Y voló el sueño de la libertad de expresión

El régimen suspendió durante cuatro meses el «Madrid» por un artículo que de forma implícita demandaba la retirada de Franco


La imagen de la voladura del edificio del diario Madrid el 24 de abril de 1973 quedará como un símbolo de la represión de la libertad de expresión en las postrimerías del franquismo. El popular vespertino, convertido en referente del incipiente aperturismo en la etapa final de la dictadura, había publicado su último número el 25 de noviembre de 1971, tras el cierre ordenado por el Gobierno. Antes, hoy hace cincuenta años, fue secuestrado y suspendida su publicación por un artículo titulado «Retirarse a tiempo: No al general De Gaulle», firmado por Rafael Calvo Serer, presidente del diario. Era el punto álgido de una persecución política jalonada con «expedientes, sanciones y amenazas gubernamentales que empezó en 1967» y alcanzó a los periódicos que, como La Voz de Galicia, apostaban por las libertades, según explica Carlos Barrera, profesor de Periodismo de la Universidad de Navarra y autor del libro Diario Madrid, realidad y símbolo de una época.

«Lo que ha quedado claro es la incompatibilidad de un Gobierno personal o autoritario con las estructuras de la sociedad industrial y con la mentalidad democrática de nuestra época en el contexto del mundo libre», escribía Calvo Serer. Se refería a Francia, inmersa en el Mayo del 68, pero se podía leer como una demanda para que Franco dejara el poder. El articulista lo dejaba claro. «España -señalaba- mantiene una semejanza de situaciones sociales y políticas con el vecino país.». A partir de ahí, se sucedían los paralelismos: «Si a Francia se le presenta el problema de la sucesión de De Gaulle y del régimen de la V República, también con estas características está planteado en España». Calvo Serer se preguntaba quién habría de ser «el jefe del Estado que reuniera las mejores condiciones» para resolver esos problemas. «Demasiada dinamita, aunque en ningún momento se invitara de forma explícita a Franco a retirarse», afirma Barrera. 

Procesamiento

Miguel Ángel Gozalo tenía entonces 29 años y era subdirector del Madrid. Aquel día, el director, Antonio Fontán, estaba de viaje. «El artículo me lo pasó Calvo Serer, lo vi con Amando de Miguel, nos pareció fantástico y se publicó», relata a La Voz. «Era tan obvio que no hacía falta ni leerlo para saber qué quería decir», añade. El diario fue secuestrado ese mismo día. Aunque, como recuerda Barrera, «el secuestro administrativo no logró detener toda la distribución de los ejemplares y llegaron a bastantes puntos de venta». Al día siguiente, el régimen decretó la suspensión del diario durante dos meses, que se convirtieron en cuatro al reactivarse otro expediente anterior que no se había resuelto. «Fue un golpe duro que atemorizó al resto de la prensa», sostiene.

Gozalo fue procesado, al igual que el autor del artículo, en aplicación de la Ley de Orden Público. El fiscal pidió cuatro meses de cárcel, pero al final el caso se sobreseyó. «Las consecuencias fueron grandes para las cuentas del periódico, que no pudo contar con ingresos publicitarios ni de venta de ejemplares durante ciento veinte días, pero también fueron bastantes las personas que desinteresadamente ayudaron al diario para sufragar las pérdidas y que así pudiera reaparecer», relata Barrera.

Crítico dentro de lo posible

¿Qué representaba el diario? «Madrid fue, desde la apertura que supuso la nueva ley de prensa de 1966, el diario nacional que mostró más desapego con el régimen de Franco», asegura Barrera. «Fue crítico con el poder político en la medida que era posible, pues los márgenes de libre opinión e información eran borrosos y dependían fundamentalmente de la mayor o menor manga ancha de los Gobiernos o del entonces ministro de Información, Manuel Fraga», añade. «El Madrid iba a contracorriente, se hizo portavoz de lo que no existía, la oposición, y de lo que iba a venir, la Transición», señala Gozalo.

Calvo Serer y Fontán eran miembros del Opus Dei y pertenecían el consejo privado de don Juan de Borbón, abuelo del rey actual. «Sin renunciar a la monarquía como salida política del régimen, su propósito más inmediato era reformarlo desde dentro en un sentido democratizador, exprimiendo las posibilidades aperturistas que marcaban las leyes», afirma Barrera. «Para preparar ese futuro democrático aglutinó a jóvenes periodistas y decenas de colaboradores, de muy diverso pelaje ideológico, que vieron en el periódico un lugar de convergencia y discusión», señala. «Lo que más molestaba del Madrid era su tibieza en la adhesión al régimen, que se mostraba también día a día en las páginas de información», concluye.

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