Valls quiere ser alcalde de Barcelona liderando un frente constitucionalista

El ex primer ministro francés abre la puerta a ser candidato, pero no solo de Ciudadanos


madrid / colpisa

Manuel Valls será candidato a la alcaldía de Barcelona si cuenta con el respaldo de «una plataforma abierta de fuerzas no independentistas». El ex primer ministro francés tomará una decisión antes del verano sobre la oferta que recibió de Ciudadanos para ser su cabeza de cartel, pero aclaró que solo aceptará la invitación si se articula una alianza electoral constitucionalista que vaya más allá del partido que lidera Albert Rivera.

Considera que «aún es demasiado pronto» para hablar de acuerdo de Ciudadanos, PSC y PP, pero de sus palabras se infiere que ese es su pensamiento. También busca el respaldo de organizaciones como Sociedad Civil Catalana y otras plataformas no secesionistas.

La idea de Valls, según detalló ayer en Catalunya Radio, es liderar un proyecto en las elecciones municipales de mayo del próximo año «que no sea de un solo partido». «No he dejado un partido en Francia [el socialista] para entrar a otro» en España, que sería Ciudadanos, según explicó.

Posibilidades reducidas

El ex primer ministro galo señaló que, para dar el salto a la política española -que requeriría renunciar a su escaño en la Asamblea francesa-, tiene que ver antes si hay posibilidades de alcanzar la alcaldía de Barcelona. Para hacerse una composición de lugar, está en contacto «con mucha gente de la sociedad civil, empresarios, intelectuales, y gente de Barcelona». Pero Rivera, cuando confirmó hace dos semanas la oferta a Valls, en ningún momento habló de candidaturas unitarias ni de alianzas preelectorales. Una fórmula que además nunca se ha puesto en práctica entre los grandes partidos, ni en Barcelona ni en España.

El precedente que podría invocarse es el de las elecciones autonómicas en el País Vasco en el 2001, cuando el PP, con Jaime Mayor Oreja, y los socialistas, con Nicolás Redondo, formaron un frente común ante al proyecto soberanista del nacionalista Ibarretxe, pero cada uno se presentó al frente de las listas de su partido.

El político francés plantea el modelo de la plataforma frentista porque, si se presenta, quiere una campaña identitaria no municipalista, terreno este último en el que es un neófito absoluto. Valls desearía un bloque constitucionalista enfrentado al independentista, una reedición de las elecciones catalanas del 21 de diciembre, pero en un terreno más favorable para los no secesionistas.

En los comicios de diciembre pasado, entre Ciudadanos, PSC y PP sumaron el 43,5 % de los votos en la capital catalana, mientras que JxCat y Esquerra se quedaron en el 40,5 %. Catalunya en Comú Podem obtuvo el 9 %, unos votos que serían la clave, así como el 5 % que sumó la CUP.

El planteamiento de Valls tiene que recibir primero el beneplácito de Ciudadanos, y después los del PSC y el PP. Los socialistas no vieron siquiera con buenos ojos el fichaje de su excompañero por Ciudadanos -su portavoz en el consistorio, Jaume Collboni, advirtió que Barcelona «no puede ser un premio para carreras políticas fracasadas»-, por lo que la alianza constitucionalista queda muy lejos de sus planes.

Los populares callaron ante la oferta de Rivera a Valls, pero es probable que sean reticentes a arriesgarse al abrazo del oso de una formación liberal en alza.

Sin la complicidad del PSC y el Partido Popular, el ex primer ministro francés vería constreñido su proyecto con un escaso arsenal para hacerse con la alcaldía de Barcelona.

«Benvingut», ciudadano Valls, o el arte de la reinvención

Manuel Valls se ha convertido en uno de los azotes internacionales del independentismo catalán al apoyar en repetidas ocasiones al Gobierno de Rajoy en su defensa de la Constitución frente al desafío separatista. «Deshacer España sería deshacer Europa», ha asegurado en varias ocasiones.

Este catalán (Barcelona, 1962) que fue primer ministro bajo el mandato de François Hollande es el mismo que por entonces (2014) evitaba pronunciarse sobre el problema secesionista, y decía cosas como que la «diversidad de España debería ser su fuerza y no un problema».

Con solo 17 años, estando en París, se afilió al Partido Socialista Francés, cuna de una carrera meteórica. Hijo del pintor Xavier Valls, que emigró a Francia en los años cuarenta, el posible candidato a la alcaldía de Barcelona, ha sido, entre otros cargos, responsable de prensa del gabinete de Lionel Jospin, alcalde de Évry, y candidato a las primarias socialistas que ganó Hollande, quien le abrió las puertas del Elíseo.

Fueron sus años dorados en la política francesa, que ahora le da la espalda por méritos propios. Valls desató el odio del socialismo galo tras perder las primarias, abatido por su exministro Benoît Hamon, y pagar su despecho apoyando al actual presidente, Emmanuel Macron. Desde entonces, la trayectoria política de Valls en Francia está en vía muerta: excluido del Partido Socialista y desdeñado por la opinión pública francesa, el ex primer ministro se reinventa volviendo a sus orígenes.

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