Santi Vila: «La sociedad está conmovida por todo este despropósito»

El consejero catalán que dimitió antes de que se aprobara la declaración de independencia siempre fue un verso libre durante los gobiernos de Artur Mas y Carles Puigdemont


Santi Vila (Granollers, 1973) siempre fue un verso libre durante los gobiernos de Artur Mas y Carles Puigdemont. Como consejero de Territorio, luego Cultura y más tarde Empresa, representó al sector moderado, que buscaba el entendimiento. Como amigo, intentó influir sobre Puigdemont. Dimitió un día antes de la declaración unilateral.

-¿Puigdemont es un héroe o un traidor?

-En aquellos meses tan difíciles (septiembre y octubre del año pasado), todos tuvimos momentos acelerados y momentos de vuelo gallináceo. Una cosa queda clara de todo este proceso y es que deberíamos erradicar del debate político este tipo de términos.

-¿Coincide en que Cataluña en los últimos cinco años nadie se ha atrevido a frenar para no aparecer como traidor a la causa, y CDC y ERC por no parar han acabado saliéndose de la curva?

-Es un buen diagnóstico. Ha habido una espiral y no ha habido capacidad ni liderazgo para encauzarlo. En defensa propia, se ha echado de menos un papel un poco más comprometido del Gobierno español. Visto lo visto, tenían que haber echado algún cable. Y o no se lo tomaron en serio, pensaron que esto acabaría en nada, o pensaban que acabaríamos en un show o en tragedia. La sociedad está conmovida por todo este despropósito.

-¿Por qué no les tomó en serio el Gobierno?

-Rajoy recibía una información que no era exacta: que si esto era un suflé, que la gente estaba abducida… puede haber un poco de todo, pero algún problema debe de haber cuando gente de mi perfil vota por la independencia. Hubo mala información, ninguneo y también inmovilismo.

-¿Cuál era el objetivo último del proceso soberanista?

-Había dos almas. Unos pensábamos que del pulso con el Gobierno saldría la negociación sobre algún tipo de consulta. Otro sector no esperaba nada del Gobierno y decidieron que había que seguir por el camino recto.

-¿Creían que era posible la independencia?

-Eso se lo tendrá que preguntar a ellos. Tengo la impresión, en el caso del president Puigdemont, que siempre confió en que al final le llamarían a negociar. Él era consciente de que la mitad de la sociedad no quiere la independencia. En aquellas semanas de septiembre y octubre yo estuve autorizado a explorar un acuerdo.

-¿Negociar un referendo?

-En las últimas semanas la negociación fue solo sobre un alto el fuego. Iba de que unos y otros nos teníamos que comprometer a no hacer nada unilateral. Ni 155 ni DUI. La idea era parar máquinas y evitar el choque. Si tras el 1-O hubiéramos convocado elecciones, habríamos obtenido una gran mayoría y el Gobierno hubiera tenido que ceder algo.

-¿No es ingenuo pensar que el Gobierno negociaría un referendo?

-Reconozco que hoy es más difícil que hace dos años.

-¿Coincide con Mas en que el proceso ha sido un engaño?

-Esa palabra me incomoda mucho. Ha habido comportamientos irresponsables, pero yo no he engañado a nadie.

-¿Por qué se aprobó la declaración unilateral de independencia?

-Yo me opuse y dimití. En mi opinión, en la medida en que solo podía tener un componente simbólico fue una provocación innecesaria. Si se trataba de empoderar al independentismo, era mejor convocar elecciones para acumular fuerzas para negociar. La DUI era un pretexto para que nos aplicaran el 155. Fue un error.

-¿Se reconocía que sería simbólica o se buscaba la secesión real?

-No estaba claro que se fuera a aprobar. El 26 de octubre de hecho íbamos a elecciones.

-¿Por qué el 10 no se aprobó la DUI y sí en cambio el día 27?

-Mis tesis fracasaron. Puigdemont nos autoriza a explorar conversaciones con el Gobierno. Conseguimos convencer al president para que convocara elecciones. Pero no conseguimos que Rajoy verbalizara que si no había DUI, no habría 155. Y Puigdemont no se fiaba. Y luego Albiol se equivocó, con un tuit en el que dijo que habría 155 en cualquier caso. Los más radicales dijeron: ‘¿Veis?, buscan la humillación’.

-El día 26 de octubre también fue un día incomprensible.

-Fue el día más triste de mi carrera política, porque lo teníamos ganado. Nos fuimos a dormir con el tema acordado. Pero Puigdemont no aguantó las presiones y los silencios de Rajoy. Un mensaje de serenidad por parte del Gobierno hubiera sido suficiente.

-¿El proceso ha servido para tapar las vergüenzas de CDC?

-Es la variante o la respuesta catalana a un malestar muy occidental de las clases medias, que entran en el siglo XXI viendo que sus hijos y sus nietos no tienen las expectativas de progreso que tuvieron ellos. Y también ven que la política tradicional tiene manchas de corrupción. Esto explica Trump, Macron, el 15M, Grillo y el soberanismo en Cataluña.

-¿El PDECat y ERC están regresando al autonomismo?

-Al autonomismo no sé, pero sí un viaje al centro. El autonomismo ya no volverá tal y como lo entendemos, pero todos hemos aprendido muchas lecciones. Esta debe ser la legislatura de la rectificación, no de la ratificación.

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