Urbanismo con dinero del narcotráfico

Manzanas enteras de suntuosas viviendas siguen levantándose pese a la prohibición de construir por su catalogación rústica


LA LINEA / LA VOZ

La pistas de arena del barrio linense del Zabal se trazaron a ojo de buen cubero. Igual que los altos muros de hormigón que esconden ostentosas casas con piscina, coches de alta gama, planeadoras o alijos. Los contados postes de la luz que había en esta zona de La Línea ya están dentro de los muros. Así resulta más fácil gorronear la electricidad. Otros vecinos, más sofisticados, instalan su propio generador y sistema lumínico. De esos que se activan cuando los sensores detectan movimiento. Y de paso, también alertan de la llegada de cualquiera que se acerque sin avisar previamente.

Al Zabal solo entran los propios vecinos, consumidores y agentes de la Policía Nacional en coches y con las ventanillas de sus coches bajadas. «Así saben que no les tenemos miedo. Que les miramos a los ojos por muchas muecas intimidatorias que pongan. Lo que resulta increíble es que nadie haga nada, esto es suelo rústico, no urbanizable, pero hay manzanas y manzanas de construcciones hechas en miles de metros cuadrados de forma ilegal sin que nadie haga nada ¿Acaso el urbanismo es un problema municipal?».

«Aquí se tiran o aparecen nuevos muros cada pocos días, incluso abren o cierran pistas en función de las necesidades de cada semana»

El trazado de las 500 pistas que atraviesan el Zabal acumula baches de hasta 20 centímetros de altura. Y los utilitarios de la Policía Nacional dan lo que dan frente a los potentes todoterrenos de alta gama que manejan los narcos.

«Aquí se tiran o aparecen nuevos muros cada pocos días, incluso abren o cierran pistas en función de las necesidades de cada semana. Un esperpento que, pese a los expedientes urbanísticos iniciados en el Ayuntamiento, sigue creciendo».

Lo más curioso es que el mismo Ayuntamiento, según consta en expedientes policiales a los que ha tenido acceso La Voz, cobra el impuesto sobre bienes inmuebles a las sociedades que gestionan esos terrenos a pesar de ser construcciones ilegales.

«Se trata de parcelas de hasta 5.000 metros cuadrados que se venden a sociedades que a su vez las transfieren a otras sociedades. Esas parcelas grandes las dividen en otras de 500 metros cuadrados de media que se acaban vendiendo a su actuales ocupantes, que viven de lo que viven», expone el comisario de La Línea, Francisco López.

Como las favelas de Brasil

El Zabal, en lo referido a peligrosidad, presenta el mismo patrón que los barrios de la Atunara -con puerto propio y el peor considerado-, San Bernardo o los Junquillos. Guetos más parecidos a las favelas de Brasil que a cualquier otro conocido en España. Anxo es el nombre ficticio de un agente gallego destinado en La Línea. La Voz recorre estos barrios en su patrulla de madrugada. «Conoces el poblado de O Vao, ¿no? En el que se vende la heroína en Pontevedra... Pues imagina que su tamaño se multiplica por cien. Solo hay que ver los coches, frente a estas casas, que son como las baratas que tenemos en Galicia». De regreso a la base, pasadas las cinco de la madrugada, un pequeño puesto de venta de gominolas frente a la comisaría sigue abierto. Anxo se despide explicándolo: «Ya dije que nos tienen controlados».

Cientos de expedientes llevan años paralizados en el ayuntamiento

La situación generada por la expansión urbanística que protagonizan narcos en diferentes zonas de La Línea de la Concepción ha derivado en una acumulación de expedientes urbanísticos abiertos en el Ayuntamiento desde hace años que duermen el sueño de los justos. Así lo explican las fuerzas del orden, pero también lo expresa con la boca pequeña un funcionario de este Ayuntamiento gaditano consultado. «Resulta evidente que esta situación no es normal. De hecho es lo más anormal que he visto en la vida, pero aquí llevan años con esta situación y no la frenan, parece que no va con ellos. No estamos hablando de un tema policial por narcotráfico. Estamos hablando de personas que construyen casas con piscina en un suelo en el que no se puede levantar un ladrillo y nadie dice nada. Eso es un problema de urbanismo y la competencia es política. Pero lejos de remitir, va a más y seguirá así».

Esperando a Marruecos

Otra crítica generalizada que se escucha entre los agentes, sin importar el rango, es que al otro lado del Estrecho, en Marruecos, apenas hay colaboración. Lo cuenta un mando del Grupo de Respuesta Especial para el Crimen Organizado (Greco): «La gran diferencia, por poner un ejemplo conocido, con las policías o el ejército de países de Sudamérica es que ellos sí colaboran, sí están implicados en esta guerra, y compartimos información aunque estén al otro lado del Atlántico. De Marruecos no recibimos nada, y eso que están a trece kilómetros. Al final hacemos la guerra por nuestra cuenta».

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