La alianza con Podemos pasa factura al liderazgo de Garzón

Crece la tensión interna ante el temor de una integración del partido en la formación morada

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madrid /colpisa

Alberto Garzón tomó las riendas de IU hace menos de dos años. Heredó de Cayo Lara un partido sumido en la depresión. El surgimiento de Podemos arrinconó en la irrelevancia a la federación de izquierdas, que en las autonómicas y municipales del 2015 perdió la mayor parte de su representación territorial; y en las generales de diciembre del 2015 apenas logró dos diputados por Madrid.

Por si fuera poco, la crisis política acentuó la económica, debido a la drástica reducción de las subvenciones públicas que se otorgan en función de los resultados electorales. La deuda actual, de 10 millones de euros, pesa como una losa en el día a día de IU.

Garzón logró frenar la sangría al firmar el pacto de los botellines con Pablo Iglesias, que se tradujo en una decena de escaños para IU en las generales de junio del 2016. Pero esa alianza abrió heridas internas en el partido. Los excoordinadores federales Gaspar Llamazares y Cayo Lara son las caras visibles del grupo de históricos que consideran que IU se ha arrodillado ante los neófitos podemistas, que, según los críticos, acabarán por fagocitar a la coalición nacida en 1986 para oponerse a la integración de España en la OTAN y que, después, se erigió en la oposición por la izquierda al PSOE.

Llamazares acusó el sábado a Garzón de «provocar el suicidio de IU, incluso su hibernación como círculo rojo en Podemos». «La integración de ambas fuerzas será un grave error político porque manda a la abstención a buena parte de la izquierda», dijo. Los temores a ser absorbidos por Podemos resurgieron con fuerza la pasada semana después de trascender el propósito de Garzón de centralizar el partido, un plan que presentará a la asamblea el 12 de mayo y que debería culminar con la aprobación de nuevos estatutos en julio.

Muchos han visto en este intento de dotar de mayor poder a la dirección nacional un primer paso hacia la fusión con el partido morado. El coordinador federal niega las acusaciones y ha enviado una carta a la militancia en la que asegura que «en ningún caso este proyecto culminará con la absorción de IU en otras formaciones políticas».

«Se busca precisamente lo contrario», afirma en la misiva, en la que se destaca que el objetivo es fortalecer el espacio político de IU y a su militancia.

La meta es, según Garzón, convertirse en «un movimiento político y social, anticapitalista, republicano y federal». Un paso que se traduce en desprenderse de la «institucionalización» que se ha adquirido a lo largo de los últimos 30 años. Y para lograrlo, hace falta «deshacer los elementos que hacen de IU un partido político y afianzar los elementos que construyan un movimiento», aseguró. La paradoja está en que, según este plan, es necesario centralizarse para después descentralizarse de nuevo en una masa social.

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