El independentismo extiende su guerra de símbolos amarillos a toda Cataluña

Torra insta a los secesionistas a mantener la tensión en la calle de forma permanente


barcelona / colpisa

El color amarillo marca la actualidad catalana. No solo por lo que pasa en las playas, sino también en el Parlament y en las plazas y calles de media Cataluña. Después de los enfrentamientos de los últimos días, tanto en los arenales de Canet de Mar (Barcelona) y Llafranc (Gerona) como en la trifulca que protagonizaron los independentistas y Ciudadanos en el Parlamento por un lazo amarillo, la tensión regresó este domingo a la playa de Mataró, a Barcelona y a Lérida.

En la capital del Maresme, el Ayuntamiento había advertido que no permitiría una plantada de cruces amarillas en sus playas para «evitar el conflicto». La Generalitat había avisado de que un montaje de este tipo precisaba de autorización. Al final no hubo cruces de madera, como los cementerios de la semana pasada. Pero para burlar la legalidad, un centenar de personas convocadas por los Comités de Defensa de la República (CDR) colocaron toallas y bufandas formando cruces amarillas para reclamar la libertad de los secesionistas encarcelados.

Tensión sin enfrentamientos

No se produjeron los enfrentamientos de la semana pasada en Canet, en parte porque no acudieron los Grupos de Defensa y Resistencia (GDR), réplica antiindependentista de los CDR, que se proponen «limpiar» Cataluña de lazos amarillos. Pero sí hubo tensión y un hombre tuvo que ser conducido por los Mossos para evitar males mayores.

Las mismas cruces con toallas, pero con el rojo y amarillo de la bandera española, aparecieron en la playa de la Barceloneta, en la capital catalana, instaladas por un millar de personas que protestaban contra el «supremacismo» de Quim Torra. Todos ellos se manifestaron en la plaza Sant Jaume, de Barcelona, donde se vivieron momentos complicados.

Convocados por la plataforma que defiende Tabarnia, tiraron las vallas que protegen la entrada del Ayuntamiento, un policía cayó al suelo, intentaron entrar al edificio y reclamaron airadamente la retirada del lazo amarillo que luce en la fachada. Como en cientos de consistorios. Un agente urbano acabó quitándolo del balcón, pero ayer tarde volvió a lucir de nuevo.

Llamadas a la neutralidad

El tercer foco de tensión se produjo en Lérida, donde el alcalde de la ciudad, Ángel Ros, fue abucheado durante las fiestas de la localidad por una cincuentena de miembros de los CDR. Ros, que acompañaba al presidente de la Generalitat en su primera visita a la ciudad, ordenó a los servicios de limpieza que retiraran los lazos amarillos de las calles, después de recibir la carta que el delegado del Gobierno ha enviado a todos los alcaldes catalanes instándolos a garantizar la «neutralidad» del espacio público.

Quim Torra, en cambio, fue recibido con aplausos y pidió a Ros que no criminalice los lazos amarillos. «No puede ser que criminalicemos colores, expresiones o lazos amarillos; seamos respetuosos con los derechos civiles y políticos de los ciudadanos», señaló. Además, alentó a la ciudadanía a mantener la pugna en la calle, a no aflojar y mantenerse firme. «Ganaremos, sacaremos a los presos políticos de la prisión, ellos serán libres y el pueblo de Cataluña también».

Los Mossos investigan destrozos en la casa de un concejal de Ciudadanos 

Los Mossos d’Esquadra han abierto una investigación sobre el ataque perpetrado en la casa de un concejal de Ciudadanos en Sitges (Barcelona). El domicilio particular de Miguel Ángel Bastenier amaneció ayer con los cristales rotos, según las fotografías exhibidas por el edil. Las imágenes muestran los efectos de lo que parece el lanzamiento de un objeto contundente, posiblemente una piedra, contra los cristales de la vivienda, en la que estaba su familia. Bastenier presentó ayer mismo una denuncia ante la Policía Local, que ha remitido el caso a los Mossos.

Junqueras insta al presidente catalán a constituir un Gobierno «sin presos ni huidos»

 

La presión aumenta sobre Quim Torra, que ayer cumplió diez días desde su toma de posesión como presidente de la Generalitat. A Torra no solo le aprieta el Gobierno de Mariano Rajoy para que renuncie a tener en su equipo a cuatro consejeros que están en prisión o huidos de la Justicia, sino que esa presión también procede ya de sus socios de Esquerra, que le piden que dé pasos inequívocos para salir del bloqueo institucional.

Pero Torra no cede y está dispuesto a llegar a los tribunales para defender el Gobierno que ha confeccionado junto al prófugo Carles Puigdemont. El problema es que el jefe del Gobierno catalán no cuenta con el apoyo unánime del independentismo. «Aquí nadie es imprescindible; ahora hay que gobernar», avisó ayer Oriol Junqueras en La Vanguardia, en una entrevista realizada desde la prisión en la que permanece.

«Lo importante es el qué y no el quién», apuntó el presidente de Esquerra, que fija la posición oficial del partido en un momento en que el presidente de la Generalitat se ha propuesto dar la batalla contra la Moncloa para defender que Josep Rull, Jordi Turull, Luís Puig y Toni Comín puedan tomar posesión de sus cargo como consejeros pese a permanecer en prisión.

El aviso de Junqueras se produce días después de que Torra se armara de razones tras un dictamen del Consejo Jurídico de la Generalitat, una especie de consejo de Estado catalán, que concluyó que el Gobierno central está obligado a publicar el decreto de nombramiento de los consejeros en el diario oficial porque, de no hacerlo, incurría en un «incumplimiento» de la ley, y avaló además que los consejeros encarcelados y huidos pueden tomar posesión.

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