El secesionismo se estrella contra el 155

La intervención de la autonomía ha abierto grietas entre los soberanistas y, según el CIS, ha rebajado la preocupación de los españoles ante el desafío secesionista catalán


MAdrid / La Voz

Malas noticia para el independentismo. La posibilidad de que Cataluña se separe de España preocupa cada vez menos y los separatistas están cada vez más divididos. La aplicación del artículo 155 de la Constitución no ha servido para poner fin al caos político instaurado por los independentistas, pero sí para que descienda de manera fulminante la inquietud de los españoles ante una posible secesión. Así lo indica el barómetro del mes de diciembre elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el que se constata que desde que el Gobierno aprobó las medidas para frenar la reiterada desobediencia a la Constitución por parte de la Generalitat y del Parlamento catalán, la preocupación por esta cuestión cayó del 29 % registrado en octubre, en plena escalada independentista, hasta el 16,7 % de diciembre. Más de doce puntos en solo dos meses. Y si en octubre la independencia de Cataluña era el segundo mayor problema para los españoles, solo por detrás del paro, ahora es el quinto, muy por detrás del desempleo, la corrupción, los políticos y los problemas económicos. El trabajo de campo del CIS se realizó entre el 1 y el 10 de diciembre, en plena campaña de las catalanas.

Un respiro para el Gobierno

Al contrario de lo que muchos pronosticaban, la aplicación del artículo 155 de la Constitución, la destitución del Gobierno catalán en pleno y la consiguiente convocatoria de elecciones, sumadas al encarcelamiento de los exconsejeros catalanes y los líderes de las plataformas independentistas no solo no han aumentado el temor a un recrudecimiento del conflicto, sino que han tranquilizado notablemente a los españoles. Pese a los catastróficos resultados obtenidos por el PP en las elecciones autonómicas, el dato del CIS le sirve al menos a Mariano Rajoy para tomar aire y justificar las decisiones adoptadas sobre Cataluña, cuestionadas no solo por los independentistas y por una buena parte del resto de la oposición en el Congreso, sino también por sectores de su propio partido.

Optimismo económico de Rajoy

El objetivo que se ha marcado el Gobierno es precisamente normalizar la situación política en Cataluña para impedir que ese debate monopolice la agenda diaria y poder centrarse en la aprobación de los Presupuestos del 2018. Rajoy se muestra muy optimista de cara al futuro y confía en que los buenos datos económicos permitan que el PP recupere el pulso y frenen la pérdida de apoyo que reflejan los sondeos, que sitúan ya a Ciudadanos en disposición de disputarle el liderazgo del centro derecha.

El presidente del Gobierno reiteró por ello este martes en Madrid, en presencia de 170 inversores internacionales, el mensaje que lanzó en clave interna en la rueda de prensa del pasado día 29 en la Moncloa. Como entonces, insistió en que Cataluña es, «la única sombra» que se cierne en la actualidad sobre la economía española. Pero se mostró convencido de que «pronto» se formará en Cataluña un Gobierno «que acate el Estado de derecho». Garantizó que, en caso de que así sea, las optimistas previsiones del Gobierno sobre la evolución de la economía española pueden quedarse incluso cortas y podría llegarse a «la etapa expansiva más larga de nuestra historia».

El líder del PP consideró que el separatismo catalán es «una forma más de populismo entre las muchas que están apareciendo en Europa», pero presumió de que en España «se ha sabido dar una respuesta legal, democrática y políticamente intachable a un ataque sin parangón a nuestro ordenamiento constitucional». El optimismo de Rajoy sobre la evolución de la situación en Cataluña no se basa solo en el descenso de la preocupación de los españoles por esta cuestión, sino también en la fractura creciente que se está abriendo en las filas independentistas, que el Gobierno achaca también a la aplicación del artículo 155.

Puigdemont pierde apoyos

El jefe del Ejecutivo siempre confió en que se produciría una ruptura ente los soberanistas más radicales y el sector del nacionalismo moderado, más pragmático en cuestiones económicas. Y, a pocos días de que se confirme si los independentistas serán capaces o no de ponerse de acuerdo para formar Gobierno, recibe dos noticias que apuntan en esa dirección. La dimisión de Artur Mas como líder del PDECat confirma que el expresidente catalán Carles Puigdemont no cuenta con el apoyo de su partido para imponer su hoja de ruta hacia la independencia. Algo que divide aún más a la lista de Junts per Catalunya en la Cámara autonómica. Y la renuncia a la política del exconsejero de ERC Carles Mundó, al que se apuntaba como posible candidato a la Generalitat, indica que también en el partido de Oriol Junqueras se están abriendo grietas porque hay amplios sectores que consideran que con menos del 50 % de los votos no se puede imponer la vía de la secesión unilateral.

C's renuncia a la presidencia del Parlamento catalán tras recibir el portazo de los comunes

El portavoz de la formación hizo responsable a Podemos de que sea imposible el cambio porque ha optado por hacen concesiones a los independentistas

Ya no lo intentó con las presidencia de la Generalitat, pese a las críticas que ha recibido por ello del PP y del PSOE. Ahora ha renunciado también a la posibilidad de conseguir la presidencia del Parlamento catalán. Así lo anunció este martes Carlos Carrizosa, portavoz parlamentario de Ciudadanos, tras reunirse con la número dos de la candidatura de Catalunya en Comú Podem, Elisenda Alamany. Carrizosa dijo que ve «cerrada definitivamente» la posibilidad de presidir la Mesa del Parlamento autonómico ante lo que calificó de «portazo de Podemos».

Carrizosa explicó tras la reunión que «nuestra pretensión era que en la Mesa hubiese una presidencia que reflejase el resultado de las elecciones y la pluralidad» con una persona, como el candidato de Ciudadanos José María Espejo-Saavedra, que «respete las leyes y los derechos de los grupos parlamentarios» y no haga de la Cámara catalana una «herramienta más» del independentismo.

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