Rajoy impulsa un frente con Sánchez y Rivera ante las amenazas de Torra

El presidente pide unidad y promete firmeza, pero esperará «a juzgar por los hechos»

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Madrid / La Voz

Serenidad, unidad y firmeza. Estos son los tres ingredientes principales que empleará Rajoy para la receta con la que promete sofocar el desafío secesionista en Cataluña. Se trata de exactamente los mismos que empleó seis meses atrás, pero en esta ocasión variará sus proporciones. Con la intención de que su resultado final goce de un amplísimo consenso, ya tiene en la agenda citas con Sánchez y Rivera.

Haciendo gala de esa serenidad a la que apela, el presidente del Gobierno volvió a insistir ayer en que no se puede actuar contra las palabras, por muy provocadoras que estas hayan sonado en el discurso de Quim Torra durante su investidura, y que es necesario aguardar a que el nuevo presidente de la Generalitat cometa alguna ilegalidad para tomar represalias. «No me ha gustado lo que he escuchado», admitió en relación con la intervención del nuevo líder autonómico, pero reafirmó que, tal y como viene sosteniendo desde el sábado, se limitará «a juzgar los hechos».

Dentro de esa tranquilidad que reclama, Rajoy garantizó que su intención es «apostar por el entendimiento y por la concordia», aunque en la misma frase también dejó bien claro que no permitirá la vulneración de la ley y que responderá con firmeza: «Garantizo que se va a cumplir; y creo que es bueno que haga esta afirmación para que nadie se lleve a engaño». El titular del Ejecutivo realizó estas declaraciones tras haber presidido el acto de imposición de las grandes cruces de la orden civil de Alfonso X el Sabio, celebrado en el Alcázar de Segovia, y cuando todavía faltaban unos minutos para que Quim Torra reuniese los votos necesarios, abstención de la CUP mediante, para ser nombrado presidente autonómico. Rajoy reiteró que, llegado al caso, a su Gobierno no le temblará el pulso para actuar en Cataluña.

Para hacerlo con la mayor legitimidad posible, busca el apoyo del resto de las principales fuerzas políticas. Ayer ya mantuvo una breve charla telefónica con el secretario general del PSOE y líder de la oposición, Pedro Sánchez, a quien invitó a desayunar esta mañana en el palacio de la Moncloa para seguir poniendo ideas en común y, en caso de que resultase oportuno, afinar algunos de los aspectos del 155 que pueden no haber funcionado durante la primera aplicación de la historia de este artículo de la Constitución. El apoyo del PSOE en este apartado es indispensable. El otro respaldo que confía recabar es el de Ciudadanos, la fuerza política con mayor representación en Cataluña, aunque no podrá verse las caras con su líder, Albert Rivera, hasta el jueves Y es que a Rajoy le ha coincidido esta crisis con la agenda cargada. Tan pronto despache a Sánchez, acudirá a la sede de su partido, en donde tiene convocada la reunión del comité ejecutivo nacional en la que se nombrará a Pío García-Escudero como hombre fuerte del PP de Madrid. Inmediatamente se subirá a un avión con destino a Sofía (Bulgaria). Allí mantendrá un encuentro con su primer ministro tras el que compartirán una cena privada. El miércoles ha renunciado a un acto de los populares europeos para regresar a España y gestionar la crisis territorial que amenaza con volver a poner patas arriba Cataluña. 

Críticas a Ciudadanos

Igual que hace seis meses, Rajoy vuelve a considerar fundamental que PP, PSOE y Ciudadanos muestren una imagen de unión. Y a la vista de las últimas escaramuzas de los naranjas, amenazando con abandonar el bloque del 155, el jefe del Ejecutivo concluyó su breve intervención de ayer haciendo un llamamiento «a la mesura, a la tranquilidad y a dejar de un lado la ansiedad, que no conduce a nada y no resuelve nada», palabras que tenían a Albert Rivera como claro destinatario.

En Ferraz se manifestaron de forma similar. El secretario de organización, José Luis Ábalos, habló de la necesidad de ofrecer una respuesta «firme y serena, desprovista de cualquier ataque de histeria, como algunos están planteando», criticó.

Mientras, en C's ayer volvieron a solicitar a través de su secretario general, José Manuel Villegas, la prolongación del 155.

Discrepancias sobre el momento y el alcance de un nuevo 155

La histórica aplicación del 155 ha dejado varias enseñanzas. Los dirigentes secesionistas que no se dieron a la fuga se encuentran en prisión preventiva, lo que puede suponer una advertencia a futuros dirigentes que pretendan saltarse la legalidad, pero, lejos de esto, la sensación en el Gobierno, en el PSOE y en C’s es que algo ha fallado. Rajoy exterioriza que su plan A pasa por dialogar con el nuevo presidente de la Generalitat, aunque a tenor del incendiario discurso de este durante su investidura, el jefe del Ejecutivo ya planifica una nueva aplicación del 155 en Cataluña. En octubre del 2017 se acordó una intervención relámpago, suficiente para disolver la Cámara autonómica y convocar elecciones. El PP no quería desgastarse en territorio comanche y el PSOE apretó para que fuera todo lo dúctil posible, dejando fuera de la intervención la televisión pública, uno de los mayores instrumentos de propaganda de los secesionistas.

En caso de que se tuviese que volver a aplicar el 155, todo apunta a que el documento será muy similar, pero sometido a una afinación. Cuesta imaginarse que el Ejecutivo vaya a lanzarse al control efectivo de Cataluña un tiempo prolongado, especialmente con su debilidad parlamentaria, pero ayer el propio secretario de organización del PSOE, Ábalos, sorprendió al asegurar que el 155 «cuesta más la primera vez que la segunda», de lo que se desprende que en esta ocasión no actuarán de freno.

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