Puigdemont arremete contra los jueces tras pagar la fianza y salir de prisión

Pide la excarcelación de los detenidos, que insiste en calificar de presos políticos

Puigdemont abandona la cárcel de Neumünster por la puerta de entrada a la prisión
Puigdemont abandona la cárcel de Neumünster por la puerta de entrada a la prisión

BARCELONA / COLPISA

Tras doce días de reclusión en la cárcel alemana de Neumünster, Carles Puigdemont salió ayer en libertad, después de que la ANC y Òmnium Cultural abonaran la fianza de 75.000 euros impuesta por la Justicia germana. El expresidente de la Generalitat fue arropado por los suyos como un héroe, una especie de San Jordi que ha salido victorioso en su batalla contra el dragón de la Justicia española. Son las paradojas del proceso catalán, que da tantas vueltas imprevistas. Y es que hace pocos días nadie hubiera dado un duro por el futuro del expresidente, a quien sus propios correligionarios presionaban para que renunciara al acta de diputado para facilitar la investidura. Pero de repente, lo que para muchos -también en el independentismo- fue una huida hacia ninguna parte, ahora se ha convertido, según estos, en una jugada maestra para poner en jaque al Gobierno y a la Justicia y mantener viva la causa secesionista.

A la salida de la cárcel, cerca de las dos de la tarde, Puigdemont compareció con atuendo de mandatario, no de expresidiario: traje y corbata y el escudo de la Generalitat en su solapa. Su primer mensaje fue para cargar contra el sistema judicial español y contra la democracia española. Contundencia de quien todavía se considera el presidente de la república catalana en el exilio. «Es una vergüenza para Europa que existan presos políticos», afirmó a las puertas de prisión. «Exijo la liberación inmediata de todos mis compañeros encarcelados en España», añadió. «La democracia, remató, está en peligro».

Palabras muy gruesas y poco conciliadoras del exalcalde de Gerona, que fueron acompañadas de una llamada al Gobierno a sentarse a hablar. «Es el momento de hacer política», expresó, junto a sus abogados y rodeado de una nube de periodistas. «Es la hora del diálogo», algo que «llevamos reclamando durante años», para recibir solo «respuestas represivas y violentas», remató. El mensaje es más o menos el mismo que hizo en Bruselas, el día después de las elecciones del 21D, en que el independentismo revalidó la mayoría absoluta y JxCat, contra pronóstico, se convirtió en la primera fuerza secesionista.

El secesionismo, tras haber intentado la ruptura, pide ahora más política y menos tribunales. «Estamos ante un caso político que reclama que el Gobierno se siente en una mesa de negociación», aseguró. No se extendió en las condiciones de ese supuesto diálogo, pero el independentismo lleva meses reclamando una solución al pleito catalán, que empezaría por la puesta en libertad de los dirigentes encarcelados -extremo no negociable en una mesa política-, el fin del 155 y el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Consciente de que la causa nacionalista no tiene muchos adeptos en el corazón de Europa, el expresidente no se presenta como un luchador por la independencia de Cataluña, sino como un adalid de las libertades. El conflicto catalán no es un asunto interno de España, señaló, sino que concierne a todos los ciudadanos europeos.

A su juicio, la cuestión soberanista es estrictamente política, por lo que debería estar alejada de los tribunales. «No estamos ante un caso de rebelión ni de malversación», dijo. En su entorno afirman que le ven como una «roca» y con una «energía increíble». Dispuesto a seguir dando la batalla, mientras el tribunal alemán resuelve su extradición.

A Berlín

Puigdemont, tras salir de prisión, se desplazó a Berlín, donde podría instalarse a la espera de que se aclare su situación judicial. Por la tarde tenía previsto ofrecer una rueda de prensa, pero por «cuestiones legales» la trasladó a hoy. Durante su trayecto hacia la capital de Alemania, grabó un mensaje que dirigió a los independentistas. «Mucho coraje a todos, continuemos y sigamos hacia delante. Es un camino largo, pero es un camino que solo tiene un final posible que es nuestra victoria», alentó. «Continuamos más fuertes que nunca, más decididos que nunca, siguiendo nuestra vía, la vía catalana», concluyó.

Los accionistas de CaixaBank avalan la marcha de Cataluña a Valencia, «la mejor decisión posible»

La junta de accionistas de CaixaBank aprobó ayer el cambio de domicilio social a Valencia con un apoyo del 99,9 % de los votos, en un acto que, por primera vez en su historia, tuvo lugar fuera de Barcelona, donde se encontraba su sede social, para hacerlo en la capital del Turia, la ciudad a la que el banco trasladó su domicilio jurídico el pasado mes de octubre tras el referendo independentista del 1-O. La decisión, tomada entonces en pocas horas a la vista de cómo se precipitaban los acontecimientos, fue «la mejor posible, como se ha demostrado». Así lo afirmó ayer el presidente del grupo, Jordi Gual, en su intervención ante los propietarios.

Gual reconoció que el 2017 fue «un año especialmente difícil» por «las tensiones de Cataluña», en referencia al conflicto independentista. El presidente de CaixaBank defendió aquella decisión de cambio de sede social porque logró «proteger los intereses de accionistas, clientes y empleados» tras la fuga de depósitos registrada durante los primeros días de octubre. Entonces, el banco «demostró su resiliencia» gracias a la «confianza» que el grupo tuvo de sus clientes. «Lo hicimos para despejar cualquier duda sobre nuestra permanencia en la zona euro», explicó.

Además, el presidente de la entidad quiso entrar a debatir en la posibilidad de que CaixaBank pueda volver a Cataluña si se solucionan los problemas políticos en esa comunidad autónoma. «Estas decisiones no tienen plazo de vigencia y no tiene sentido entrar a especular sobre acontecimientos futuros», indicó para resaltar que el cambio de domicilio jurídico de la sociedad es firme y que no se plantea dar marcha atrás.

JxCat y ERC presionan a Llarena para que permita la investidura de Sànchez

C. R.

La decisión de la Justicia alemana ha acelerado la investidura catalana. El presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, inició ayer una nueva ronda de consultas con los grupos parlamentarios, la cuarta de la legislatura, y hoy propondrá de nuevo a Jordi Sànchez como candidato a la presidencia de la Generalitat. Como en el caso de Jordi Turull, Torrent hizo una ronda exprés y telefónica. El presidente de la Cámara autonómica ya suspendió hace un mes el pleno de investidura de Sànchez, después de que el juez Pablo Llarena le denegara la autorización para asistir a la Cámara catalana. JxCat apuesta por la carta de Sànchez, pero la que le gustaría poner sobre la mesa es la de Puigdemont. «Siempre es nuestro candidato», afirmó la portavoz neoconvergente, Elsa Artadi. Mientras está en Alemania a la espera de que se resuelva su extradición no podría ser investido. Pero si finalmente es entregado a España por malversación, tendrá vía libre para volver a postularse como candidato. Su elección sería temporal, pues podría ser inhabilitado por la sentencia judicial. Aunque si los jueces alemanes tardan más allá del 22 de mayo para resolver la extradición, Puigdemont puede encontrarse con otro inquilino en la Generalitat.

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