Un texto lleno de falsedades que solo busca una mediación internacional

La banda tiene en este momento 245 presos, pero hay más de 300 crímenes que siguen impunes y sin resolver


Madrid / La Voz

El comunicado de ETA está plagado de falsedades y términos ambiguos que solo buscan presionar a los Gobiernos español y francés para tratar de mejorar las condiciones de los 245 presos etarras, la mayoría de ellos en régimen de primer grado, el más estricto, y obtener su excarcelación a medio plazo. El objetivo es fijar en la opinión pública la idea de que, después del paso dado por la banda, el Gobierno está obligado a mostrar generosidad.  

¿Es sincero el arrepentimiento de ETA?

No. Además de la intolerable distinción entre víctimas con «responsabilidad» y sin ella, el comunicado es una calculada acumulación de eufemismos con los que la banda pretende satisfacer la demanda de los autodenominados mediadores, como el Grupo Internacional de Contacto (GIC), liderado por el sudafricano Brian Currin, ya que la petición de perdón es una prioridad de este tipo de organismos para implicarse en la resolución de lo que denominan conflictos, en este caso presionando al Gobierno español. La banda persigue además que la izquierda aberzale, y especialmente su líder, Arnaldo Otegi, rentabilicen políticamente este gesto impostado y el inminente anuncio de su disolución.  

¿Tiene que ver el paso de la banda con la situación en Cataluña?

Sí. Los terroristas consideran que este paso permitirá abrir en el País Vasco un proceso de independencia similar al catalán. Ya en el 2017 la banda llamó a los vascos a tomar nota de las «lecciones» de Cataluña y defendió la idea de «poner en marcha» en Euskal Herria un «proceso» como el catalán, por medios «civiles y democráticos», aunque admitía que «en el ciclo político que viene» ETA no será ya «un agente principal».  

¿Están reivindicados, resueltos y juzgados todos los crímenes de la banda?

En la «nota explicativa» a su comunicado de ayer, ETA asegura que ha reivindicado «todas las acciones que ha realizado», en referencia a sus atentados terroristas. Un dato falso, porque hay atentados que, pese a haber constancia de que fueron obra suya, nuca reivindicó. Entre ellos, el asesinato de los tres jóvenes gallegos José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga, residentes en Irún, que desaparecieron en 1973 tras cruzar la frontera para ir a un cine de San Juan de Luz a ver El último tango en París. ETA los confundió con policías, los secuestró, torturó y mató y se deshizo de los cadáveres. El magistrado de la Audiencia Nacional Eloy Velasco señaló ayer mismo en que hay «300 crímenes que están impunes y sin resolver», y pidió a la banda que colabore en su resolución aportando pruebas e identificando a sus autores para poder resarcir así a víctimas y familiares.  

¿A cuántas personas ha asesinado ETA?

El número de personas asesinadas por la banda terrorista oficialmente reconocido por el Gobierno es de 829. Pero esa cifra, basada en un informe de la Dirección General de Apoyo a Víctimas de Terrorismo, es muy controvertida. El libro Vidas rotas, escrito por Rogelio Alonso, Florencio Domínguez y Marcos García, tres de los máximos expertos en ETA, cuantifica en 858 el número de asesinatos, basándose en una investigación de datos periodísticos y judiciales. La discrepancia se debe en parte a que Interior no cuantifica los 23 asesinatos cometidos entre 1979 y 1984 por los Comandos Autónomos Anticapitalistas, una escisión de ETA. La Asociación Víctimas del Terrorismo habla de 955 asesinados. El Defensor del Pueblo Vasco, de 867. El peor año fue 1980, con 92 víctimas mortales.  

¿Era este el final de la violencia que buscaban los terroristas?

No. La banda siempre contempló el final de su actividad criminal como la consecuencia de una negociación con el Estado. Ya en el 2011, ETA admitió su fracaso al plantear una renuncia unilateral de la violencia sin haber conseguido uno solo de sus objetivos. Desde entonces, los terroristas han intentado por todos los medios implicar a los Gobiernos español y francés en una negociación para la entrega de las armas, pero ha sido la normalización política en el País Vasco, y la progresiva indiferencia de la mayoría social ante sus anuncios, lo que la ha llevado a dar el paso de pedir perdón y disolverse.

La petición de perdón es limitada, por lo que da por buenos la mayoría de los asesinatos

Aunque la banda terrorista utiliza por primera vez en su historia la palabra perdón, el hecho de que esa petición se dirija únicamente hacia determinadas víctimas, las que «no han tenido participación directa en el conflicto», desvirtúa completamente su supuesto arrepentimiento. Especialmente cínico por parte de ETA es mostrar «respeto a los muertos, los heridos y las víctimas», en «la medida en que han resultado damnificados por el conflicto».

La perversión del lenguaje y la ambivalencia de sus expresiones es una constante en la historia de ETA y de la izquierda aberzale, empezando por calificar de conflicto armado su sangriento historial de asesinatos y atentados, y acabando por equiparar a víctimas y verdugos, situando en el mismo plano a los que ha asesinado, herido, secuestrado o torturado y a los terroristas muertos en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad o encarcelados.    

Reconocimiento

Pero antes de pedir este falso perdón, la banda y la izquierda aberzale habían dado ya en los últimos años algunos pasos en esa dirección, siempre con ambigüedad. Desde el reconocimiento del «dolor» causado por las «múltiples violencias», pasando por el «profundo pesar» por «las consecuencias derivadas de la acción armada de ETA», hasta las «sinceras disculpas» a las víctimas de la banda ofrecidas en el 2012 por Arnaldo Otegi, el actual coordinador general de EH Bildu.

Un año después, en el 2013, Garikoitz Aspiazu, Txeroki, uno de los terroristas más sanguinarios de la banda, dijo durante su juicio celebrado en Francia «lamentar» el daño causado a las víctimas. Pero, también aquí, solo el de aquellas «que no tenían que ver con el conflicto», un argumento que ha seguido la banda en la petición de perdón realizada en el comunicado.

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