Asesinos de niños: ¿son siempre psicópatas?

Ana Julia podría cumplir un perfil concreto. Es la llamada tríada oscura de la personalidad: una mujer fría, manipuladora y narcisista. Es más, los expertos creen que el crímen de Gabriel podría estar más que planeado.

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Cuando el verdugo está en casa El caso de Gabriel se une a una larga lista de crímenes que tienen a niños como víctimas. Investigar el círculo más cercano de los pequeños siempre es la prioridad en este tipo de casos. ¿Son sus asesinos siempre psicópatas?

El caso de Gabriel Cruz se acaba de unir a la larga lista víctimas infantiles que hay en la historia criminal española. Al igual que en muchos otros casos, el verdugo del niño estaba en su propia casa. Aunque de forma discreta, la Guardia Civil lo tuvo presente desde el primer momento: el foco principal de la investigación tenía que estar centrado en el círculo más próximo del menor. En su ambiente más cercano y, por supuesto, en su familia. En el caso de Gabriel no se equivocaron: la persona que le causó la muerte estaba cerca. «Siempre se suelen empezar así las pesquisas. La experiencia demuestra que gran parte de estos sucesos tienen que ver con relaciones establecidas en la más inmediata próximidad. Las muertes que tienen que ver con procesos emocionales, con rumiación neurótica, con emociones tóxicas como los celos, el rencor, la envidia, necesitan un combustible emocional que solo suele desarrollarse en el entorno de los menores», explica Jorge Sobral, catedrático de Psicología Criminal de la USC. «Desgraciadamente, es habitual que los niños acaben siendo una moneda de cambio para provocar sufrimiento», añade este experto. 

Es relativamente sencillo traer a la memoria casos de venganza con menores como víctima. Ruth y José Bretón morían a manos de su propio padre. Él simuló un rapto, cuando había acabado con ellos en su propia finca, Las Quemadillas. Jamás había superado que su expareja y madre de los niños le abandonase. «Es una forma de expresar la venganza o el desamor. Para hacer daño donde más duele, una frase muy usada por este tipo de criminales». El caso Bretón nos lleva a 2011, pero en Galicia tenemos alguno más cercano. Marcos Javier Miras acababa con la vida de su hijo Javier, de solo 11 años, en mayo de 2017. Le golpeó con una pala y abandonó su cuerpo en una finca del concello coruñés de Oza-Cesuras. La madre se alarmó desde el primer momento. Su expareja no le devolvió al niño en tiempo y forma después de haber pasado el fin de semana con él. «Claro que es posible que un desconocido pueda matar a un niño, pero no es lo más frecuente. Lo habitual es que el menor tenga un significado psicológico para el que mata, pero también para aquellos a quien va destinado ese mensaje», explica Jorge Sobral. 

¿Son siempre psicópatas?

Marcado a fuego en la memoria de Galicia está el crimen de la niña Asunta Basterra. Sus padres, Rosario Porto y Alfonso Basterra, fueron condenados. Nunca se ha llegado a saber el motivo, qué les llevó a matar a su hija. Una de las principales hipótesis fue que la niña les sobraba. Un argumento que sale de nuevo a relucir en la muerte de Gabriel Cruz. ¿Le molestaba el niño a Ana Julia Quezada? ¿Qué papel pudieron jugar los celos? «En este caso parece que estamos ante un perfil similar a lo que entendemos como psicópata, con otros añadidos. Podríamos incluirla en la etiqueta de 'triada oscura de la personalidad': frialdad afectiva, maquiavelismo y narcisismo. Es el 'yo por delante de todo y todo el mundo a mi servicio'. Los celos son un componente muy habitual de los crímenes en el entorno familiar o en la violencia de género. Los celos son enormemente tóxicos. No son una tontería. Son un trastorno psicobiológico muy serio», argumenta el catedrático de Psicología Criminal.

¿Podría una persona con un perfil psicopático tener un crimen totalmente planeado? Ana Julia mantuvo en su declaración que había dado muerte a Gabriel de forma accidental. Que el niño se golpeó y que ella, al asustarse, le asfixió. Un argumento del que duda seriamente la investigación y que tampoco encaja con la forma de proceder de este tipo de criminales. «Estos sujetos suelen tener una gran capacidad de simulación y de mentira. Generalmente en estos casos hay un fuerte componente de planificación, fría, calculada, con objetivos claro», sentencia Sobral.

El asesinato de Gabriel, un crimen premeditado y a sangre fría

Melchor Saiz-Pardo

La Guardia Civil cree que Ana Julia Quezada había planeado la muerte de Gabriel, asfixiado justo después de desaparecer, la ocultación del cadáver y la forma de despistar a la policía

No fue un arrebato. Fue, dicen los expertos de la Unidad Central Operativa (UCO), de la Guardia Civil, un «crimen perfectamente planeado» con antelación y pensando en la forma de deshacerse del cadáver y en las fórmulas para intentar despistar a los investigadores. Ana Julia Quezada Cruz mató al pequeño Gabriel Cruz, el hijo de su pareja, poco después de secuestrarlo a media tarde del pasado 27 de febrero en la localidad almeriense de Las Hortichuelas.

Las conclusiones preliminares de la autopsia apuntan a que el niño presentaba lesiones en su cuello compatibles con un estrangulamiento y que murió por asfixia. La autopsia ha descartado que esas lesiones fueran después de la muerte o que se deban a una caída accidental. Los informes recalcan que esas lesiones tienen un carácter criminal y que datan de hace casi dos semanas. El cuerpo del pequeño tenía restos de tierra.

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