La histórica victoria refuerza su posición fuera de Cataluña


madrid / colpisa

En once años, Ciudadanos se ha convertido en la primera fuerza política catalana. En el 2006 obtuvo tres escaños, repitió con otros tres en el 2010 y, cuando parecía que podría desaparecer, dio un salto a los nueve de hace dos comicios y de ahí a los 25 del 2015 y los actuales 37. En medio, la campaña de su líder Albert Rivera como joven outsider que se desnuda para recibir atención, sus coqueteos con la ultraderecha de Libertas, con quienes se presentó a unas europeas dejando al partido al borde del precipicio, y su definitiva consagración a nivel nacional tras frustrarse la alianza con la UPyD de Rosa Díez. 

A por el PP

La formación, que surgió con la voluntad de sustituir a los nacionalistas en los pactos con PP y PSOE, está hoy implantada en toda España y es la cuarta fuerza en el Congreso de los Diputados. Las cifras hablan por sí solas: ha pasado de tener 11 concejales a más de 1.500; de 9 diputados autonómicos a más de 70; y ahora tiene 32 en el Congreso. El salto de Rivera a la arena nacional dejó el protagonismo en Cataluña a Inés Arrimadas, que tuvo un discurso electoral contundente y claro: «Yo soy el voto útil».

Reforzado por el fuerte ascenso el 21-D, Ciudadanos tiene intención de capitalizar el resultado más allá de Cataluña y continuar afianzándose en el centroderecha para disputarle el voto al PP. Aunque han guardado las formas, Rivera advirtió este viernes que seguirá siendo muy exigente y Arrimadas, en su listado de motivos que justificaron su éxito, puso de número cuatro que «Ciudadanos ofrece un nuevo proyecto para España». Algo muy urgente, explica.

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