Podemos, la eterna lucha entre un modelo de partido radical frente a un sector posibilista

El principal punto de fricción fue siempre la negativa de Iglesias a llegar a pactos con el PSOE para derribar al Gobierno del PP

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Madrid / LA Voz

Aunque ahora ha estallado públicamente, la lucha por el liderazgo de Podemos y por el control de la estrategia política del partido está abierta desde que comenzaran las hostilidades entre Pablo Iglesias e ÍñigoErrejón, que acabaron con la defenestración del exnúmero dos como secretario de Organización del partido y la purga de prácticamente todo su equipo en los órganos internos.

El principal punto de fricción en Podemos fue siempre la negativa de Iglesias a llegar a pactos con el PSOE para derribar al Gobierno del PP. Desde el entorno del secretario general se acusó a Errejón de una excesiva cercanía con los socialistas, con los que habría negociado a espaldas del propio Iglesias, mientras que Errejón consideraba un error estratégico la renuncia a formar un bloque de izquierdas.

Esas discrepancias quedaron apartadas, solo de cara al exterior, una vez que Errejón aceptó la propuesta de aspirar a ser el candidato a la Comunidad de Madrid a cambio de cesar en la disputa pública. Pero el malestar contra la purga emprendida por el líder morado permaneció intacta. Y a ella se sumó la crítica de un sector del partido, encabezado por la cofundadora Carolina Bescansa, a la estrategia impuesta por Iglesias en Cataluña y a su apoyo a las principales reclamaciones de los partidos independentistas, como el referendo ilegal. Bescansa, apartada también de los órganos de dirección de la formación morada y en el Congreso, cuestionó abiertamente que Podemos se presentara como un partido sin un proyecto nacional.   

Moderación frente a radicalidad

Errejón ha defendido siempre un Podemos más abierto, moderado en el discurso, más moderno en su forma de organización y más implicado en la actividad negociadora con otras fuerzas políticas en el Parlamento, frente a la estrategia de radicalización y movilización callejera que ha impulsado Pablo Iglesias, que ha llegado a despreciar en muchas ocasiones la actividad parlamentaria como centro de la acción política de Podemos. Y, por último, tampoco han faltado en Podemos críticas internas al hecho de que Iglesias haya convertido a su pareja sentimental, Irene Montero, en la número dos del partido, otorgándole además la visibilidad de la portavocía en el Congreso, y al hecho de que se haya rodeado de algunos incondicionales de la corriente anticapitalista, que son una minoría en el partido.

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