Rajoy defiende una quita de la deuda autonómica para no dañar a España

«A veces uno tiene que decidir entre lo malo y lo peor», argumenta para justificarse


madrid / la voz

Las declaraciones de Montoro con las que la semana pasada abrió la puerta a que el Gobierno condone parte de la deuda contraída por las comunidades a través del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) eran mucho más que un globo sonda. De poco sirvieron las rotundas quejas mostradas en público por el pelotón de territorios cumplidores, con Galicia a la cabeza. Ayer Rajoy realizó toda una declaración de intenciones al apuntalar las palabras de su ministro en un momento que se antoja decisivo para fijar las reglas de la partida con la que se determinará el nuevo modelo de financiación, en el que Galicia se juega mucho. Una partida en la que, según el jefe del Ejecutivo, «todo el mundo podrá dar su opinión y todo el mundo podrá decir si ha sido bueno o malo para España haber evitado la quiebra de algunas comunidades, porque si tres o cuatro hubieran quebrado, las otras también». Su discurso recordó al de los años más duros de la crisis, justificando tijeretazos y subidas de impuestos como la única escapatoria a la bancarrota del país.

Rajoy afirma que la decisión no está tomada, pero va poniendo sobre aviso a sus invitados a la comida del próximo lunes tras el comité de dirección del PP. Asistirán todos los barones territoriales de su partido, la cúpula de los populares y dos nombres propios: su mano derecha, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y el ministro del ramo, Montoro. La cita se presume tensa y, aunque el menú no ha trascendido, apunta a que de primero y de segundo habrá un buen plato de financiación autonómica. Consciente de que surgirán desencuentros entre los comensales, el objetivo del presidente con esta convocatoria pasa por lavar los trapos sucios dentro de casa y que el partido no salga dañado.

Feijoo, líder de los críticos

Uno de los que se sentará a la mesa el lunes será Feijoo, abanderado del sector crítico contra la propuesta de recompensar con una quita a los territorios más endeudados (la deuda de Cataluña con el Estado multiplica por once la gallega). El presidente de la Xunta considera que castigar a los cumplidores y premiar a los malos administradores es un mensaje nefasto. Rajoy toma nota, pero insiste en que el bien común está por encima. «Como tantas y tantas veces en la vida, a veces uno tiene que decidir entre lo malo y lo peor», reflexionó en el coloquio organizada por el Foro ABC-Deloitte en el Casino de Madrid. «Como no se intente ayudar a los que están en una situación lamentable, automáticamente todos nos ponemos en una situación igual de lamentable», respondió a una cuestión planteada por La Voz. Aseguró que no hay nada decidido, pero ayer tenía la oportunidad de pasar de puntillas, arte en el que es todo un experto, y sin embargo prefirió entrar en el tema.

Junto a la revisión del modelo de financiación, el otro gran objetivo de Moncloa pasa por aprobar los Presupuestos, para los que necesita a Ciudadanos y al PNV. Rajoy deseó al respecto que «el sentido común» se imponga «a otros intereses».

Feijoo cree que España mandaría un mensaje «moi débil» si hace quitas de deuda

Juan Capeáns

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El presidente Feijoo cree que si el Ministerio de Hacienda valorase la eventual quita de deuda a las comunidades estaría mandando un mensaje «moi débil» a Europa y a la comunidad internacional. Para el titular de la Xunta supone un riesgo moral y económico «importante» y adelantó que la reunión a la que está convocado el próximo lunes en Madrid, en la sede de Génova, se abordará la financiación autonómica y «outros asuntos», aunque aseguró que todavía no hay una agenda de partido definida.

El líder popular y del Ejecutivo gallego, que abordó este asunto tras la reunión semanal de su Gobierno, no consideró necesario incidir en su propuesta, «que é clara e concreta», y expresó su convicción de que esta se ajusta a una idea de un Estado solidario, y que por ello Montoro no va a proponer esa vía. Para Feijoo, el concepto de equidad es fundamental en la ecuación que prepara el Estado, pero tampoco recomendaría una quita proporcionada por comunidades al considerarlo un planteamiento «moi arriscado».

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Rajoy siempre ha ofrecido un discurso victorioso sobre la actuación del Gobierno para sofocar el desafío secesionista en Cataluña. Presume de haber restablecido la legalidad y la normalidad, por este orden. En lo sustancial no ha cambiado nada, pero analizando sus palabras con lupa se deduce, sin grandes dificultades, que Ciudadanos ha dejado de ser un socio fiable para convertirse en una amenaza. A instancias de algunas de las voces más autorizadas de su partido, que le trasladaron su preocupación de que el ascenso de la formación naranja pueda trascender más allá del escenario catalán, Rajoy ha endurecido su postura.

Ayer mandó varios recados a Albert Rivera. El primero, achacándole que intenta colgarse la medalla del 155, cuando en realidad «hubo que negociar mucho para que el no se transformara en un sí». Continuó con sus ataques velados acusando a Ciudadanos de «electoralistas», al asegurar que «el PP es el único partido de España que pone la estabilidad del país por delante de sus intereses». Y, por último, culminó su acometida contra la formación naranja invitando a que de una vez por todas su candidata en Cataluña, Inés Arrimadas, asuma su condición de líder de la fuerza más votada e intente desbloquear la situación poniéndose en contacto con el resto de los grupos parlamentarios para recabar apoyos que le permitan presentarse a una sesión de investidura que la convierta en la primera presidenta de la Generalitat de la historia. «Comprendo que muchos no entiendan que no se presente una alternativa constitucionalista a la situación actual: la puede y la debe haber», dijo el presidente del Gobierno, consciente de los números del Parlamento autonómico. Hasta hace poco, estas presiones de Génova a Arrimadas eran exclusivas de dirigentes populares sin cargos en el Ejecutivo, pero desde finales de la pasada semana ya han sido varios ministros los que se han apuntado: incluso el propio Rajoy este domingo en un acto de partido en Córdoba.

El 155 como garantía

Por último, el jefe del Ejecutivo envió un mensaje de tranquilidad a los catalanes garantizando que no estarán sin artículo 155, que defendió como «la garantía de que se siguen atendiendo los servicios esenciales y las necesidades. Mi objetivo es siempre garantizar que haya serenidad, normalidad y estabilidad», dijo.

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