El incendiario discurso de investidura de Torra vuelve a poner sobre la mesa el artículo 155

Rivera pide a Rajoy que no lo levante y el Gobierno advierte que estará vigilante y que responderá en cuanto se vulnere la legalidad


madrid / la voz

Albert Rivera continuó ayer con su campaña para que Rajoy mantenga activo el 155 una vez que se constituya un Gobierno en Cataluña. Coincidiendo con la primera sesión del pleno de investidura de Quim Torra, el líder de Ciudadanos cargó contra el «incendiario» discurso del candidato a presidir la Generalitat, que consideró toda una declaración de intenciones de que se saltará la legalidad: «Evidencia que no cumplirá la Constitución. Rajoy debe rectificar: no levantemos el 155 hasta poner fin al proceso separatista», publicó en su Twitter.

Mañana se celebra la segunda votación del pleno, en la que a Torra le podrían salir las cuentas para ser investido presidente de la Generalitat, instante en el que decaerá el 155. Tal y como establece el acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos aprobado en el Senado, «se mantendrá vigente hasta que tome posesión un Gobierno salido de las elecciones catalanas», por lo que en el Ejecutivo descartan prolongarlo más allá de esta fecha, ya que de lo contrario estarían incurriendo en una ilegalidad. Otra cosa es que, llegado el momento, en el caso de que el nuevo Gobierno catalán desobedezca la ley, vuelvan a actuar de la misma manera para sofocar el desafío secesionista. Así lo advirtió el viernes Rajoy al referirse al 155 como un artículo de la Constitución, pero también como un precedente.

Ayer volvió a insistir con un comunicado en el que asegura que su Gobierno se mantendrá «vigilante» con el comportamiento de Torra. «Cualquier ilegalidad será reparada y cualquier vulneración de nuestro marco constitucional será respondida». Tras las palabras de Quim Torra en las que solicitó la confianza de la Cámara, la Moncloa confirma sus peores sospechas sobre el candidato. Califican su discurso de «frentista, de pasado, sectario y divisorio», en el que no se ha presentado «como el presidente que merecen» los catalanes. Llegan incluso a equipararlo con «una suerte de cesarismo» en el que el interés general está supeditado «al interés personal de un individuo», en clara referencia a Puigdemont. Las intenciones de Quim Torra no son muy halagüeñas, pero insisten en que de momento no dejan de ser eso: intenciones, y que por tanto tienen las manos atadas.

Una situación conocida

Meses atrás, coincidiendo con los picos de mayor tensión del conflicto, cuando Puigdemont amenazaba con proclamar la república catalana, Rajoy recibió críticas por parsimonioso, pero desde su Gabinete se esforzaban en explicar la obligación que tenían de respetar los tiempos y las formas que establece la ley, porque de otra manera estarían haciéndolo «tan mal como ellos», detallaba la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, en un encuentro con la prensa para explicar las acciones jurídicas que tenía preparadas el Ejecutivo para, llegados el caso y el momento, responder. La situación actual es similar, y la afrontan de la misma forma: con advertencias; pero para reaccionar, recalcan, necesitan una acción previa. Por ello, en la Moncloa no entienden tanta insistencia de Rivera con mantener el 155, petición que tildan de desleal y electoralista.

Sánchez pide a alguien que una

Como era de esperar, el discurso de Torra tampoco agradó en Ferraz. Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, reclamó para la Generalitat a alguien que «una» y no a alguien que «ahonde en la fractura» social y política que existe en Cataluña. En declaraciones a Europa Press, también recordó que la letra del acuerdo para el 155 es «muy clara».

En Podemos, Pablo Iglesias no hizo ninguna valoración sobre Cataluña, evidenciando que es un tema en el que no acaban de encontrarse cómodos. Por su parte, el precandidato a la Comunidad de Madrid, Íñigo Errejón, mostró sus dudas de que Quim Torra sea la persona capacitada «para hacerse cargo de una Cataluña que es diversa, que es plural y que necesita de acuerdos sólidos entre diferentes».

Torra, en manos de Puigdemont y de la CUP

El candidato reconoce que quien manda es el expresidente y corteja a los antisistema, de los que depende mañana su investidura, con un plan para relanzar el desafío secesionista

Cristian Reino

El proceso secesionista es como un chicle que se estira y estira y no se acaba. Lo estiró Mas, también Puigdemont y lo hizo ayer Quim Torra, quien en su discurso como aspirante a la presidencia de la Generalitat prometió trabajar sin descanso para conseguir una república catalana. El candidato designado por Puigdemont insistió ayer en la línea dura marcada por su antecesor, que culminó con la proclamación de la independencia el pasado 27 de octubre. Torra se sometió a la primera votación de investidura. Perdió, porque no consiguió la mayoría absoluta. Obtuvo 66 votos (de JxCat y ERC) por 65 de la oposición y se quedó a dos de la mayoría absoluta. Era lo previsto. Ahora debe esperar a mañana, a la segunda ronda, en la que depende de lo que decida hoy la CUP en su consejo político. Si los cuatro diputados anticapitalistas mantienen la abstención de ayer, Torra será proclamado nuevo presidente de la Generalitat. Pero si votan en contra, Cataluña irá a elecciones en julio.

Esta circunstancia, no menor, marcó el discurso de investidura. El candidato de JxCat hizo gala de la radicalidad que se le atribuye. Prometió ser leal al mandato del 1-O y construir un «Estado independiente». La república arranca, dijo, del referendo del 1 de octubre, pasa por la declaración política de independencia del día 27 y se revalida en las elecciones del 21 de diciembre. Ese es su objetivo. El mismo que el de su antecesor. En el debate para pedir la confianza de la Cámara, Torra se mostró dispuesto a llegar hasta el final. «Asumimos todas las responsabilidades que se deriven de nuestro actos», dijo. «El 1-O apostamos por ser libres, queremos una república», señaló.

La forma de llegar a la secesión, según desgranó, será a través de un «proceso constituyente», que «debe terminar convirtiéndose en una propuesta de constitución de la república de Cataluña». Torra, expresidente de Òmnium Cultural, abogó también por recuperar las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional y anunció que sus dos primeras medidas en cuanto tome posesión serán crear un comisionado que elabore un plan de choque sobre los efectos del 155 y retirar la demanda presentada por la Generalitat intervenida contra los impulsores de la consulta del 9N.

Torra admitió ser un radical. «Es un honor serlo para defender Cataluña», dijo. Las circunstancias obligaban. Y es que JxCat y ERC dependen de la CUP y los cuatro votos anticapitalistas están aún en el aire. «Tenemos que ganárnoslos», apuntó una fuente independentista para justificar la dureza del discurso de Torra. «No haremos autonomismo», afirmó dirigiéndose a los anticapitalistas. La CUP fue contundente. Ve al nacionalista como el candidato que gusta al Estado: un aspirante «neoliberal» en un acto de «vasallaje».

Si Torra sale elegido tendrá una papeleta muy complicada. Por la presión externa y la interna. Desde el Gobierno central ya le han avisado de que le vigilarán de cerca y que en cuanto cruce la línea roja de la legalidad se volverá a aplicar el artículo 155 de la Constitución. Torra representa a la parte del independentismo que está decidido a mantener el desafío, pero ya sabe cuáles son las consecuencias: prisión e intervención de la autonomía.

A nivel interno, tampoco tendrá una situación plácida. ERC y el PDECat abogan por ir más despacio y las tensiones en el Ejecutivo catalán estarán a la orden del día. Y además debe tener en cuenta que la Cataluña del proceso ha quedado partida, como le recordaron desde la oposición.

Con Torra, se espera un mandato de gestos simbólicos. Sobre todo los que tienen que ver con Puigdemont. «Yo no debería estar haciendo este discurso. Hoy, aquí, ahora, debería estar el presidente legítimo de Cataluña», afirmó. «Nuestro presidente es Carles Puigdemont», añadió. 

Puigdemont, presidente

De una manera velada, el candidato a dirigir el Ejecutivo catalán reconoció que será una especie de hombre de paja de Puigdemont y que su paso por la presidencia es «provisional». Torra dejó claro que le guarda el puesto. «Debía ser el presidente Puigdemont quien hiciera hoy este discurso. Y deberá ser el presidente Puigdemont quien, lo antes posible, lo haga. Persistiremos, insistiremos y le investiremos», dijo. De alguna manera, el diputado secesionista será una especie de delegado del «presidente legítimo», quien llevará el timón desde lo que denominan el «consejo para la república, en el espacio libre de Europa».

Torra es un nacionalista convencido. No ha pertenecido a ningún partido, pero se le sitúa en la CDC de toda la vida. Ayer sacó a relucir su ADN más convergente y mostró su cara más desafiante, aunque hablara de mano tendida al Gobierno, a la jefatura del Estado y a la Comisión Europea. «Volvemos a ofrecer diálogo para resolver los problemas, de Gobierno a Gobierno», emplazó. «Señor Rajoy, ¿hablamos, nos sentamos en la misma mesa? Mañana mismo. Sin condiciones. No renunciamos a nada, ni tan siquiera a ponernos de acuerdo», concluyó.

La oposición ataca el frentismo de Torra

Descalifica al candidato por su sectarismo y por sus escritos antiespañoles

paula de las heras

Nada en el discurso de investidura de Quim Torra sirvió para diluir siquiera mínimamente la inquietud (e incluso la indignación) que sintió la oposición el pasado jueves tras conocer que sería el candidato «viable» de Junts per Catalunya y Esquerra a la presidencia de la Generalitat.

La alocución fue dura. «Más leña al fuego», según Ciudadanos, que cree que el candidato neoconvergente «humilla» a los españoles. «Preocupante», según el PSC. «Incendiario», según el PP. Ignora al 50 % de los catalanes, según los comunes. Todos los grupos de la oposición le echaron en cara su «sectarismo» y los tuits antiespañoles escritos durante años. Torra pidió el viernes perdón a quien se sintiera «ofendido» por los tuits y artículos de tinte xenófobo que publicó hace seis años y que se ha apresurado a hacer desaparecer; entre ellos uno en el que afirmaba que no es «nada natural» hablar en español en Cataluña, que la lengua «es el alma de la patria» y que «cuando se decide no hablar en catalán se está decidiendo dar la espalda a Cataluña». Sin embargo, no se retractó de lo dicho, ni en la cadena pública ni en sede parlamentaria, donde dejó claro que el único objetivo de su presidencia tutelada y provisional es la ruptura con España. Todas las fuerzas de la oposición se lo echaron en cara. Expresaron su sorpresa por que alguien que pretende presidir el Gobierno de Cataluña no tenga proyecto alguno sobre políticas sociales, sobre infraestructuras, sobre financiación...

Albiol: «La democracia responderá si pasa de las intenciones a los hechos»

Xavier García Albiol calificó el discurso de Torra de incendiario y lo avisó de que «la democracia responderá como ya ha hecho con aquellos que ya lo han intentado» si decide pasar «de las intenciones a los hechos», en su apuesta por instalarse en el «conflicto».

El dirigente popular se mostró preocupado por la candidatura de Torra, de quien dijo que tiene un discurso «que es gasolina para apagar el fuego» y cuyo «principal activo es la radicalidad». Emplazó al aspirante a la investidura a que responda si prefiere «seguir instalado en el conflicto» o, por contra, decide apostar por el «respeto», ya que así se sabrá si quiere representar «a todos los catalanes» o ser un «representado de Puigdemont». «Si piensa seguir por el camino que ha señalado, no le quede la menor duda de que su libertad acabará donde empiezan nuestros derechos», zanjó. Y le pidió que tenga la «generosidad de entender» que los catalanes son más «que los socios de Òmnium Cultural o la ANC».

Doménech: «Un país dividido contra sí mismo no puede subsistir»

Xavier Doménech fue casi tan duro como la líder de Ciudadanos. «Ha hecho usted un buen discurso para Carles Puigdemont, para intentar convencer a la CUP -espetó al aspirante-. No creo que lo haya sido para el conjunto del país».

El líder de Podemos en Cataluña advirtió a Torra que sus tuits del 2013 suponen un ataque al 75 % de los catalanes que se sienten españoles en mayor o menor grado: «Dígame qué piensa de los españoles, porque así sabremos qué piensa de los catalanes y sabremos si entiende Cataluña [...], mestiza en toda su diversidad». No hubo respuesta. Domènech pidió a Torra que deje de aferrarse al «legitimismo» de la figura de Puigdemont, porque «Cataluña necesita dejar de resistir y empezar a construir y ganar». Y le preguntó: «¿Ustedes están por el diálogo y la construcción de Cataluña o por la construcción de su legitimidad o legitimismo?». «Un país dividido contra sí mismo no puede subsistir», afirmó.

Iceta: «No queremos que se levante el 155 para que se gobierne desde Berlín»

El líder del PSC, Miquel Iceta, se mostró dispuesto a concederle el beneficio de la duda a Quim Torra y a admitir la posibilidad de que en el ejercicio del cargo tenga otro comportamiento. «El hábito no hace al monje, pero lo identifica», dijo. Pero al mismo tiempo lo tildó de «fundamentalista» y le dejó claro que los socialistas votarían en contra de su investidura, «no solo porque le hayan propuesto digitalmente, sino porque ha aceptado encantado la subordinación a quien considera presidente legítimo». «No queremos que se levante el 155 para que se gobierne Cataluña desde Berlín o Waterloo», afirmó.

Lamentó que solo se dirija a los catalanes independentistas y le instó a renunciar a la vía unilateral «fracasada». «No retomemos un camino que sabemos que tiene unos costes enormes para todos», reclamó. Y le advirtió que «no puede saltarse la ley ni prescindir de medio país», sino pensar en el conjunto de los catalanes, también en los no independentistas.

El líder del PSC consideró que Torra será presidente «por gracia de Puigdemont y con permiso de la CUP», pero recordó que la Generalitat es «la institución más alta del país y no puede quedar subordinada a ningún planteamiento ni persona». «Muchos catalanes no podemos aceptar un presidente rebajado, por respeto a la institución, el Estatut y las leyes. Usted ha aceptado ser presidente temporal y por delegación», le afeó.

Arrimadas: «Usted no ha venido a dirigir un Gobierno, sino un CDR»

«¡Usted no ha venido aquí a presidir un Gobierno, ha venido a presidir un CDR!», exclamó Inés Arrimadas en alusión a los grupos radicales responsables de cortes de carreteras, de las vías del AVE o de otras acciones «en defensa de la república». En su alocución, Arrimadas le espetó a Torra: «Usted representa más leña al fuego», y le dijo que «se ha perdido una gran oportunidad» para iniciar un «etapa de reconciliación» entre catalanes y para «reconstruir puentes» con España con un Quim Torra que no podrá ser «nunca el presidente de todos los catalanes».

Arrimadas consideró que el presidenciable representa al «nacionalismo identitario excluyente», como ha quedado patente con sus tuits y sus artículos en medios de comunicación, y le ha reprochado que su único objetivo sea el de proseguir con el «mantra» del proceso independentista al prometer «construir república». Arrimadas recriminó a Torra que lo «único» que le interesa es la independencia de Cataluña y, en este contexto, vaticinó una etapa de «más confrontación» y de «más conflicto» en el caso de que sea investido presidente.

«No reconoce que la sociedad catalana está dividida en dos y que nosotros somos también catalanes», afirmó. Y le anunció que «se encargará personalmente» de hacer llegar a las autoridades de la UE una traducción de las «barbaridades» y «humillaciones» que ha escrito.

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