Carlos Solchaga: «El Estado del bienestar es peor que hace veinte años por falta de presión social»

Cree que España debe recuperar autoestima y esforzarse en ser un socio importante dentro de la UE


A Coruña / la Voz

«Son los años de la gran transformación de este país». Así resume Carlos Solchaga (Tafalla, Navarra, 1944) el contenido del libro que acaba de presentar en el Ateneo Republicano de Galicia, Las cosas como son. Diarios de un político socialista. 1980-1994. (Galaxia Gutenberg). Sobre el título apunta: «Esto es muy navarro: las cosas como son y a continuación uno ya pone énfasis en lo que quiere decir. La idea del libro es la del testimonio. No tiene que ver ni con las memorias, ni con una autobiografía».

-De 0 a 10, ¿a qué altura está ahora ese Estado del bienestar que se fraguaba en aquellos años?

-Estaría raspado en el 6 o una cosa así. Hacia 1995, cuando por primera vez la organización de Naciones Unidas empezó a publicar lo que llamaban índices sintéticos del bienestar, que no medían tan solo la renta per cápita sino también el nivel de la salud, la supervivencia, el acceso de los niños a las escuelas o el nivel de satisfacción social, España, después de esa transformación a la que hace referencia el libro, salía entre los cuatro, cinco o seis primeros países. Hoy debemos estar al nivel 30 o una cosa así y eso se nota.

-¿A qué se debe ese bajón?

-En los últimos diez años, la crisis nos ha obligado a replegar más los recursos destinados al desarrollo del Estado del bienestar. Pero también es como consecuencia de que no ha habido el impulso de los años 80, 90 y 70. No ha sido solamente descuido de los partidos políticos cuando estaban en el poder: ha habido menos presión social. Ese impulso de la sociedad se ha echado mucho en falta a partir de finales de los años 90. Y luego en las familias nuestras, las de mi generación, los padres estaban persuadidos de que los hijos debían estudiar para tener un futuro mejor que ellos. En las familias de hoy eso no está claro, primero porque el futuro es más incierto y segundo, por el nivel que hemos tenido en España de no acabar los cursos de la enseñanza obligatoria: eso es muy inquietante. Esas dos cosas han hecho que el Estado del bienestar hoy sea peor que hace 20 años.

-¿Sigue mucho la política?

-Sí, claro. Estas cosas tu puedes dejarlas, pero ellas no te dejan. La verdad, lo cuento en el libro, es que cuando me fui pensaba que habría de volver en poco tiempo. Luego me di cuenta de que no porque la política aborrece el vacío y particularmente los compañeros del partido en cuanto te apartas un poco ocupan tu sitio, lo cual es muy natural. [risas]. Y luego cada vez sentí menos ganas de la actividad política, pero lo que es el análisis de la situación, la preocupación por las cosas que pasan, discutir con amigos, tener la oportunidad de hablar en lugares como el Ateneo Republicano de Galicia para compartir reflexiones es algo que uno no puede dejar de hacer.

-¿Volvería a algún ministerio?

-¿A estas alturas de la vida? El único que podría interesarme ahora podría ser un Ministerio de Exteriores si este país, de una vez, se tomara en serio lo que es la política exterior, es decir, que empezara otra vez a considerar cuáles son sus posibilidades y sus capacidades, creciera su autoestima y tratara de ser un socio importante dentro de la Unión Europea, que por su tamaño y capacidad puede y debe serlo. Y que volviera a tener el liderazgo moral que en algún tiempo tuvo en América Latina. Mi impresión es que nuestro papel en todos esos escenarios ha bajado varios escalones.

-¿Le tentaron para ser tertuliano?

-Sí, pero cuando era más joven. Creo que ahora interesa menos [risas].

-Usted que es cinéfilo, ¿haría una película con Puigdemont?

-Sería tan disparatada que solo los Monty Python podrían hacer una película así. No se comprende todo esta locura de querer gobernar desde fuera, a través de medios telemáticos.

«En Galicia, he recibido las críticas normales que lleva cerrar siderurgias, astilleros...»

A la pregunta de si en Galicia se le criticó mucho en su etapa de ministro, Carlos Solchaga matiza: «Quizá al revés es más correcto: cuando está uno en Madrid y considerando las cosas generales no es capaz de transportarse psicológicamente a las situaciones regionales concretas».

-¿Qué significa eso?

-Yo sentiría más mala conciencia con Galicia y con otros lugares de España de no haber sido capaz de entender cuáles eran los problemas que tenían que no al revés. En Galicia, he recibido las críticas normales de un ministro de Industria que tiene que cerrar desde siderurgias hasta astilleros, pasando por fertilizantes y otras cosas. Pues naturalmente recibe críticas. Y, luego, cuando un ministro de Hacienda decide elevar los tipos de interés con el Banco de España pues le fastidia igual a todos los españoles.

-Da la impresión de que no tenía tan mala fama como Montoro...

-¡No, no, no!... Y haga usted el favor de no comparar [risas].

-En este libro, ¿cuenta o ajusta cuentas?

-El libro cuenta. Es verdad que no pretendo ser benévolo ni tampoco necesariamente justo. Está escrito en el momento en el que estás más concentrado, más cabreado y esto se nota...

-Pero, ¿cuando terminó el libro?

-A mediados de los 90. Entonces me pareció que quizá no era lo más adecuado publicarlo y lo dejé ahí durmiendo.

-¿Un ministro se para a escribir?

-Cuando estás en medio de un torbellino te das cuenta de que tienes que pararte un poco y ponerte a pensar. Y una de las formas que tenía de hacer eso era tratar de escribir un poco lo que me había pasado y los temas que me preocupaban. Ahora cuento aquella transformación del país, no tengo ninguna gana de hacer ajustes de cuentas.

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