Paciencia, presión y enojo en las colas

Los barceloneses votaron con tensión desde Trinitat Nova, el distrito más pobre, hasta el más pudiente, Pedralbes


BARCELONA / ENVIADA ESPECIAL

Más que tensión. Crispación manifiesta e incertidumbre es la imagen de la jornada de ayer en Barcelona tras recorrer varios colegios electorales de cuatro barrios de la ciudad, desde el que dispone de la renta media per cápita más baja, Trinitat Nova, hasta Pedralbes, que multiplica por siete la del anterior, pasando por el tradicionalmente catalanista distrito de Gràcia y el plural Ensanche.

Los vecinos del barrio obrero de Trinitat Nova, donde la mayor parte proceden de otras comunidades, son madrugadores. Algunos acudieron a las seis de la mañana a la calle Pedrosa para votar. «Después había que ir a trabajar», justifica un hombre en la cola de varios metros. El ambiente es distendido, se saludan, unos a distancia y otros estrechándose las manos, y hasta se gastan bromas. Nadie se lamenta por la espera. El día es fresco, pero soleado. Predomina el acento andaluz. Una mujer se ha dejado en casa la documentación. No pasa nada. «Sube a por ella que te guardamos el sitio», le dice amablemente un hombre de pelo entrecano.

Delante del acceso al metro, un cartero saluda desde lejos a un barrendero y le dice con sorna: «Habrás votado ya al PP o a Ciudadanos, que son los tuyos, ¿no?». El otro continúa su andar y le suelta entre risas: «Sí, sí, me han convencido tanto como a ti». Es un barrio que sufrió el latigazo de la crisis económica. De las fachadas de los balcones apenas cuelgan luces de Navidad, tan solo coladas, y aquí la izquierda respira tranquila. Manuel Oliveira, no. «Todo seguirá lo mismo o peor hasta que alguno se harte y se líe algo gordo, eso es lo que están buscando», afirma. Y añade: «Cada vez se van más empresas, y el día que empiecen a echar personal, entonces sí se va a notar».

En la cola está también Miguel. Les echa la culpa de la tensión a los políticos. «La sociedad está muy dividida. Hace ocho o diez años no había esta división, pero los políticos la han creado», opina.

«Yo lo que deseo es que Cataluña se ponga tranquilita como estaba antes, es lo que espero, porque es una pena lo que está pasando», interrumpe Manuel. Una decena de paradas más de metro y está el barrio de Gràcia, que en algún tiempo fue municipio. En la calle Mayor también hay cola. Fuera del centro La Fontana, varios miembros de la CUP, con sonrisa y afabilidad, invitan: «¿Vols votar? Passeu, passeu». Al conocer que una acude allí como periodista de fuera de Cataluña, cambian el gesto. En la calle Trilla, justo detrás, está el colegio Reina Violant, el que le toca al eurodiputado del PDECat Ramón Tremosa. En la puerta, hay apoderados de todos los partidos. El de Ciudadanos, llegado de Guadalajara. Indican a los electores cuál es su mesa. Por momentos rivalizan por estar más adelantados en la acera. Muchos votantes lucen detalles amarillos, el tono escogido para reclamar la libertad de los políticos encarcelados. 

«Que haya paz en Cataluña»

Aquí la gente es reacia a hablar con la prensa y mucho más a dejarse fotografiar. Toni accede a lo primero. Está con su mujer y su hijo. Él, con buena percha y abrigo de paño de calidad, lleva al cuello una improvisada bufanda de papel amarillo y lazo en la solapa del mismo color, igual que ella. La silla del niño, también con un gran lazo amarillo y, en la repisa de abajo, el resto del rollo de papel. A Toni le gustaría «que el resultado fuese claro y permitiese decidir con garantías el futuro de un Estado independiente». Habla crispado. «Se intentará que sea ajustado para quitar legitimidad. No tenemos garantías de que se vayan ni el 155 ni la policía, el Estado hará lo que haga falta para imponerse. Explica esto en Galicia, tenemos gente en la cárcel que no ha hecho nada», afirma antes de decir que no quiere que se le identifique. Unos minutos después, vuelve. Más enojado y de modo desabrido, exige ver la acreditación de periodista. Y masculla: «Por seguridad».

Unas cuantas paradas más de metro y cambia por completo el paisaje. Y la gente. Es el pudiente Pedralbes. Mientras Concha, de 88 años, es ayudada por una mujer a subir unas escaleras tras depositar su papeleta en el instituto Joan Boscà, comenta qué quiere: «Que haya paz en Cataluña, como antes, por eso me he arriesgado tanto a venir», dice apoyada en una muleta. Poco después, en las mismas escaleras, una señora de mediana edad y aspecto pudiente se sacude las mangas insistentemente con las manos, al igual que el hombre que la acompaña. «¡Qué asco, qué asco! Estaba Millo en la cola», dice ella como si fuera una ofensa.

«Veo mal que Puigdemont se fuese, porque a lo hecho, pecho, digo yo»

Isidora asegura que nunca había visto tanta cola para votar y que no tiene ni idea de cómo podrá acabar esta situación. «Veo mal que Puigdemont se haya ido, porque a lo hecho, pecho, no es normal desde luego lo que ha hecho», opina. Sí sabe con claridad lo que le gustaría: «Que Cataluña siga siendo España. Nací en Córdoba hace 74 años y estoy aquí desde los 9. Me considero catalana y española, española y catalana, para mí todas las provincias son iguales y las personas también, siempre que se comporten como deben».

«Ni tenía que haber estas elecciones ni se tenía que haber aplicado el 155»

Maite opina que «estas elecciones no se tenían que haber celebrado». Entiende que Cataluña estaba «dentro de un tiempo legislativo y no se tenía que haber aplicado el 155». Defiende la negociación entre los partidos como solución a la crisis independentista. «Hay un gran descontento entre todos, y esto solo se arregla renunciando todos los partidos a algo», asegura. «Esto solo se arreglará con negociación, y mientras no se sienten habrá siempre un problema», insiste después de haber depositado su papeleta en la urna.

«Un poco no, hay un pocazo de odio, y te dan la espalda porque saben qué piensas»

Manuel llegó a Barcelona desde Cádiz con 3 años. «Llevo aquí 60 años y soy más catalán que algunos catalanes porque lo siento», dice orgulloso. Pero su tono cambia para afirmar que ahora «se nota mucha tensión: hay un poco no, un pocazo de odio, y gente que te da la espalda porque sabe lo que piensas, aunque te conozca de toda la vida». Se muestra pesimista sobre la resolución del conflicto. «Veo difícil que esto se resuelva después de tanto engaño y embuste. La gente no sabe qué pasará, y algunos no paran de hacer daño a Cataluña».

«Hasta en la cola se nota que existen dos bloques bien distintos»

Es la primera vez que Víctor vota en unas elecciones, y acude con una hermana mayor. «Voté el 1-O, pero eso no cuenta para vosotros», afirma. «En estas elecciones hay dos bloques y hasta en la cola se nota que los hay y son bien distintos», observa. Admite que está «a la expectativa a ver si se respetan los resultados, si sigue el 155 o el procés». Pero es de los que dudan sobre si se acatarán realmente. «Creo que si no sale el sí al procés no se respetarán los resultados y si sale el no, pienso que se darán por válidos», afirma.

 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Paciencia, presión y enojo en las colas