La investidura telemática, desmontada en tres artículos del Parlamento gallego

Para aspirar a ser presidente hay que tomar posesión del escaño y acatar en pleno el Estatuto y la Constitución


santiago / la voz

El parlamentarismo actual es deudor de la tradición decimonónica y, allá donde existe, consagra principios como la oralidad, la inmediación o la presencia física, aparte de prerrogativas como la inviolabilidad de que goza el diputado. Ningún reglamento prohíbe que se pronuncie un discurso de investidura a través de Skype o que la oposición pueda interpelar por videoconferencia a un miembro del Gobierno, pero eso no significa que estas prácticas estén autorizadas. Al contrario. Las normas de funcionamiento del Parlamento gallego recogen al menos tres artículos que desmontan la posibilidad de que un diputado electo, como Carles Puigdemont, pueda ser investido presidente por vía telemática. Y el artículo fundamental que desactiva esta fórmula también está vigente en Cataluña.

Fuentes de los servicios jurídicos del Parlamento gallego sostienen que la primera barrera para imposibilitar una investidura telemática como la pretendida por Puigdemont es que para poder ser candidato a la presidencia del Gobierno hay que ser, antes que nada, diputado. Por tanto, es necesario presentar ante la Cámara las credenciales expedidas por la junta electoral. Y tomar posesión del escaño, siempre de forma física, y nunca delegada. Y como estipula el artículo 5 del reglamento del Parlamento gallego, así como el artículo 23 del Parlament, también hay que «prometer o jurar respetar la Constitución española y el Estatuto de Autonomía de Cataluña».

«Hai un requisito sine qua non para ser presidente, que antes hai que ser deputado», apunta el presidente de la Cámara gallega, Miguel Santalices, en alusión al artículo 135, que estipula que el presidente de la Xunta, al igual que el de Generalitat, «será elixido polo Parlamento entre os seus membros». Y, a partir de ahí, «o resto da discusión é estéril», añade el jefe del legislativo.

Lo anterior, aplicado a Puigdemont, significaría que, para aspirar a una investidura telemática desde Bruselas, antes tendría que hacer acto de presencia en Barcelona, retirar las credenciales de diputado electo, tomar posesión del escaño en una sesión plenaria y jurar o prometer el cargo, acatando las mismas normas básicas del Estado que se saltó su Gobierno para convocar un referendo y hacer una declaración unilateral de independencia.

«Puigdemont tendría que hacer acto de presencia en el Parlament para ser diputado», sostiene Santiago Roura, profesor de Derecho Constitucional de la Universidade da Coruña, quien considera «un tanto esperpéntico» que el expresidente catalán fuerce «una situación absolutamente irregular», solo en función de sus intereses personales.

En el caso del Parlamento gallego, según apuntan los servicios jurídicos, este gesto está todavía más blindado, pues figura literalmente (artículo 7) que la promesa y juramento del diputado se ha de producir en la primera sesión plenaria «á que asista» el representante, que, a la postre, perderá la condición de diputado si no hace acto de presencia en los tres primeros plenos de la legislatura. El reglamento catalán no refleja este plazo, pero estipula que no se puede acceder a la condición de parlamentario sin acatar la Constitución y el Estatuto ni sin prestar la declaración de actividades y bienes.

Además de la barrera que ponen a la investidura telemática los tres artículos citados del Parlamento gallego, hay otros que abundan en la idea de la actuación presencial. Porque desde el extranjero no podría votar en una sesión, ya que el voto es «indelegable» salvo en los supuestos como la baja de maternidad. Tampoco se podría garantizar a distancia la inviolabilidad del diputado y que no fuera objeto de amenazas o presiones. «Un Parlamento a través de Skype es más propio a la ficción de Star Wars que de la realidad que nos ocupa», concluyen con ironía desde los servicios jurídicos de O Hórreo.

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