Quim Torra se estrena encabezando una concentración en apoyo a los presos

Toma hoy posesión de la presidencia con un acto pensado en clave soberanista y mañana visitará en prisión a los exconsejeros


bARCELONA / cOLPISA

Quim Torra tomará hoy posesión de su cargo de presidente de la Generalitat después de que el rey firmara ayer su nombramiento y se publicara en el BOE. Será una ceremonia sobria y breve, sin apenas invitados por primera vez desde 1980. Quiere transmitir que Cataluña está lejos de regresar a la normalidad, que vive tiempos de excepcionalidad y también que su mandato es provisional, en la medida en considera que el presidente legítimo es Carles Puigdemont y él es solo un gobernante interino.

Pero antes de la ceremonia, hizo una declaración de intenciones de los derroteros que tendrá su mandato con la presencia en la concentración convocada por la ANC y Òmnium para homenajear a Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, cuando se cumplían los siete meses desde que ingresaron en prisión. Allí, en la plaza frente a la catedral de Barcelona, fue vitoreado al grito de «presidente, presidente» y tuvo que escuchar la exigencia de «ni un paso atrás». Mañana viajará a Madrid a visitar a los secesionistas que están presos en las cárceles de Estremera, Soto del Real y Alcalá-Meco.

En sus primeros pasos como presidente, Torra está mostrando una lealtad inquebrantable hacia su mentor. El día después de ser investido fue a verle a Berlín para escenificar el reparto de papeles y hoy podría incluso evitar colocarse la medalla que distingue al nuevo presidente. La liturgia marca que el mandatario saliente impone el medallón con el escudo cuatribarrado al entrante, pero Puigdemont no puede asistir al acto. Podría ser el presidente del Parlamento quien coronara a Torra o incluso cabe la posibilidad de que la medalla ni siquiera se colgara del cuello del presidente.

Todo será nuevo en el acto de toma de posesión. Empezando por el organizador. La Generalitat, intervenida por el 155, y el Gobierno central han tenido que negociar la ceremonia. Está por ver hasta dónde llega la voluntad de la Moncloa de que sea un acto de obediencia constitucional. De entrada, Torra no prometerá respetar la Carta Magna. Su intención es utilizar la fórmula que empleó Puigdemont: «Prometo cumplir lealmente las obligaciones del cargo de president de la Generalitat con fidelidad a la voluntad del pueblo de Cataluña representada por el Parlamento». Retórica soberanista, que pasó el filtro del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que dijo que en la ley de Presidencia no se establece que los miembros del Ejecutivo al asumir sus cargos «tengan que usar ninguna fórmula de juramento o promesa».

También será novedad el lugar del acto. Tradicionalmente, se celebra en el salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat y suelen asistir los representantes de diferentes estamentos, desde la política, iglesia, ejército o la sociedad civil. A la toma de posesión de Puigdemont acudieron 400 personas. Pero como esta vez no habrá invitados, salvo su familia, Roger Torrent y el secretario del Ejecutivo catalán, se ha optado por una sala más pequeña, la de Montserrat. Algo sobrio e íntimo, lejos del boato de sus antecesores, para visualizar un momento de tristeza por el hecho de que haya miembros del anterior Gobierno en la cárcel y fugados en países europeos.

Ciudadanos acude hoy a la Moncloa para exigir a Rajoy que rectifique

La formación de un nuevo Gobierno de la Generalitat conllevará la inmediata retirada de las medidas adoptadas por el Gobierno al amparo del artículo 155 de la Constitución. Y este hecho, previsto en el texto aprobado por el Senado en octubre, ha hecho volar la frágil unidad de las fuerzas constitucionalistas. Si bien Rajoy y Sánchez mantienen la fortaleza del frente que sellaron entonces, Albert Rivera aprieta cada vez más. Ayer anunció que hoy acudirá a la reunión en la Moncloa con el presidente del Gobierno con ánimo exigente. La portavoz de Ciudadanos y líder del partido en Cataluña, Inés Arrimadas, anticipó ayer que demandarán al Gobierno que «rectifique y garantice los derechos de millones de catalanes que se van a volver a vulnerar por parte del Gobierno de la Generalitat», en alusión a las medidas anunciadas por el nuevo presidente catalán, Quim Torra, durante el debate de investidura.

Arrimadas se quejó de que en la reunión celebrada el martes entre Rajoy y Sánchez solo sirvió para que se pusieran de acuerdo «en no hacer nada». Y eso, advirtió, no lo tolerará Ciudadanos. «Necesitamos unión en el constitucionalismo para defender a millones de catalanes y para que se cumpla la Constitución, no para que se vayan a producir los mismos errores» que en la anterior aplicación del 155. Rivera no solo viene reclamando que se mantenga en vigor, pese a que el acuerdo del Senado lo impide, sino que pretende que se endurezca. Populares y socialistas ya están de acuerdo en que si se vuelve a aplicar, el alcance de las nuevas medidas sea mucho mayor. Uno de los puntos mayor de controversia es el control de las cuentas de la Generalitat y, sobre todo, de los medios de comunicación públicos.

En octubre, el Gobierno desistió de hacerlo por la oposición del PSOE, que reclamaba una intervención mínima. Los socialistas argumentaron entonces que con la convocatoria de las elecciones TV3 y demás medios públicos quedaban bajo el control de la junta electoral. Eso no sucederá en una nueva aplicación, ya que no podrán convocarse elecciones hasta finales de octubre en cualquier caso. Por ello, en Ciudadanos consideran fundamental el control de TV3 para impedir que siga siendo el principal soporte del soberanismo y mantenga su campaña de adoctrinamiento.

En relación con las finanzas de la Generalitat, el ministro Cristóbal Montoro advirtió ayer a los independentistas de que el control de las cuentas catalanas permanecerá «mientras sigan empecinados en una actitud desafiante ante la legalidad». Montoro insistió en que el objetivo de esa intervención es que «no se destinen recursos públicos a actividades ilícitas». Sin embargo, dejó claro que, pese a la retirada de los efectos del artículo 155, continuarán «al menos» los controles puestos en marcha en 2015 y que consisten en que la interventora general de la Generalitat informe mensualmente sobre la ejecución del gasto presupuestario para evitar un desvío de fondos a fines secesionistas. Se trata de un control menos férreo que el existente en la actualidad, pero Montoro aclaró durante su intervención en el foro El Economista que la vigilancia de las cuentas catalanas puede volver a endurecerse según evolucionen los acontecimientos. El ministro de Hacienda recordó «la experiencia de un control máximo desde septiembre», en referencia a unas medidas que, entre otras cosas, supusieron tutelar las transferencias del Estado mediante las entregas a cuentas del sistema de financiación.

«Que no te cuelen un bulo, vino a Ferraz a reírse de nosotros»

El PSOE denunció ayer el «bulo» que vincula en Twitter a Quim Torra con un supuesto apoyo a Pedro Sánchez en la sede del partido en Madrid durante el comité federal del 1 de octubre del 2016, que terminó con la dimisión del líder socialista. «Que no te cuelen un bulo. No. Torra nada tiene que ver con ningún socialista. Representa la peor derecha. Vino a Ferraz a reírse de nosotros», señala el PSOE en un mensaje a raíz los tuits difundidos por Torra hace dos años en los que aparece en varias fotografías a las puertas de Ferraz con mensajes de apoyo a Sánchez. El hecho fue aprovechado ayer por Susana Díaz para decir que es «normal» que ella no le guste a Torra porque defiende «la unidad de España».

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