesa entre 1991 y 1995 y antes había dirigido el gabinete de José Ramón Recalde en el departamento de Educación -tanto el atentado contra este último como el asesinato de Buesa la dejaron muy tocada-. Se ha curtido además en el Parlamento vasco y está acostumbrada a pelearse con los sindicatos. Es dura en la discusión y no regala méritos, pero nunca lo lleva a la parcela personal y encaja las críticas sin mover una ceja.

Patxi López no dudó en llamarla cuando fue lendakari en el 2009. Le encargó la misión de dirigir Educación y la convirtió en una de las integrantes del Gabinete con mayor peso político.

Aseguran quienes fueron sus estrechos colaboradores que la mayor preocupación de la nueva ministra es la búsqueda incesante de la «excelencia educativa», porque es desde donde deben sustentarse el progreso, la justicia y la igualdad social. Su apuesta por la formación permanente le granjeó el respeto de los círculos intelectuales, académicos y científicos.

A finales de septiembre, hizo un máster en diplomacia como presidenta de la comisión de ética y garantías. Los partidarios de Susana Díaz querían que la convocase tras la dimisión en bloque de diecisiete miembros de la ejecutiva y ella ejerció una defensa numantina de su territorio cuando la crisis había empezado a devorar a su partido. La ministra no dudó en situarse al lado del hoy presidente cuando todo estaba en su contra. Ahora es su voz en el Ejecutivo.

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