Iglesias y Montero ponen sus cargos en manos de las bases por la crisis del chalé

Consultarán a los inscritos de Podemos si deben seguir en sus puestos o dimitir

Agencias

«¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la secretaría general y de la portavocía parlamentaria de Podemos?». Esta será la pregunta a la que deberán responder los inscritos del partido después de que su secretario general y la portavoz parlamentaria del grupo de Unidos Podemos decidieran este sábado poner sus cargos en manos de las bases de su formación tras la polémica desatada por la noticia de que han adquirido un chalé en la sierra madrileña que les ha costado más de 600.000 euros y para lo que han suscrito una hipoteca por 540.000 euros, a pagar en treinta años, y en unas condiciones bastante favorables.

Aunque una parte de los dirigentes de Podemos consideran que se trata de un asunto de la vida privada de Iglesias y de Montero, y que han dado ya las explicaciones pertinentes sobre las condiciones económicas de la compra, las críticas públicas de Kichi, alcalde de Cádiz y líder de Anticapitalistas, una de las corrientes internas más poderosas, ha obligado a mover ficha al secretario general del partido para tratar de acallar el malestar interno y evitar que la bola de nieve lanzada por Kichi pudiera ir creciendo. El alcalde gaditano argumentó que los dirigentes de Podemos tienen que vivir de forma coherente con las condiciones de vida de sus representados, y que lo contrario vulneraría el código ético del partido.

A la vista de la dimensión que ha ido adquiriendo la polémica, Pablo Iglesias e Irene Montero decidieron contraatacar con un órdago a las bases para que los refrenden o, en caso contrario, vayan pensando en otros líderes. Por ello, convocaron por sorpresa una rueda de prensa en la que anunciaron una pregunta a las bases, cuyas reglas serán expuestas el próximo lunes por el secretario de Organización, Pablo Echenique. Eso sí, las dos respuestas posibles serán «sí» o «no, deben dimitir de la secretaría general y de la portavocía y dejar el acta de diputados».

Todavía este sábado mismo, la dirección de Podemos envió un correo electrónico a sus bases en el que culpaba de la polémica a factores externos al partido, que pretenden acabar con los dirigentes de Podemos por atreverse a luchar contra los poderosos. «Hubo un tiempo en España en el que nos contaron que era mejor no meterse en política y que si lo hacías, debías atenerte a las consecuencias; en democracia las cosas son distintas», se dice en tono irónico el correo. Ahora se trata de que «si eliges bien el partido», entonces «tendrás jubilaciones doradas en consejos de administración de empresas del Ibex35, invitaciones al palco del Bernabéu, sobresueldos en B o trato de favor en los juzgados», «o, simplemente, que los medios de comunicación digan de ti que eres guapo e inteligente y te pongan primero en las encuestas». Por el contrario, añade, «si eliges mal», entonces tendrán que «enfrentarse al acoso y la destrucción reputacional por la vía de los medios de comunicación», en alusión a la persecución que su opinión están sufriendo Pablo Iglesias e Irene Montero.

En esta línea incidió Irene Montero, quien declaró que «cuando decidimos meternos en política a defender las propuestas políticas que defendemos, sabíamos a lo que nos enfrentábamos y sabíamos también que con nosotras no funcionan ni han funcionado nunca las mismas reglas que funcionan con otras fuerzas políticas». No obstante, señaló que con ellos se han superado todos los límites. Iglesias reconoció que nunca había pensado que el hecho de «querer criar a los hijos» que van a tener «en un contexto un poco más tranquilo» pudiera suponer un debate público que ha puesto en cuestión su propia «credibilidad».

Y, añadió, «desde el momento en que en ese debate hay dirigentes de mi partido que lo ponen en cuestión, tenemos que dar la cara y preguntar a los inscritos si eso nos invalida para estar donde estamos». En este sentido, Montero precisó que Kichi podrá expresar su opinión en la consulta que el lunes se pondrá en marcha. Eso sí, ambos reconocieron que quieren seguir en sus cargos. Pero, añadió, Iglesias ahora les toca a los militantes «decidir si somos dignos de seguir». En caso contrario, si los inscritos «nos dicen que hemos de dimitir, nos iremos».

Iglesias y Montero expresaron su convicción personal de que su conducta ha sido «coherente y responsable» con el código ético del partido. El problema de fondo, además de una cuestión de imagen, es el de los límites salariales, limitado a tres veces el SMI, o cinco en circunstancias personales especiales. Es decir, unos 30.000 euros anuales (o 50.000). Lo que ocurre es que los diputados pueden tener actividades privadas que les están vetadas a otros parlamentarios. Por esta vía, por ejemplo, Iglesias declaró en el 2016 casi 50.000 euros más.

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