El Parlamento Federal belga se une al Flamenco y veta el acceso de Carles Puigdemont a su sede

Mas le reitera al expresidente que se aparte y permita la investidura

c. reino
redacción / colpisa

El Parlamento Federal belga dio este miércoles un nuevo esquinazo al expresidente Carles Puigdemont después del que le había propinado hace un mes el Parlamento Flamenco (Cámara regional). Entonces los nacionalistas de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA) habían solicitado que compareciera en la Comisión de Asuntos Exteriores, pero fue rechazado. Este miércoles, la Cámara federal, por acuerdo de los grupos políticos, impidió ceder una de las salas que el N-VA había pedido para invitar al expresidente catalán a un coloquio sobre esa comunidad autónoma el próximo martes.

Son varios los diputados que apuntan a que la intención en el entorno del líder independentista catalán era que pronunciase un discurso a modo del de una investidura, incluso con sistema telemático y que tuviese carácter simbólico.

«No ha habido consenso. No hay acuerdo. No he recibido autorización para invitarlo», lamentó el eurodiputado de la NV-A, Peter Luykx, sobre el rechazo del Parlamento a tramitar una sala. En concreto, por parte de la Conferencia de Presidentes o Mesa, que reúne a los líderes de los grupos políticos, incluido Siegfried Bracke, de la N-VA.

Los grupos socialista, liberal y humanista se opusieron a la presencia de Puigdemont para no instrumentalizar la institución con el proceso soberanista.

El jefe de filas de los socialistas, Ahmed Laaouej, justificó que «el Parlamento Federal no está para ser instrumentalizado por un partido, la N-VA, para exaltar el nacionalismo y el separatismo» y recordó que «Puigdemont es objeto de una orden de arresto en España.

El líder de los liberales valones MR, David Clarinval, consideró que no resulta «sensato» escuchar a Puigdemont en el Parlamento Federal en las circunstancias actuales. Su presencia «le permitiría utilizar este marco para fines de política española. Esto no podemos aceptarlo», zanjó. El Centro Demócrata Humanista (CDH), de Georges Dallemagne, también rechazó que desde el Parlamento Federal belga se dé «legitimidad a un hombre buscado por la Justicia de su país».

El expresidente, enrocado

Dos meses después de las elecciones del 21D, todas las miradas siguen puestas en Carles Puigdemont. El expresidente de la Generalitat se resiste a dar su brazo a torcer, a pesar de que cada vez son más y mayores las presiones dentro del secesionismo para que se aparte y permita la formación de un gobierno efectivo que ponga fin a la aplicación del 155, a día de hoy casi el único objetivo de los soberanistas.

Pero Puigdemont está enrocado y no cede. Insiste en que debe ser investido desde Bruselas, a pesar de que el presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, le ha cerrado el paso en dos ocasiones, y reclama además poderes ejecutivos para elegir a los miembros del Ejecutivo catalán y decidir sobre la convocatoria de elecciones. Pero Esquerra, y también buena parte de su partido, el PDECat, le reservan un papel meramente simbólico por la imposibilidad legal de que sea investido al ser un prófugo de la Justicia.

Los republicanos pusieron ayer sobre la mesa un órdago en toda regla. El presidente a investir debería ser el exvicepresidente. Ahora bien, Junqueras tendría que tener el visto bueno del juez para salir de prisión, al menos a participar en la investidura.

El último que se sumó a las presiones a Puigdemont fue su antecesor en la Generalitat. No es la primera vez que le pide que dé un paso al lado. Artur Mas instó a su sucesor a tomar la «mejor decisión pensando en Cataluña», lo que en su lenguaje quiere decir apartarse. Unas palabras que van en línea con las que pronunció cuando anunció su dimisión como presidente del PDECat y dijo que un dirigente en su toma de decisiones tiene que tener en cuenta primero al país, luego al partido y al final el aspecto personal, una reflexión que iba dirigida al fugado en Waterloo. Mas, no obstante, no precisó si le ha trasladado a Puigdemont de manera personal que dé «un paso al lado». «No exactamente», aseguró, dando a entender que alguna insinuación le ha hecho llegar, pero no habla con él desde noviembre.

Para Mas, la independencia fue un engaño

Algunos secesionistas admitieron que la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre fue una acción simbólica, pero Artur Mas reconoció que fue además un «engaño». El expresidente, que ante el juez afirmó que la declaración fue «simbólica», lo argumentó así: «En el mundo de la política hay un componente simbólico y estético. Muchas veces un argumento se exagera o se hincha para intentar quedar lo mejor posible ante la opinión pública. ¿Es esto un engaño o una exageración? Puede llegar a ser un engaño». Mas cree que «todos los que fueron al Parlamento el 27-O y que votaron a favor sabían que no tenía recorrido real».

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