PP y PSOE plantean obligar a acatar la Constitución para acceder a un cargo

Torra asumió la presidencia de la Generalitat sin referencias a la Carta Magna ni al rey

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N. Vega
BARCELONA / COLISA

Por primera vez en 40 años de democracia, la toma de posesión del presidente de la Generalitat no fue una fiesta. Ni pompa ni cientos de invitados en las solemnes dependencias góticas del Palau de la Generalitat. Quim Torra prometió ayer el cargo acompañado por su familia y el presidente de la Cámara catalana en un acto muy breve, de poco más de dos minutos. La liturgia no pudo ser más sencilla. Una vieja mesa de madera en la que lo único que había era el medallón presidencial. El secretario del Gobierno catalán, Víctor Cullell, leyó el decreto de nombramiento, un apretón de manos con Roger Torrent, besos y abrazos a la familia y se acabó.

Torra exhibió de nuevo fidelidad absoluta a Puigdemont. Este prometió hace dos años el cargo obviando al rey y la Constitución. Era la primera vez que lo hacía un mandatario catalán, y Quim Torra lo repitió ayer: «Prometo cumplir lealmente las obligaciones del cargo de president de la Generalitat con fidelidad a la voluntad del pueblo de Cataluña representado por el Parlamento». Ninguna mención al rey, a la Constitución o al Estatuto de Autonomía. Unas omisiones que marcan el perfil de la legislatura en la línea de su antecesor, con el desafío al Estado y más proceso secesionista. La fórmula de la toma posesión creará polémica, pero no es ilegal, según dictaminó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña en un auto del 2016.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, anunció ayer que planteará una propuesta para que sea obligado que en su toma de posesión cualquier cargo acate explícitamente la Constitución y muestre respeto al rey. El coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maíllo recogió el guante de Sánchez, pero evitó generar expectativas. Simplemente, señaló que «quizá en el futuro» haya que «acordar entre todos» cómo hacer las tomas de posesión.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional señaló en el pasado que el uso de una u otra fórmula para la toma de posesión del cargo carece de «trascendencia legal» y que, aunque cree un «vínculo suplementario de índole religiosa o moral», no es la promesa de juramento lo que crea el deber de sujeción a la Constitución, recogido en el artículo 9 de la propia norma fundamental. Tampoco se puede entender que ceremonias como la que protagonizó ayer Torra sean algo más que un acto protocolario.

Esa es la razón por la que en el 2016 el Gobierno no impugnó la toma de posesión de Carles Puigdemont, refrendada posteriormente por el Tribunal Superior de Cataluña. El Ejecutivo anunció entonces que pediría un informe a la Abogacía del Estado para decidir al respecto, pero fue un mero gesto de cara la galería porque siempre tuvo claro que no habría mucho que hacer. El propio Fernando Martínez-Maíllo lo admitió también ayer. «Me consta que el Ministerio de Justicia está mirando a ver si puede haber algún tipo de resquicio o no -dijo-, pero es un tema complicado porque hay varias sentencias ya».

El Gobierno acusa al nuevo presidente de «degradar la propia dignidad de la institución»

A la ceremonia de toma de posesión de Torra no asistió ningún representante del Ejecutivo central. Torra ofreció al Gobierno de Rajoy que enviara un representante de segundo nivel, pero la Moncloa se negó. «El modelo de acto organizado por la Generalitat degrada la propia dignidad de la institución», afirmó el Ejecutivo central. Los grupos de la oposición en Cataluña también criticaron con dureza el acto porque, como en la ceremonia de su antecesor, en la sala no había ninguna foto del rey, solo estaba la bandera catalana, así como un cuadro de Sant Jordi y una figura de la Virgen de Montserrat. Torra, además, lucía un lazo amarillo en recuerdo de los secesionistas presos.

Después del acto, muy restringido para los medios de comunicación ya que la mayoría tuvo que seguirlo a través de una pantalla, continuó la sobriedad. Nada de cava ni salida al balcón del Palau para saludar al público. Torra se limitó a un breve encuentro con los trabajadores de la Generalitat, que le regalaron un enorme lazo amarillo que Torra colgará de la fachada del Palau de la Generalitat en cuanto tomen posesión los miembros de su Ejecutivo. Su primer acto oficial sera el viaje de hoy para reunirse con los exconsejeros y dirigentes encarcelados en Soto del Real, Estremera y Alcalá Meco. Torra acabará de perfilar la composición de su Ejecutivo una vez conozca cuántos exconsejeros están dispuestos a repetir.

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