Joan Coscubiela: «En Cataluña, la mejor salida es enfriar la situación y pactar el desacuerdo»

Se convirtió en la voz democrática contra los abusos de los secesionistas y ahora publica el libro «Empantanados»

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El pasado 7 de septiembre, la voz de Joan Coscubiela (Barcelona, 1954), un veterano político de izquierdas y luchador sindical, resonó vibrante y emocionante en el Parlamento catalán denunciando la vulneración de la legalidad por los independentistas. Hijo de obreros, abogado laboralista, ahora recién jubilado, presenta su libro Empantanados (Península).

-¿Fue una intervención preparada o la improvisó?

-Fue improvisada, provocada por la insistencia de la portavoz de Junts pel Sí, Marta Rovira, en que como eran mayoría lo podían todo: saltarse las leyes, vulnerar la legalidad catalana, destrozar la institucionalidad del Comité de Garantías. Aunque, como dijo Lluís Rabell, fue improvisada, estaba trabajada desde hacía décadas, porque recogía una parte importante de la esencia de la izquierda, la defensa de la democracia como parte indisoluble de un proyecto de izquierdas, el concepto de que la libertad es de todos, no de unos pocos, que el fin no justifica los medios o la defensa de las minorías.

-A muchos les sorprendió que ese alegato lo hiciera alguien marcadamente de izquierdas.

-Porque en Cataluña a la izquierda se la considera connivente con el españolismo y en España, connivente con el independentismo. Es una construcción de la división mediática Brunete y de la división mediática Ítaca.

-¿Iguala a los medios de comunicación nacionales y de Cataluña en cuanto a manipulación?

-Ambas divisiones mantienen una lucha insomne, y es muy grave porque impiden el enfriamiento que requiere la actual situación, porque a quien se atreva a intentarlo lo van a machacar. Juegan a ser una fábrica de hoolingans.

-Reivindica la equidistancia.

-Para mí ser equidistante no es ser indiferente, es no aceptar la lucha cainita de bloques que se han alimentado de esa guerra fratricida, casi goyesca: el que ha negado el derecho a la ciudadanía a pronunciarse y que se niega a tener iniciativa política, cuya máxima expresión es Rajoy, y el de los independentistas unilateralistas, que han creído que con astucia podían engañar al Estado y han convertido una gran ilusión legítima en una gran ficción. No han logrado ninguno de sus propósitos, pero siguen alimentando la ilusión.

-Usted defendió un referendo consultivo pactado como mejor solución. ¿Lo sigue pensando?

-Pensaba que era la mejor fórmula, pero para mí no ha sido nunca un dogma. Ya dije que si alguien ponía sobre la mesa una reforma federal de la Constitución estaba dispuesto a comprarla. Ahora la situación de enconamiento brutal hace materialmente imposible que a corto plazo estas fórmulas puedan ser útiles, La mejor salida sería enfriar la situación y pactar el desacuerdo, que para mí empezaría desactivando los procesos judiciales. Porque si acaban con la inhabilitación de todos los dirigentes independentistas, ¿con quién se va a hablar? Lo del pacto del desencuentro viene de mi época de negociador sindical, cuando llega un punto en que el acuerdo es imposible y hay que decidir si se va a la bronca o si se pacta para ganar tiempo y luego encontrar una vía para el acuerdo.

-Pero la maquinaria judicial no se puede parar.

-La imputación de rebelión es una barbaridad jurídica, al igual que las prisiones provisionales. Pero es verdad que las togas tienen vida propia. La gran responsabilidad de Rajoy ha sido no dar una solución e incentivar la judicial.

-¿Cómo ve la situación actual?

-De empantanamiento total, pero con una diferencia con la etapa anterior: que el juego de la astucia de los unilateralistas tiene una dificultad añadida. Antes podían decir que no eran conscientes de la dureza de la represión del Estado, ahora ya se conoce, y eso sin duda marca muchísimo. El gran error del unilateralismo fue menospreciar la capacidad represiva del Estado. Creo que esta vez la astucia no llegará hasta el límite.

-¿Qué la parece la propuesta de que haya dos presidentes?

-Condenar a Cataluña a tener dos presientes, un aparcero que cuida por cuenta de otro una finca y un jarrón chino, sería una nueva degradación de la autonomía y las instituciones de Cataluña.

-¿Al final, el «procés» se ha cargado la autonomía?

-Ha provocado que Cataluña pierda la autonomía, que retroceda muchísimo, que haya que reivindicar lo mismo que en la Transición: llibertat, autonomia, estatut de autonomia. Más pronto o más tarde habrá que resolver la situación penal de los que con seguridad van a ser condenados. El guionista del procés es una mezcla de Matrix, Kafka y los esperpentos de Valle-Inclán. Han construido el autoengaño colectivo de la vía unilateral a una independencia low cost. Pero el procés no son solo los independentistas, también es Rajoy.

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